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Evitemos que nos gobiernen los comunistas

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Ignacio Blanco

Ignacio Blanco

Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho, Postgrado en Finanzas por la Universidad de Wisconsin. Trabajó en Morgan Stanley, como director de empresas participadas de importante family office. Autor de publicaciones relacionadas con el mundo financiero. Actualmente es socio fundador y mayoritario de despacho de abogados con sedes en Asturias y Valladolid cuya especialidad son las reestructuraciones empresariales.
Ignacio Blanco

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El Infierno de los jemeres rojos. Testimonio de una superviviente.

Autor: Denise Affonço Editorial: Asteroide

El libro es un desgarrador ejemplo de cómo el colectivismo y la ingeniería social desarrollada por la cabeza de algunos iluminados llevan a la tragedia a millones de personas que vivían mayoritariamente en paz y armonía, para vivir el infierno comunista que suele ser muy parecido siempre que consigue gobernar y se traduce en la absoluta imposición de unos pocos a toda la población, torturas, hambrunas, ejecuciones de opositores o su encarcelamiento, miseria y sobre todo la perversión del ser humano.

Como dice la autora en un pasaje de su libro “El pueblo jemer, pacífico y budista en su mayor parte, dulce, sonriente y creyente, se convirtió en víctima y autor de actor de una barbarie extrema”.

Relata en otro pasaje como, sin haber robado nunca antes, el hambre y la desesperación a que los abocó el régimen comunista los llevó a robar, mentir, y en definitiva a sacar lo peor de todos.

Denise Affonço trabajaba en la embajada francesa en Phnom Penh, la capital de Camboya, cuando los jemeres rojos tomaron el poder en abril de 1975.

Affonço y su familia fueron deportados al campo, como la mayoría de los habitantes de las ciudades camboyanas, pues los líderes comunistas consideraban contaminados por occidente  a los habitantes de las ciudades; el régimen había decidido instaurar un estado agrícola y todos los ciudadanos fueron obligados a trabajar la tierra.

Camboya 1975

Tuvieron que salir de sus casas cargados como animales a instalarse en el campo con sus hijos, incluso recién nacidos, que morían hacinados en vagones de trenes o de inanición, mientras sus padres contemplaban impotentes como los perdían. Pacientes de hospital fueron obligados a caminar fuera de la ciudad, ancianos y niños abandonados o muertos en las carreteras, fusilamientos sumarios, multitud de personas obligadas a caminar centenares de kilómetros bajo el clima inclemente del trópico bajo la amenaza de los soldados Jemeres, hasta llegar a sitios lejanísimos de sus lugares natales en donde fueron obligados a trabajos forzados. Los Jemeres Rojos se cuidaron de hacer eliminar cualquier relación y vínculos de familia de la sociedad que entendían forjar: los núcleos familiares fueron desmembrados de tal manera que los matrimonios fueron disueltos, por lo cual cónyuges e hijos eran separados radicalmente y enviados cada uno a provincias opuestas de la geografía nacional. En este primer episodio las muertes fueron suficientes para entender de qué manera se pretendía crear una nueva Camboya.

Se les obligó a no quejarse, a no mostrar afecto por las personas queridas, a sólo amar a Angkar, el nombre que se le daba al gobierno comunista de Camboya.

Uno de los pasajes más desgarradores y duros del libro es la descripción de la muerte de su hija por inanición, en uno de los poblados a los que los destinaron, y como la autora se lamenta haber discutido por alimentos con ella el día anterior. También relata la muerte de su sobrina, de su hermana, así como la ejecución de su sobrino pequeño por haber robado unos tubérculos o como se llevaron a su marido mediante engaño para conocer dos años después que lo habían ejecutado.

Camboya 1975

Os transcribo un pasaje de la muerte de su hija para apreciar el sufrimiento de las personas que han padecido estos regímenes comunistas: “La mañana del día de su muerte, Jannnie me despertó a las tres para preguntarme si podría comer un poco de arroz más tarde. La víspera, Angkar había prometido que aumentaría nuestra ración. Le confirmé que tendría su arroz, que se lo daría yo misma. Me pidió perdón por haberme tratado mal a cauda del tamaño de su trozo de mandioca: “Dime, mama, ¿podrás perdonarme por lo de ayer por la tarde? Sé que no me porté bien contigo”. Le respondí, con lágrimas en los ojos y el corazón roto, que ya lo había olvidado y que no se preocupara. Y supe que no le quedaba mucho tiempo, porque dicen que el ser humano cambia antes de morir: se vuelve amable y pide perdón a los que le rodean o se muestra malvado para que no lo añoren”.

La dictadura se prolongó cuatro años y durante este periodo la población tuvo que soportar hambrunas, enfermedades y ejecuciones sistemáticas. El régimen segó la vida de la cuarta parte de los habitantes del país, cerca de dos millones de personas.

Camboya 1975

En el campo y en un sistema de absoluta autarquía, la población se alimentaba de insectos y de plantas acuáticas que llegaron a escasear también. Como dice Denise, relatando su experiencia a otro de los poblados en los que tuvo que vivir, “veía pasar flotando cadáveres por el río con frecuencia”.

En El infierno de los jemeres rojos, Denise Affonço relata su experiencia durante aquellos años y para ello se basa en los cuadernos que escribió en 1979, pocos meses después de ser liberada, mientras preparaba su testimonio en el proceso contra Pol Pot, principal líder de los jemeres rojos. Este libro es uno de los escasos testimonios publicados sobre el terrorífico régimen que se mantuvo en el poder en Camboya entre 1975 y 1979 y uno de los más desgarradores relatos sobre la opresión política que han visto la luz en los últimos años.

Denise vive en Francia y de su familia sólo sobrevivió al infierno comunista camboyano ella y su hijo.

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