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La falacia de un Estado ecológico

La falacia de un Estado ecológico
La falacia de un Estado ecológico, humano e igualitario
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José Gimenez Lopez

José Gimenez Lopez

ACTUALMENTE EJERZO COMO CONSULTOR IT EN UNA MULTINACIONAL. NUNCA ME HE VISTO IDENTIFICADO CON NINGUNA CLASE DE MOVIMIENTO CONSERVADOR, YA SEA DE CARÁCTER SOCIALISTA O DEMOCRISTIANO. PENSÉ QUE ESTABA EN UN VACÍO IDEOLÓGICO HASTA QUE DESCUBRÍ DEL LADO DEL PROFESOR JUAN RAMÓN RALLO Y JESUS HUERTA DE SOTO EL LIBERALISMO LIBERTARIO CON EL QUE CÓMODAMENTE ME IDENTIFICO
José Gimenez Lopez

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La justificación de un estado ecológico

De las justificaciones más comunes que podemos encontrar sobre el Estado es que, en ausencia de este, el entorno sería mucho más deshumanizado, donde cualquiera podría ejercer la violencia sobre otras personas sin que nadie pudiera mediar en ello.

El medio ambiente se vería casi aniquilado y que, en definitiva, todo se tornaría un caos absoluto donde la sociedad, el medio ambiente y la economía se desmoronarían.

Pasemos a analizar cada una de estas partes.

El medio ambiente

La justificación de una intervención estatista en este ámbito viene dada a que de no haberla la mano privada se apropiaría de los espacios naturales (bosques, ríos, selvas, etc.) para utilizarlas en su propio beneficio.

Esto supondría un una catástrofe medioambiental sin precedentes.

Si analizamos fríamente esta cuestión, vemos que la intervención del Estado es la que está detrás de que los ciudadanos no podamos optar libremente a la contratación de energías más limpias y renovables.

Es el Estado el que alimenta el oligopolio de eléctricas con unos precios de la luz desorbitados.

Las ciudades no están sucias y contaminadas debido a unos ciudadanos egoístas que utilizamos el coche en exceso.

Están contaminadas porque son algunos Estados, como los árabes, los que boicotean alternativas privadas viables (cómo el coche eléctrico) al vehículo a combustión con el objetivo de favorecer a unos pocos.

Los conflictos violentos

Otras de las causas que justifican al Estado es la mediación en conflictos violentos.

Si un ciudadano o grupo de ciudadanos ejercieran la violencia sobre otros indefensos, las Fuerzas de Seguridad del Estado actúan con el objetivo de neutralizarlo.

Pero analicemos esta situación.

Las características propias de un Estado son soberanía, territorio y población.

Es decir, son los Estados los que poseen el monopolio de la violencia sobre un determinado territorio.

En el ejemplo del conflicto, podemos ver justificada su causa, pero, ¿cuál es el máximo cliente que tiene la industria armamentística?.

¿El terrorismo?

¿Los casos puntuales de homicidas o desequilibrados? Obviamente, no.

Su mejor cliente es el Estado.

Son los Estados los que, con sus ejércitos, invaden y aniquilan países, sus entornos naturales y a los habitantes que en ellos viven.

A la postre, son los Estados los que construyen vallas para no dejar entrar a refugiados de las guerras que ellos mismo perpetran.

La economía

Este es el tema más controvertido de todos.

Justificamos al Estado para atenuar la desigualdad y como una garantía de sustento en caso de pasar por un bache económico en la vida.

Esto se traduce en que permitimos y-lo más grave- justificamos que el Estado tenga acceso a todas y cada una de nuestras cuentas bancarias, posesiones, patrimonio, ingresos, etcétera.

Cosa que, de ser la manos privada la que lo hiciera, nos echaríamos las manos a la cabeza.

Permitimos y justificamos que mes a mes nos arrebaten, lapiden, usurpen y expropien los ingresos que, unilateralmente y de forma coactiva, ellos determinen.

Y, en caso de que un ciudadano decida no ejercer sus obligaciones o, de no saberlo, contravenga la norma, es castigado mediante sanciones pudiéndosele llegar incluso a privar de libertad.

Si sumáramos todos los ingresos que se nos lleva el Estado veríamos que no compensa ninguna de las contraprestaciones que nos puedan ofrecer (sanidad, educación, pensiones…).

Con todo esto, el curso de la economía está de manos de los Estados, y son estos los que disponen de nuestros ingresos para moverlos hacia las manos que ellos consideren para satisfacer sus intereses particulares y, en ningún caso, el de la ciudadanía, a la cual lapidan, empobrecen y extorsionan mediante impuestos.

Conclusiones

En cualquier caso, y como conclusión, el argumento del Estado está muy bien perpetrado.

Él mismo genera el vacío que dice llenar.

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