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Héroes, hazañas por un bien superior

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Alejandro Sosa Röhl

Alejandro Sosa Röhl

Miembro de Venezuela Futura (@VFutura)
Alejandro Sosa Röhl

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Un héroe no necesita ser sobrehumano o haber estado en un accidente nuclear para serlo. El heroísmo proviene de los humanos, de aquellos que hacen hazañas extraordinarias por un bien superior a ellos, por ideas, las cuales surgen de nuestros interminables sueños e ilusiones de un mundo mejor; ideas que no mueren cuando nosotros morimos por ellas. Estas se preservarán en el tiempo, creando más sueños. Llevan en sí la inmortalidad de aquellos que creyeron en su poder para hacer un cambio.

Están errados quienes dicen que la lucha de los venezolanos es por papel higiénico, harina PAN, un voto o diálogo con tiranos. Me duele que tantas personas que viven en los suelos de este país, racionalicen de tal manera y no vean más allá. Los caídos de 2014 no perdieron sus vidas por cosas tan rastreras -ellos valían más-; perdieron sus vidas por algo que sus ojos no podían ver, pero su corazón sí: por un sueño que nació en un mundo de tinieblas, donde la cacería por algo mejor es satanizada por la dependencia, – esa que fluye a través de la sangre de nuestra Nación, efecto de los decadentes sentados en el trono del poder… efecto de una enfermedad conocida como castro-comunismo. Pero Venezuela nos mostró, hace ya dos años, que la pared sin puerta hacia un futuro, no fue suficiente para destruir nuestros anhelos de vivir en una Nación de primer mundo; anhelos que subsistían bajo una capa de terror. La ciudadanía venezolana no esperó a que alguien se acercara a quitarnos las cadenas de esclavitud, nosotros decidimos quebrarlas.

¿Y dónde está el heroísmo, dónde lo puedo tocar? Una respuesta a eso no puede ser abarcada con términos matemáticos y sistematizados, pero claramente podemos dar una porque es seguro que sí lo hay y que sí es tangible. El que se levanta sobre sus pies en una plaza con una pancarta que desahoga gritos de aflicción, es un héroe; el que saca las bombas lacrimógenas del campo de batalla mientras su cara arde y sus pulmones buscan escaparse por su garganta, es un héroe; aquél que se sienta tras una computadora creando una matriz de opinión, abriéndole los ojos a unos cuantos, es un héroe. Todos los pechos venezolanos en donde arde cólera por su país (y por lo cual esas almas salen a luchar por él), componen la generación de renacentistas de Venezuela.

Los renacentistas salen a la calle dispuestos a derramar todo en ellas; desde sudor, voz y pasión, hasta sangre y vida. Los que pocos años hemos vivido, salimos teniendo en nuestra consciencia que las calles son una ruleta rusa, en donde solo el destino sabrá quién sí y quién no, pero en donde lo único que no estamos dispuestos a entregar es nuestra Libertad y Soberanía; esta es la orden coactiva de nuestro espíritu. El destino no tiene voz allí y mucho menos un partido político que busque capitalizar y prostituir la protesta, para ganar votos. La resistencia seguirá.

Este heroísmo masivo que encandiló nuestros ojos, ha creado una esperanza para el nuevo “génesis” de Venezuela; el futuro de ella existe porque tiene a miles que ahora lo perciben. Estos seres despiertos son los jóvenes moldeados a hombres, que no han conocido otra Venezuela, y que surgen como el futuro de hoy y el presente de mañana. Así es como nosotros, los jóvenes, convertidos en hombres, tenemos una afirmación: “las grandes hazañas

que han logrado hacer posar los ojos del mundo sobre Venezuela, no van a dejar las calles, y las cicatrices que los caídos nos han inmortalizado en la piel, serán sentidas con honor”.

No permitiremos que nadie ponga sus pies sobre nuestras espaldas, ni el régimen, ni los falsos opositores. Por los caídos, por nuestros hermanos de lucha, por nuestros compatriotas y por nosotros mismos; haremos que las calles griten hasta desplomar esa barricada hacia el futuro, que el régimen y sus colaboracionistas nos dejaron. Esta gesta no descansará hasta conquistar la Libertad y el orgullo venezolano. Restituiremos el hilo constitucional perdido y lograremos un renacimiento. No hay opción, ya que no hacerlo implica perder la Venezuela Futura.

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