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Arnaldo Otegi: del zulo a la primavera

Arnaldo Otegi: del zulo a la primavera
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Daniel Cerejido

Daniel Cerejido

Ponferrada (León), 1981.Empresario. Licenciado en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid.
Daniel Cerejido

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Arnaldo Otegi, colaborador necesario en la tortura, secuestro y asesinato de cientos de personas en las últimas tres décadas ha decidido tirar de Neruda tras la advertencia de la Fiscalía a la junta electoral sobre la ‘ineligibilidad’ del terrorista etarra para concurrir a las próximas elecciones al Parlamento del País Vasco.

Ante la falta de recursos literarios del que siempre ha rellenado los cartuchos de su pluma con nitrato de amonio ha respondido a la fiscalía el delincuente citando el ‘podrán cortar todas las flores, pero nunca detendrán la primavera’ del poeta chileno. Otegi, que no más es uno de esos conversos que pasan del estalinismo de su juventud al facherío de los sesentas.

Nos encontramos ahora con que, después de seis años y cientos de delitos de sangre, el antiguo jardinero, más conocido por su segadora de vidas que por sus semilleros, se rebela contra el oficio cuándo su poda incontrolada de vidas ha cambiado el clima de tal manera, que su primavera, si es que llega, lo hará con bastante retraso.

No es sorprendente, tal y como está el país y el continente, que rebaños de borregos sectarios sin escrúpulos defiendan que el que un día eliminaba sin remilgos a sus opositores políticos recupere el derecho legal y moral ya no solo de gobernarlos, sino simplemente de compartir con ellos la misma estancia, por haber pasado unos años a la sombra.

Habrá otros que defiendan que el cumplimiento efectivo de la Ley es contraproducente porque lo martiriza. Vendrán unos cuantos a ponerlo a la altura del poeta otorgándole algo tan contradictorio per se, como el premio Stalin de la Paz, que se le entregó a Neruda en la década de los 50.

A mi, solo me queda la esperanza de que se cumpla una de las citas menos conocidas del autor: ‘Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas”. Y ese día, si a Arnaldo le queda alguna dignidad, será el de su suicido.

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