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Jerusalén somos todos

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Samuel Vázquez Álvarez

Samuel Vázquez Álvarez

Samuel Vázquez Álvarez. Cristiano y liberal. Diplomado en Criminología.
Samuel Vázquez Álvarez

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Donald Trump ha dicho algo tan obvio como que Jerusalén es la capital de Israel, y esta evidencia ha provocado una cascada de ataques directos en los que lo de menos es el fondo de la cuestión, y lo de más es que lo ha dicho Trump, y eso abre la veda para que los mariachis del fanatismo se pongan a disparar cumpliendo órdenes de los pastores de la mayoría de los rebaños mediáticos.

Jerusalén es la capital de los hebreos desde hace más de 3000 años, desde antes de que existiera si quiera el concepto de palestina.

Mucho antes de que apareciera sobre la faz de la tierra la religión musulmana, ya habían llegado los nómadas de las doce tribus a los montes de Judea en las tierras de Canaán.

Jerusalén es la capital de Israel además, porque así lo han decidido los israelíes, aunque un puñado de burócratas y políticos se crean que pueden moldear la historia al capricho de intereses bastardos para mantener poltronas millonarias por doquier, escupiendo directamente sobre todo lo que son, aunque ni siquiera sepan que lo son.

Los políticos ya han perdido el norte en las sociedades modernas, el endiosamiento ha llegado a niveles de estupidez tan grandes que con maniobras de ingeniaría política creen que las naciones se pueden crear por referéndum, y que la historia se puede cambiar por decreto ley. También creen que se le puede decir a un pueblo histórico, cual es su capital, y cual no.

En Jerusalén viven hoy con respeto a la libertad religiosa árabes, cristianos y judíos, algo impensable si la ciudad estuviera administrada por palestinos y no por el Estado de Israel.

Jerusalén es el comienzo del camino con destino a la civilización más próspera y libre que ha conocido la humanidad hasta el momento.

La capital espiritual de judíos y cristianos nos pone frente al espejo de lo que somos, y nos enfrenta al dilema de cuanto vamos a durar si cada vez nos respetamos menos a nosotros mismos.

Somos cristianos desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, lo somos más allá de que seamos creyentes o de que vayamos a misa, lo somos por tradición y cultura, por compartir una ética común.

La cristiandad es probablemente el símbolo de unión más inequívoco que tienen los pueblos de occidente.

El arte no se entiende sin el Juicio Final de la Capilla Sixtina o el Moisés de Miguel Ángel.

La ciencia llega a su momento culmen cuando un clérigo católico, Nicolás Copérnico, presenta la Teoría Heliocéntrica, y es un monje agustino, Mendel, quien revoluciona la biología como “padre de la genética moderna”.

El conocimiento pasa a extenderse por todas las clases sociales gracias a las universidades creadas por los monjes cristianos a partir de las escuelas catedralicias.

Pero la cristiandad tiene hoy un enemigo que no se bate en el campo de batalla contra monjes templarios, es mucho más sutil. El populismo utiliza la propaganda para demoler desde dentro como Caballo de Troya todo lo que somos.

El ataque frontal a la familia tradicional no es más que el ansia de poder de quien sabe que ésta representa el elemento más conservador de las sociedades modernas, por el mismo motivo pretenden cambiar nuestra navidad, porque en ella, la familia es el motor principal.

Es todo política, maniobrar para llegar al poder. Mejor que voten los chavales de 16 años fáciles de engañar y siempre buscando esa revolución pendiente que todos buscamos para nuestra generación cuando somos jóvenes, que padres de familia de más de 50 años con poso de vida y una lucha real por conseguir un futuro mejor; esos son más difíciles de engañar con revoluciones, les ha constado mucho conseguir lo que tienen y pretenden conservarlo.

A Jerusalén quizá debiéramos ir todos a buscar la raíz de lo que somos, y a aprender a respetarlo si queremos que esto dure.

Feliz Navidad, que no falte un villancico en familia, un regalo la noche de reyes y una estrella que nos guíe encima del árbol en el salón. Defendamos lo que somos, hay mucha gente queriendo destruirlo, dentro y fuera de nuestras murallas.

3 Comentarios

  1. Magnífico artículo, efectivamente en Jerusalén aún se mantienen nuestras raices.
    Ni está de moda defender la civilización cristiana, ni resulta políticamente correcto, la globalización parece que nos impone hacer tabla rasa y empezar de cero o al menos en el mismo punto de partida que los demás pueblos de religiones distintas y con civilización menos avanzada, todos pertenecemos a una misma “civilización”, todos somos iguales y la “aldea” es de todos en la misma medida en que pertenecemos a la “raza humana” y habitamos el mismo planeta.
    La nueva religión o ideología, que efectivamente nos iguala a todos a nivel planetario, o entorno a la “madre tierra”, se basa en los derechos humanos, cuya declaración es consecuencia de la civilización cristiana, quien precisamente a asumido su defensa y protección, la señalada como la mas sectaria y excluyente, “quien no está conmigo, está contra mi” . Pues bien, corre peligro nuestra civilización, corre peligro el progreso cientifico, corren peligro los fundamentos porque éstos caerán en el olvido victimas de la ignorancia que nos tratan de imponer.
    Gracias Sr. Vazquez Alvarez, por estar alerta.

  2. Alfonso García Marqués 4 semanas hace

    Es un texto muy interesante y lleno de verdad, excepto a las afirmaciones gratuitas –y falsas– sobre los judíos.

    1) Dice: “Jerusalén es la capital de los hebreos desde hace más de 3000 años, desde antes de que existiera si quiera el concepto de palestina”. Es falso. Dejó de ser la capital hace unos 2000 año. Ignorar la historia es como decir que España es actualmente una provincia de Roma.

    2) Ciertamente los israelíes llegaron antes que los musulmanes, pero no antes que los palestinos, los hapilisti del Antiguo testamento. Los judíos quitaron la tierra a los anteriores habitantes (caída de las murallas de Jericó, toma de Jerusalén por David…). Por tanto, si absurdamente quisiéramos remontarnos a unos presuntos derechos primitivos, habría que darle la tierra a los palestinos, prescindiendo de que sean cristianos o musulmanes.

    3) Dice: “Jerusalén es el comienzo del camino con destino a la civilización más próspera y libre que ha conocido la humanidad hasta el momento”. Eso es falso y arbitrario. Es insostenible que la prosperidad nuestra proceda de la religión judía. Y los judíos no aportaron más: ni siquiera el cristianismo es una religión judía. Contra los judaizantes se hizo el concilio de Jerusalén (año 50), en el que se abolió la totalidad de los preceptos judíos (sacerdocio heriditario, levirato –casarse con la mujer del hermano fallecido–, la poligamia, los sacrificios de bueyes y palomas, el adorar en el templos, mezclar lana y lino, kosher, etc, etc.).

  3. Mary Carmen 4 semanas hace

    Estoy plenamente de acuerdo con las correcciones de Alfonso García Marqués, y añadiría alguna más como que el pueblo palestino actual está formado por cristianos de todos la confesiones y musulmanes que también tienen sus variantes. Por ello creo que, considerando el presente, apoyo la resolución más sana de considerar la ciudad de Jerusalén como única, mundialmente reconocida como el lugar venerado por las tres religiones monoteístas, judíos, musulmanes y cristianos. Por tanto sería de desear que se le reconociera más allá de una denominación política, un acuerdo religioso, donde las tres religiones pudieran libremente considerar esta ciudad como capital espiritual propia.

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