Analizando el feminismo socialista totalitario (I)

Analizando el feminismo socialista totalitario (I)
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Roquelo López Tolentino

Roquelo López Tolentino

Roquelo López-Tolentino. Técnico administrativo. Cursa Grado de Farmacia en la Universidad de Barcelona. Se declara admirador del legado de Thatcher y se inclina por la Escuela Austríaca de Economía. Le gusta el debate y la confrontación de ideas.
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La primera y segunda ola del feminismo se desarrollaron en el siglo XIX y principios del XX, respectivamente. A diferencia de lo que conocemos hoy, con un feminismo radical-socialista exacerbado que exige la estatalización de distinciones legales de la mujer en relación al hombre, las antecitadas olas buscaban la igualdad de derechos civiles de las mujeres. Buscaban derechos como el sufragio y la educación, y la igualdad misma ante la ley. Eran reivindicaciones nobles, de signo liberal, cuya consecución y materialización fueron posible gracias al liberalismo, al ser éste el único sistema político que reconoce que el progreso no es la distribución social de prebendas discriminatorias, sino la igualación de tratamiento ante la ley y la igualdad de oportunidades hombre/mujer.

Los progresos anteriores fueron marcados en Reino Unido y EE.UU. Sin embargo, en las postrimerías del siglo XX todo empieza a retorcerse, concretamente a partir de 1990 (coincidiendo con la desaparición de la URSS). Nacía así el feminismo de la tercera ola o feminismo socialista, que no por casualidad contextual reúne los ingredientes del marxismo, ocupa centros académicos y de pensamiento influyentes, y mimetiza la lucha de clases comunista planteándola subrepticiamente como ‘’lucha de sexos’’. Para instrumentar esta ‘’lucha’’ utilizan la ideología de género como caballo de Troya de implosión social del orden liberal desde el seno de la familia. De esta forma, y aclarando que algunas complejidades y detalles de este ‘’fenómeno’’ quedan al margen de este análisis, y que abordaré próximamente en Analizando el feminismo socialista totalitario (II): ideología de género y neomarxismo, la cruzada contra la propiedad privada, podemos entender mejor la finalidad real del feminismo ultraizquierdista contemporáneo. Lo que en la jerga progre se llaman ‘’colectivos feministas’’ no pretenden reforzar la igualdad jurídica de mujeres y hombres. No nos engañemos. En base a la ideología de género, pseudo-ciencia que niega la evidencia científica demostrada del sexo cromosómico, sostienen que se han de eliminar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres, inculcando un ‘’nuevo marco mental’’ que así lo reafirme y lo transmita a lo largo de las generaciones. Si como se repite en los medios de comunicación (españoles), presas de la censura consecuencia de la manipulación lingüística (también corrección política), la violencia criminal entre hombres y mujeres es ‘’violencia de género’’, se están asumiendo implícitamente las tesis pseudo-científicas de la ideología de género socialista de la ‘’lucha de sexos’’ (antes, lucha de clases), pues se da a entender a la sociedad, y más específicamente, a las audiencias, que el móvil de la actividad criminal infligida por un individuo de cromosomas sexuales XY (varón) sobre un individuo de cromosoma sexuales XX (hembra), siempre excluyendo que pueda ser a la inversa, descansa sobre el género del primero.

La consecuencia lógica más grave de estas incursiones tiránicas de género, y que reivindican una vez han allanado el terreno con los anteriores prejuicios en una sociedad en la que aparentemente no encuentran oposición intelectual, es la tipificación del hombre como elemento potencialmente criminal. Pero la consecuencia lógica más inmediata de esta postura totalitaria, y tal vez con inclinación genocida, es la discriminación legal de un individuo por su género ante la ley. Obviamente del individuo hombre, que tendría, por ejemplo, que autoinculparse ante un Juez frente a la coacción emocional derivada de la discriminación procesal positiva de la mujer, suponiendo que exista un contencioso simultáneo. Todo, antitético con las reivindicaciones del feminismo liberal de la primera y la segunda olas. Categorizar al hombre en el Código Penal como un género naturalmente violento estatalizando la discriminación positiva de la mujer ‘’para que escarmiente al hombre en todos los ámbitos, y arrase con minuciosidad todas las formas de machismo’’, no son exageraciones sino efectos lógicos con una dimensión criminal con proclividad genocida contra el varón (XY). Teniendo en cuenta que la existencia previa de alteraciones de la percepción del espectro paranoide, podría ser resultado de cualquier proceso de adoctrinamiento, el de la mujer en la ideología de género y el odio al sujeto de sexo masculino, origina ‘’filtros’’ según los cuales la interpretación de los actos del varón como ‘’machistas’’ o ‘’no-machistas’’, queda a merced de una voluntad arbitraria, de un barómetro emocional o, directamente, de una alteración psiquiátrica de la percepción. Esto no es descabellado y podría generar una imposibilitación y, finalmente, una implosión de la convivencia. Como sucedería en cualquier tipo de relación humana. La batalla de este neo-totalitarismo de género ha incrementado su radio de acción con una escala de medición, por lo demás, científicamente improcedente por cuanto no pueden cuantificarse conductas. El reciente criterio, algo así como de ‘’exhaustividad profiláctica contra el agresor natural varón’’, llamado micromachismo, viene a ser una nueva vuelta de tuerca.

 

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