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¿Tiene la culpa Madrid?

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Javier Jové

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JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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¿Tiene la culpa Madrid?

En la sociedad asturiana está profundamente interiorizada la idea de que la solución a los problemas de la provincia están en Madrid, que la causa del retraso económico provienen de la falta de compromiso y de inversiones del gobierno de la nación. Es muy común escuchar que el problema “es que Asturias no pinta nada en Madrid” o lamentos por la ausencia de ministros asturianos en el Consejo de Ministros del Gobierno del Reino de España.

Este discurso lastimero ha vuelto con fuerza tras la presentación de los presupuestos generales del Estado de este año, en los cuales se recoge una importante disminución de las inversiones en Asturias, tan solo 211 millones frente a los 1.018 millones de 2008.

Para muchos asturianos la culpa de la postración y el declive económico están en la interminable Variante de Pajares. Como antes lo estaban en la falta de comunicaciones por autovía con Santander y Galicia, la ausencia de una regasificadora, la escasez de vuelos con destinos internacionales o la infracapacidad de El Musel. Tras años echando la culpa a esas supuestas carencias, la postración permanece pese a que Asturias es una de las regiones de Europa con más kilómetros de autovía, a que ya cuenta con una regasificadora, la ampliación de El Musel, subsidia aerolíneas de bajo coste y ha disfrutado de una subvencionada “autopista del mar”. Nada de ello ha funcionado y pese al derroche de miles de millones de euros en grandes infraestructuras y en absurdas subvenciones, Asturias sigue sin despegar económicamente. De hecho, en los tres años en los que Asturias recibió inversiones anuales superiores a los 1.000 millones de euros (2007, 2008 y 2009) fuimos incapaces de recortar posiciones con la media española y el Principado creció 2,3 puntos menos, quedando más rezagada de lo que ya estaba, lo que prueba que las grandes infraestructuras e inversiones no son generadoras de riqueza sino grandes devoradoras de recursos y fuente inagotable de corrupción.

Para la sociedad asturiana la culpa de los males están en Madrid, pero lo cierto es que no hay que ir tan lejos para encontrar a los culpables del estancamiento económico, demográfico, social y cultural, los tenemos aquí, entre nosotros.

No es Madrid, sino el Principado, el que ha hecho que Asturias sea la región con el tipo más alto del IRPF y en donde se paga más por el impuesto sobre Sucesiones y por Patrimonio. Es el Principado y no Madrid quien pone obstáculos a la libertad de horarios comerciales, impide el aprovechamiento de los montes con una ley restrictiva, cercena la libertad educativa al pretender acabar con la educación concertada e imponer la sectaria, deficiente y carísima educación pública o trata de imponer una neolengua artificial y falsa que nos empequeñece en el mundo. No es Madrid, sino el Principado el que ha aumentado –en una región con cada vez menos población- la plantilla de empleados públicos (3.000 más entre enero de 2007 y 2016), ni el que ha elevado la deuda del Principado al 100% del presupuesto regional (4.000 millones), ni el que ha situado el pago de la deuda (475 millones de euros) en la tercera partida presupuestaria, sólo por detrás de sanidad y educación. No es Madrid, sino el Principado, el que dedica más de 20 millones de euros a financiar una televisión pública autonómica o 90 millones en un servicio público de empleo que no llega a intermediar ni en el 2% de las contrataciones. No es Madrid, sino el Principado, el que prohíbe las gasolineras sin personal o el que empantana millones de euros en promover polígonos fantasma. No es Madrid quien prohíbe el fracking o la mina de oro de Salave, sino el Principado. Y así podríamos seguir con muchísimos ejemplos de erróneas medidas con las que el Principado está impidiendo el progreso social y económico de Asturias.

Lo cierto es que el Principado tiene suficientes competencias transferidas como para poder convertir a Asturias en un polo de atracción de inversiones, talento e innovación. Sólo depende de los políticos asturianos el revertir los errores del pasado y apostar por un modelo diametralmente opuesto, que no reprima la capacidad de generación de riqueza de la sociedad asturiana, sino que la libere de toda restricción, creando un ecosistema fiscal y normativo laxo y atractivo, abandonando el dirigismo económico y la cultura de la subvención y de las grandes infraestructuras y apostando por una educación de calidad y libre  prejuicios ideológicos a nuestros jóvenes. Porque el cuento de que la culpa la tiene Madrid, ni es cierto, ni ya cuela.

3 Comentarios

  1. Fernando Álvarez Balbuena
    Fernando Álvarez Balbuena 8 meses hace

    Este artículo es una sucesión ininterrumpida de verdades constatadas y de sentido común. Lástima que este pueblo asturiano se empeñe elección tras elección, en reponer en el Parlamento Autonómico y, como consecuencia, en el Gobierno a quienes se empeñan en distribuir pobreza en vez de riqueza, mediatizados por una ideología que ya demostró hace más de cincuenta años su incapacidad para conseguir progreso, a pesar de reclamarse de “progresistas”
    Muy bien Javier, enhorabuena por tu claridad de juicio.

  2. Javier Jové Autor
    Javier Jové 8 meses hace

    Muchas gracias Fernando. Las autonomías han sabido ejercer su autonomía, o más bien sólo la han empleado para subir los impuestos y reprimir la capacidad de generación de riqueza de la sociedad. Para gastar sin tino y exigir al contribuyente y al gobierno de la nación más y más

  3. Eduardo 7 meses hace

    Soy asturiano, emigrado a Madrid. Hay una anécdota que viene a colación del artículo. Mi abuelo (minero) bastante transgresor, me solía comentar que el fin de Asturias llegó con la empresa pública. Decía que esto va a acabar con los ‘paisanos’. Se refería a una cultura (virus en realidad) que hemos inoculando poco a poco, de mano de la empresa pública. Ese somnífero nos hace creer que tenemos unos derechos innatos, por los cuales debemos de percibir un sueldo superior a la media y un horario de trabajo por debajo de esta. Una cultura que avergonzaría a esa generación que tuvo que salir en barco hacía América en busca de un futuro mejor. Un somnífero que hace que al abrir la Nueva España, la portada sea el revuelo por el precio de la Sidra y no el despilfarro e improductividad de una Región Zombie ¡Asturianos del mundo, remangaos, sacar les perres del banco e invertir en un futuro! -Parece que me he desahogado, gracias-

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