Ampliación del egoísmo de Ayn Rand

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Joaquín Brotons

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Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales
Joaquín Brotons

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Ayn Rand y el egoísmo

El egoísmo tiene mala fama.

Según como se entienda es normal que así sea.

Pero cuando la acusación proviene de la moral altruista-colectivista que dice que el hombre es un animal sacrificable, que uno debe sacrificarse por otros o sacrificar a otros para uno mismo, la elección por lo que Ayn Rand llama “egoísmo racional” es la buena elección.

El criterio moral último es la vida humana.

El individuo es un fin en sí mismo.

Laissez faire

El egoísmo de Rand, la búsqueda del interés propio racional, no es más que lo que el gran Spinoza llamaba más o menos “el esfuerzo de cada cosa por conservar su ser”.

En el caso del hombre, el esfuerzo se encamina a conservar su naturaleza, que es una naturaleza racional.

Y la conservación de la naturaleza humana implica, por las propias características de la razón humana, que este esfuerzo siempre se encamina al crecimiento, a la acumulación de conocimiento que optimice la supervivencia humana.

La adaptación del hombre a su medio ambiente no es automática, sino innovadora, creativa, de algún modo ilimitada. El hombre debe producir su propio sustento. Por eso el corolario de la libertad de la mente es la iniciativa del trabajo productivo.

Por eso el mejor tipo de sociedad humana es la del capitalismo de laissez faire, donde se puede desplegar, cooperando pacíficamente y comerciando, esta libertad mental y corporal humana.

Esta es la metafísica, la ética del capitalismo de laissez faire.

Como decimos, la mente humana es libre.

La razón humana

Aquí Ayn Rand sigue el realismo aristotélico y su principio lógico de no contradicción.

Estas son las normas de uso de la razón humana.

Pero es que la mente es incluso más libre de lo que Ayn Rand considera.

A no puede ser B al mismo tiempo.

Este es el principio de identidad básico sin el cual no podríamos desplegar ningún razonamiento útil para nuestra supervivencia.

Ahora bien, A puede ser B no a la vez pero sí luego… A es A solo es una afirmación válida en un momento dado, pero eso no excluye la posibilidad de que pueda cambiar y transformarse en B.

Hay que aceptar el principio del tercio no excluido, que sí se da en lo real.

En el contorno del sí o del no, yace un quizá interrogante, que es además ilimitado y que es lo que permite seguir pensando para descubrir esos otros modos de comprender lo real y crear nuevas figuras/formas/aspectos de lo real que optimicen nuestra supervivencia existencial.

Por eso la naturaleza humana racional busca crecer intelectualmente y no quedar estancada, y quien dice intelectualmente también dice económicamente, puesto que el hombre debe producir su sustento.

El estancamiento económico suele ser el preludio de la autodestrucción material de la supervivencia humana.

Como el estancamiento intelectual significa que se ha dejado de pensar.

El inconsciente

Esta dimensión de la razón humana irreductible al principio de no contradicción puede ser equiparada a la facultad de la imaginación, fantasía en Aristóteles.

Freud quizá la llamaría inconsciente o “ello”.

Freud decía que “donde está el Ello, el Yo debe surgir”.

Nosotros defendemos lo contrario: “donde está el Yo, el Ello debe surgir”.

Un Yo sano y completamente racional no puede reprimir su Ello. Debe aprender a encauzarlo por la vía del principio de no contradicción para tener éxito en su esfuerzo por la autosustentación, sin reprimirlo.

Pues la función del Ello, o imaginación creadora, es imprescindible para descubrir las posibilidades de éxito en lo real. Fantasía y lógica no son cosas separadas.

Derecho a la libertad

Sin duda, esto tiene sus consecuencias en el plano económico-político.

Pero como aquí los teóricos del orden espontáneo de mercado y de las instituciones evolutivas, que no siguen un plan omniconsciente, ya han explicado cómo suele funcionar esto, yo me callo.

Solo añadiré que el derecho a la libertad debe encauzarse por ley pero jamás en el sentido de que “allí donde hay Libertad debe surgir la Ley” sino al revés, “allí donde está la Ley, la Libertad debe surgir”, parafraseando a Freud.

Esto quiere decir nada más que el contenido de la ley es el derecho a la libertad y solo ese.

Y el hombre es libre porque no tiene una relación automática con su medio ambiente. Su proceso de pensamiento no es automático.

De hecho, es una elección.

Una elección creadora.

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