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Artista “Yin Yang”, soy comunista, soy liberal

Artista “Yin Yang”, soy comunista, soy liberal
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Ignacio Blanco

Ignacio Blanco

Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho, Postgrado en Finanzas por la Universidad de Wisconsin. Trabajó en Morgan Stanley, como director de empresas participadas de importante family office. Autor de publicaciones relacionadas con el mundo financiero. Actualmente es socio fundador y mayoritario de despacho de abogados con sedes en Asturias y Valladolid cuya especialidad son las reestructuraciones empresariales.
Ignacio Blanco

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Hay muchos tipos de artistas, los que sobreviven a duras penas de su profesión y aquéllos que gestionan su patrimonio en SICAVs, fijan su residencia en Nueva York y se tratan en los hospitales privados más caros del mundo, o acumulan propiedades inmobiliarias, mientras dan lecciones morales al resto de la humanidad de lo bueno que es ser de izquierdas.
El artista es reivindicativo por naturaleza e intuye que parte de su éxito depende de éllo. Suele levantar el puño y defender sus posiciones de izquierda en un relato de buenos y malos, oprimidos y opresores, ya que siempre habrá una parte que esté de su lado, lo que le ayuda en su progreso profesional, pues nadie dudará en apoyar su artista redentor y alabarle hasta su talente artístico, aunque carezca de él, sólo porque es uno de los suyos.Estamos aquí en su ensoñación izquierdista, sin embargo, esta imagen oculta una gran contradicción, pues cuando el artista se baja de su nube, cuando aparca sus ensoñaciones y tiene que comer, sus acciones lo muestran como un gran liberal, un libertario, incluso, un anarcocapitalista diría yo.Y así, liberado de la presión de lo público y de su público, cuando nadie le ve, ni habla de él, llega a acuerdos voluntarios con empresarios de bares o salas, pensando en el beneficio mutuo, es decir, suyo y del empresario, para que sus actuaciones sean mutuamente rentables y se lleven a cabo; ese mismo beneficio que condena en otros. Es más, no le importa saltarse las normas, y así podrá llegar a contratar por debajo de cualquier salario mínimo, en muchas ocasiones en dinero negro y sin ninguna culpa, porque claro, su paraíso imaginario, esos derechos sociales que tanto reivindica, es mejor que los pague otro, ese enemigo social al que carga con todos los males del mundo y todas las obligaciones que suponen los derechos sociales que demanda y no atiende, ese al que parasita y detesta al mismo tiempo.

Cuando la incoherencia le desborda, se une a otros músicos para sindicalizarse y formar un cartel, si un cartel, ha leído usted bien pues un sindicato no deja de ser un cartel de trabajadores, para establecer una tarifa por músico que sea digna, pero claro, la dignidad no aporta beneficios y sin beneficios el empresario no contrata, y es cuando nuestro protagonista retorna a la incoherencia, cuando pese a haber acordado con sus compañeros de profesión unos precios, acuerda libre y voluntariamente cobrar menos al empresario, porque si no, no hay actuación. Y tenemos entonces a nuestro héroe en otra traición más, ahora a sus compañeros de profesión, de los que pretende respeten el acuerdo mientras él lo viola. Lo que no sabe es que sus compañeros hacen lo mismo y vuelta a empezar.

En definitiva, vive en constante contradicción, y es que no acepta que su arte también es un producto y depende del valor subjetivo que le quiera atribuir el que lo consume. Piensa que su producto es superior a cualquier otro. Y ese pensamiento mágico le hace creer que tiene derecho a arrebatarle el dinero al que nunca pagaría tanto por su producto.
Y finalmente nuestro artista, que no comprende que su producto vale lo que los demás quieren pagar por él y no lo que él piensa que vale se convierte en un caza rentas, en otro miembro más de la clase extractiva, en un lobby que se acerca al poder, para que sus deseos los pague otro, ya sea porque cobra en negro, ya sea porque quiere más subvenciones para dignificar su profesión, ya sea porque quiere un IVA reducido, convirtiéndose en un burócrata más que invierte más energías como cazador de subsidios y en favores políticos que en mejorar su arte para que la gente, voluntariamente, lo elija.

Y lo raya la esquizofrenia es que, este cazarentas y favores, suele despreciar a los grandes y reconocidos artistas por mérito propio, y no digamos si en algún momento estos se manifiestan liberales o de derechas y es que claro, cuando tu ensoñación es el comunismo pero eres liberal, tu mayor enemigo es el artista de éxito que vive realmente de su arte y no del favor político.

Tenemos pues nuestro artista “yin yang”, ora Liberal, ora Comunista, todo depende todo muta, cuando Consigo el favor político “Comunista”, vivo de los impuestos que pagan otros , si no consigo el favor político “Liberal”, vivo de mi trabajo, incluso incumpliendo las normas o traicionando a mis compañeros de profesión.

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