Familias libres con opiniones libres

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Sergio Marqués

Sergio Marqués

SERGIO JOSÉ MARQUÉS PRENDES (Gijón, 1972) Licenciado en Veterinaria por la Universidad de León. Desarrollo de productos de producción animal para el sector privado.
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Con fecha 11 de octubre de 2016 se publicó en esta misma página web, un artículo titulado “Gays y familia, la vuelta al cole” (http://www.elclubdelosviernes.org/gays-y-familia/).

En el mismo, su autor expone una serie de argumentos desde mi punto de vista muy discutibles.

Dado que en el Club de los Viernes hacemos gala de defender un liberalismo de amplio espectro en el cual conviven distintos puntos de vista, paso a rebatir algunas de las afirmaciones e ideas que en dicho artículo se manifiestan.

  1. Manifiesta el autor del citado artículo su estupor frente a la retirada de un anuncio publicitario por parte de una conocida firma de grandes almacenes, en la que al parecer se veía a una pareja homosexual ejerciendo de atolondrados padres en los preparativos para el inicio del curso escolar. Con respecto a este punto, no hemos de perder de vista que estamos ante un anuncio publicitario. La publicidad, consiste en enviar un mensaje con el fin de aumentar las ventas. Un mensaje que debe de ir dirigido a un público objetivo, que en el caso de grandes almacenes generalistas es el conjunto de la sociedad o al menos una parte mayoritaria de la misma. Si desde una empresa privada se considera libremente que dicho mensaje no representa valores compartidos por la mayoría de la sociedad, es lógico que se rectifique dicho mensaje ya que obviamente el mismo no estará cumpliendo con la función para la cual fue diseñado. En este contexto, pocas cosas deberían causarnos menos extrañeza que su retirada.
  2. En otro punto del artículo se argumenta que dado que el concepto de familia es diverso en distintas sociedades, definir el término “familia natural” como compuesto por una madre y un padre es muy aventurado. En realidad la definición de “familia natural” es fácilmente acotable. En nuestra sociedad occidental, los lazos familiares “naturales”, sean estos del grado que sean, se definen por existir entre miembros que comparten una relación genética, sea esta una relación genética próxima (núcleo familiar) o distante (familia lejana). En caso de no darse dicha relación genética, en nuestra sociedad, dicha familia deja de ser natural y pasa a  adjetivarse como familia “política”, “adoptiva”, etc.,  para distinguirla de la “familia natural”. De hecho existe el término madrastra o padrastro, para definir a aquellas personas que ejercen el papel de padre o madre sin ser sus padres naturales o biológicos.
  3. En cuanto a la deseable normalización de las distintas situaciones familiares “no naturales”, dice el autor que “Si entre todos le damos una situación de normalidad, el niño preguntará una vez. Si le damos un tono excepcional, el niño acosará al que tiene una situación distinta”. En realidad cada uno debe de ser libre para catalogar cada situación como crea conveniente. No es deseable bajo una óptica liberal proponer un criterio colectivo en ninguna materia, pero especialmente en aquellas cuestiones, que como el propio autor reconoce, se incluyen en el ámbito de la moral y la conciencia. Cada uno de nosotros debemos de ser libres para catalogar las distintas situaciones “familiares” dentro de la normalidad o no, en función de nuestro libre criterio. Lo contrario es, en nombre de la libertad,  abogar por una imposición moral. No vale aquí el razonamiento de que dado que algunos discriminan a las personas en función de sus diferentes circunstancias o inclinaciones, la solución sea obligar institucionalmente a que todas las situaciones sean consideradas iguales por todos los miembros de la sociedad, máxime cuando un amplio porcentaje de la población considera que efectivamente no lo son.

En definitiva sobre lo que aquí se discute es sobre la utilización relativista de los conceptos;  sobre el ataque a la libertad individual de cada uno de nosotros por catalogar las situaciones familiares como nuestra conciencia o ideas nos dicten; y sobre la libre toma de decisiones por parte de una empresa privada.

De las tres cuestiones anteriores, y desde mi humilde punto de vista, la  más grave de todas es aquella que pretende sustituir el dictado de la conciencia de cada unos de nosotros, por una especie de conciencia políticamente correcta y altamente ideologizada.

Sirva pues este artículo para poner de manifiesto que sobre un mismo tema, y sin abandonar nunca la óptica liberal, se pueden mantener distintos puntos de vista, siempre y cuando prevalezca como valor fundamental  en ellos el valor central de la ideología liberal: la Libertad.

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