La decadencia de la bitcoin

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Cristian Mancilla

Cristian Mancilla

Chileno, profesor de castellano de la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, filólogo clásico del Centro de Estudios Clásicos "Giuseppina Grammatico" y MPhil in Classics de la Australian National University. Actualmente, hace clases particulares de latín y griego antiguo y es investigador independiente de literatura y arte grecorromano.
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Los precios máximos del emperador Diocleciano

El año 301 dC, el emperador Diocleciano publicó el infame edicto de los precios máximos.

Proveyó, así, de importante evidencia para los estudios económicos posteriores en cuanto a los efectos catastróficos que tienen las intervenciones del gobierno en los intercambios voluntarios y en la vida diaria de las personas.

Este edicto, como se dice en su prólogo, está inspirado en la bonanza económico y pretende, así, extenderla «por decreto».

Es una historia similar a la del socialismo, que surgió inspirado en la bonanza económica creada por la Revolución Industrial y pretendió, como Diocleciano, preservarla y repartir sus beneficios entre todos los hombres.

Sabemos que los experimentos socialistas terminaron mucho peor que el experimento de Diocleciano.

¿Que ocurrirá con la bitcoin?

Estos antecedentes son útiles para prever lo que ocurrirá con la bitcoin ahora que su órgano administrativo central (Bitcoin Core) decidió limitar el costo de operación de los nodos totales.

Me enteré de esta situación gracias a John Blocke y coincido plenamente con él cuando afirma que la aplicación de esta medida (y de las previsiblemente posteriores)

«is guaranteed to lead Bitcoin down the path of irrelevance».

Afortunadamente, los usuarios de bitcoin no necesitan escapar físicamente del territorio para evadir las reglas de intercambio impuestas por la autoridad emisora de la moneda.

Resulta, no obstante, incómodo y, sobre todo, decepcionante.

La bitcoin era una luz de esperanza en medio de un mundo oscuro y regulado.

Era la materialización de las condiciones aglomeradas que permitieron el progreso material de las personas en el Imperio Romano durante los siglos 2do y 3ro dC.

El gobierno imperial colaboró, sin proponérselo, en la creación de estas condiciones.

Pero apenas tomó conciencia de que podía tener un papel en la creación o mantención de ellas y decidió intervenir, arruinó todo lo que había ayudado a crear.

El Bitcoin Core

El Bitcoin Core está haciendo exactamente lo mismo ahora: con la intención de preservar aquello que permitió crear, hace uso de su poder y lo derrumba.

Como un gigante que inadvertidamente le brindó apoyo a una ciudad de hombres con el muro de su jardín y, al darse cuenta y tratar de mejorarlo, lo destruye con torpeza y perjudica a todos los que se habían beneficiado.

Las condiciones exitosas de la bitcoin se han hecho evidentes desde que esta moneda comenzó a transarse y su desempeño en el mercado ha traído sorpresa tras sorpresa a pesar de los malos augurios anunciados por quienes creen que no hay progreso sin intervención del Estado.

El precio de una bitcoin

Cada bitcoin cuesta hoy cerca de 780 US$.

En octubre del 2009, un dólar estadounidense podía comprar 1.300 BTC.

El precio se disparó en 2013 (llegó a valer 1.130 US$ el 29 de noviembre), luego cayó estrepitosamente (hasta los 198 US$ el 04 de enero de 2015), pero se ha estado recuperando de manera admirable.

El futuro del precio no luce muy brillante, sin embargo, ahora que el Bitcoin Core decidió intervenir en el proceso de creación y transacción de esta criptomoneda.

La moralidad de la intervención

Este problema no tiene que ver únicamente con los efectos negativos de la intervención, sino que es también un asunto moral: no es aceptable que un tercero se interponga en las interacciones voluntarias de los agentes morales (las personas).

Muchas veces, la discusión se reduce a la ponderación de los efectos, puesto que ellos parecen demostrar la virtud o deficiencia de las acciones llevadas a cabo.

Pero, como agentes morales que somos, estamos conscientes de que no debemos obstaculizar a los otros agentes morales en su búsqueda de la felicidad, aun cuando el efecto que se siga de tal obstrucción sea positivo (por supuesto que no incluyo en este óbice la legítima defensa).

Y esta regla básica, conocida como principio de no agresión, resulta vergonzosamente ignorada cuando discutimos sobre la intervención estatal de los mercados.

¿Qué clase de descorazonado hay que ser para ignorar la dignidad de nuestros semejantes cuando discutimos sobre la forma en que sus derechos han sido atropellados y sobre los efectos positivos o negativos que estos atropellos han tenido?

¿Acaso conservaríamos la misma circunspección y racionalidad al discutir sobre personas que son descuartizadas con caballos? Porque para mí no existe diferencia, ni moral ni física, entre el descuartizamiento y la intervención estatal en la forma de regulaciones y tributos.

En ambos casos se comete un atropello de los derechos humanos básicos y en ambos se experimenta dolor y se disminuye la constitución de la persona.

El emperador Bitcoin Core

Como un emperador ebrio de poder y excesivamente optimista a la vez que ignorante con respecto a las condiciones económicas de la ciudad y sus provincias, el Bitcoin Core pretende regular las interacciones sin vulnerar a nadie —lo cual es objetivamente imposible— y conseguir, más encima, que la bitcoin prospere después de que esta regulación tenga lugar.

La candidez, mezclada con ignorancia y buenas intenciones, presagian la desaparición de la bitcoin.

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