La batalla del lenguaje contra los neocomunismos en España

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Roquelo López Tolentino

Roquelo López Tolentino

Roquelo López-Tolentino. Técnico administrativo. Cursa Grado de Farmacia en la Universidad de Barcelona. Se declara admirador del legado de Thatcher y se inclina por la Escuela Austríaca de Economía. Le gusta el debate y la confrontación de ideas.
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La batalla del lenguaje como herramienta de disputa contra los neocomunismos en España

En la primera parte de este artículo haré una introducción teórica del fenómeno objeto de análisis, a efectos de clarificar mejor las ideas que pretendo exponer y hacer que puedan ser extensibles para nuestro activismo liberal en todos los ámbitos (busco que este método sea útil para deshilachar el lenguaje del adversario y atacar sus prejuicios con la mayor eficacia posible).

Hace un tiempo no mayor tuve la ocasión de compartir un vídeo sobre la corrección política a través de Las píldoras liberales. Pero pasados unos días me surgió el interés por la cuestión lingüística en la comunicación política de los neocomunismos en España. Llegué a la conclusión personal de que dicha cuestión bien podría considerarse como la siguiente fase de la alteración primaria del lenguaje perseguida mediante la corrección política, como el uso de conceptos (violencia de género, pobreza energética, gobernanza del clima, derechos sociales…), metáforas (brecha de género, blindaje social, temperatura colectiva, tono sociológico…) y neologismos contradictorios (austericidio, extremocentro, liberal-fascismo,…)  u otras construcciones léxicas, para, desde la sugestión psicológica del receptor, alterar su percepción psíquica de la realidad y canalizarla hacia los objetivos socializantes de la vida civil y política en general del programa socialista totalitario.

La implantación de la nueva forma de hablar o neolengua (término usado en 1984, distopía del estalinismo escrita por Orwell) se lleva a término extensivamente mediante las maquinarias mediáticas afines y no tan afines a la causa -la llamada opinión publicada- ligada al sector educativo estatal. El fin: moldear a la opinión pública. Así, la consecuencia lógica de este proceso psicológico del lenguaje puede estribar en la autocensura del receptor, ya que, a la hora de codificar la expresión verbal e integrar el mensaje a nivel del encéfalo, ha de enfrentar un proceso mental interferente de discriminación de palabras para adecuar su lenguaje a la atmósfera establecida por las élites estatistas más moderadas y los neocomunismos más exacerbados. Por miedo al qué dirán, si el receptor no consigue reformular su expresión rápidamente en función de las exigencias de la corrección política para resolver la situación comunicativa planteada, puede derivar en la autocensura por miedo a las masas socialmente corregidas. Esto es lo que en psicología social los expertos denominan síndrome de Orwell.

Caso práctico. Pongamos que el individuo X está en un foro de opinión de autodenominados progresistas (Y,Z,V,R) y que todos hablan de ‘’violencia de género’’, pero el individuo X piensa que el origen de la violencia interpersonal en el seno de la familia o de las relaciones humanas tiene un móvil criminal multivariante que no descansa exclusivamente en el sexo de la víctima, y que el constructo léxico ‘’violencia de género’’ no está bien empleado, en tanto en cuanto el automatismo de las masas es a asimilarlo a varón es igual a verdugo, y víctima, a mujer. X cree que la realidad empírica puede ser distinta. Si el individuo X no tiene la suficiente entidad psicológica que supere la interposición exógena del elemento coactivo de la corrección totalitaria de las palabras, hablará con la boca pequeña o, en el peor de los casos, se autocensurará por miedo a las descalificaciones de la Policía del Pensamiento, que desvirtuará el tema central hacia el ensañamiento personal.

Como liberales más o menos de derechas no hemos de eludir la confrontación dialéctica con los izquierdismos y la exposición clara de nuestra opinión en temas que puedan estar parasitados por la corrección política promovida por los neocomunismos y cooperada por la derecha acomplejada, focalizando el ataque argumental en las ideas y nunca en la persona del enemigo político, y sin osar en convencerle de nada.

En su obra Del abuso de las palabras, John Locke, unos de los padres fundadores del liberalismo, nos advirtió de que ‘’las ideas adecuadas son las que representan perfectamente sus arquetipos’’. Es decir, aquellas que no hemos elegido conforme a un código lingüístico externo, sino las que surgen espontáneamente, que no por ser espontáneas se refieren a una expresión verbal de elementos sin conexión semántica. En este escrito, como en Legislación, Ley y Libertad de Hayek, se explican las razones que detallan cómo el lenguaje sirve como herramienta de expresión de la realidad, que permite prever las normas de la conducta individual que a su vez deriva en el descubrimiento espontáneo de la Ley. Así que la distorsión del lenguaje realizada por los neocomunismos que parasitan nuestra sociedad sin recibir apenas contestación política por la parte contraria, busca la creación de un Derecho Alternativo, por ejemplo, en el que la usurpación de la propiedad privada del domicilio por grupos comunistas okupas, se llame ‘’actividad de colectivos sociales’’. Y que esta norma de conducta pase a ser percibida como ‘’normal’’, no como una amenaza.

 

 

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