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Democracia liberal y estado liberal-democratico

Democracia liberal y estado liberal-democratico
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Fernando Álvarez Balbuena

Fernando Álvarez Balbuena

Fernando Álvarez Balbuena es doctor en Ciencias Políticas y Sociología, máster en Historia Social y del Pensamiento Político, óptico y poeta. Es miembro correspondiente del Real Instituto de Estudios Asturianos en atención a sus investigaciones, estudios y publicaciones relacionados con el siglo XIX.
Fernando Álvarez Balbuena

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Liberalismo y democracia

La Democracia Liberal es el logro más importante y genial que el hombre moderno ha sido capaz de realizar.

Es una aventura que ha durado dos centurias y que de consolidarse puede durar indefinidamente.

Markoff ha preconizado que la marea democrática es imparable, pero nosotros añadimos que si no va firmemente unida al espíritu del liberalismo, no se habrá progresado en política absolutamente nada.

Principios de un Estado liberal-democratico

Los principios sobre los que se basa el Estado liberal-democrático, son los siguientes:

  • Individualismo (los derechos naturales del individuo están por encima de toda otra consideración política)
    Nomocracia (predominio o soberanía de la Ley sobre la arbitrariedad).
  • Equilibrio de poderes (separación de legislativo, ejecutivo y judicial).
  • Democracia (en el sentido de elecciones libres y periódicas, fijando de antemano su periodicidad).
  • Sistema representativo-voluntarista (con libertad absoluta de voto, sin sujeción a líneas de partido ni a mandatos imperativos enmascarados, y con la condición indispensable de que todo ciudadano tiene, no solamente derecho a votar, sino también a ser elegido, sin límites ni líneas rojas a la presentación de su candidatura).

Una democracia liberal

Así pues, esta tabla de declaración de los derechos fundamentales como anteriores al Estado, sagrados e inalienables, es la suprema barrera de todas las actividades del poder. Igualmente la vinculación de la soberanía a la voluntad popular, pero concretada en la norma o ley fundamental, como superior a los poderes del Estado.

Estos distribuyen sus funciones en órganos iguales y distintos, para que mutuamente se limiten y, haciendo imposible la arbitrariedad, hagan efectiva la libertad.

La creación de toda instancia imperativa, de toda norma o poder, por la propia voluntad de los ciudadanos; son las ideas que expresan, en síntesis, el contenido de estos principios cuya realización constituye la sustancia de la verdadera democracia liberal.

Nuestra democracia actual

Como puede verse, en una democracia como la nuestra actual, en la que el principio individualista cede ante los intereses espurios de la compra de votos, mediante la demagogia del gasto inmoderado (que sale de los impuestos), en la que la separación de poderes es una ficción que los partidos políticos manejan a su gusto, eligiendo a los jueces según el peso de las diversas ideologías en las cámaras y donde el legislativo y el ejecutivo confunden sus funciones mediante expedientes de arreglos impresentables, o del uso y abuso de la legislación administrativa.

Una democracia donde igualmente se conculca el principio democrático por los partidos políticos que elaboran candidaturas cerradas con las que se impide la libre elección de las personas (lo que vicia también el principio individualista) y donde la representación de las voluntades está sujeta a las instrucciones de la dirección y del aparato de cada partido y un largo etcétera que sería demasiado extenso para comentar aquí, propician una democracia que tiene muy poco de liberal y un mucho de intervencionismo autoritario…

El largo camino de los liberales

Por ello, los liberales aún tienen un largo camino que recorrer y una lucha tenaz por delante para lograr un sistema más limpio, más justo y, en suma, más liberal.

Desgraciadamente la autonomía y la iniciativa de los individuos son ahora dos valores en baja, ante la planificación interventora creciente, enmascarada tras las disposiciones burocrático-administrativas y ante la agresión constante al primero de los derechos individuales, la propiedad privada, sin el respeto a la cual son letra muerta todos los demás derechos humanos proclamados a bombo y platillo por los “demócratas de toda la vida” que ejercen ahora el poder.

Nada nuevo en suma, pues, como dice Ortega,

Los demócratas de ayer, son los tiranos de hoy

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