LIBERTICIDAS

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Juan Antonio Freije Gayo

Juan Antonio Freije Gayo

Profesor de Historia en un Instituto de Oviedo, impartiendo principalmente la Historia de España de 2º de bachillerato. Colaboré en distintos medios locales y regionales.
Juan Antonio Freije Gayo

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No es baladí el asunto de la posverdad. Va más allá de una simple evolución de lo políticamente correcto y se perfila como realidad orweliana en ascenso. Los liberticidas, los de hoy, como los de ayer, acaban atinando con el camino para imponerse. No se manifiestan ahora en forma de predicadores, ni llevan hábitos, ni se presentan como adalides de la ortodoxia religiosa; en cada época, cambian su ropaje para confundirnos, pero, no nos engañemos, están ahí para cercenar las libertades y despojar a los humanos de nuestro rasgo más preciado, la individualidad que nos distingue de las bestias. Toman, en este presente, la apariencia de una Izquierda enemiga del capitalismo, pero amiga de cualquier otra causa cuyo objetivo sea la destrucción del mundo occidental, como el islamismo radical.

Se supone que esa Izquierda, la izquierda marxista o anarquista, como antes la izquierda liberal, nació de la Ilustración, la cual suponía la existencia de valores universales e independientes de la raza, la religión o la cultura. Sin embargo, y ya durante el siglo XX, esa izquierda comenzó a admitir excepciones, asumiendo, verbigracia, el concepto de relativismo cultural, tal vez porque servía para ahondar en el decrecimiento de Occidente, aunque entrase en contradicción con los propios valores, supuestamente universales, admitidos por esa izquierda. Y, desde entonces, se han ido sumando unas cosas y otras, siempre en detrimento de la libertad y del individuo, aunque revestidas, eso sí, de múltiples apariencias de bondad transformadora.

Por tanto, ni libertad de ni libertad para. Los liberticidas no hacen distingos. Simplemente odian el libre albedrío y persiguen la creación de ese hombre nuevo que sea un perfecto miembro de la manada, sumiso con el líder (el Poder, el Estado, el Líder propiamente dicho…) y letal para quienes duden de sus designios, instrumento perfecto del Leviatán frente a posibles detractores. En esencia, colectivismo, creando para ello las inquisiciones que sean necesarias. Y en eso estamos en estos días confusos de posverdad, neologismo que parece definir a la perfección a aquella mentira que mueve al mundo afirmada por Revel. Es la construcción de un Totalitarismo inoculado poco a poco, en las dosis precisas, como la rana echada en agua fría y calentada lentamente para evitar que salte de la olla. Los datos son incuestionables y los liberticidas florecen sin tapujos, e incluso no son del todo mal vistos, al tiempo que se genera un cierto rechazo hacia quienes sí ven ese peligro y lo avisan públicamente, convertidos en una suerte de Casandras contemporáneas.

¿ Y quiénes son esos liberticidas?  Arduo es determinarlo, pero no cabe duda de que son demasiados y que constituyen una índole que se encarna, sin solución de continuidad,  en los más diversos credos.  De este modo, los enemigos de la libertad, siempre al acecho, proponen y actúan para oponerse al libre albedrío.  De éste, sabemos que no existe, pero también conocemos que tenemos la disposición, y el derecho, de perseguirlo.  Pero ellos acechan y buscan la manera de que no nos sea posible.  Siempre ha sido así.  Pero da la impresión, en los últimos tiempos, de que, en la eterna batalla, van ganando en todos los frentes.

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