La defensa de la educación concertada

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Defensa Educación Concertada
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Sergio Marqués

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SERGIO JOSÉ MARQUÉS PRENDES (Gijón, 1972)Licenciado en Veterinaria por la Universidad de León. Desarrollo de productos de producción animal para el sector privado.
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La defensa de la educación concertada es solo un primer paso

Todo camino, por largo que sea, empieza con un primer paso” Lao Tse.

Según la vigente Ley de Educación, en España la red educación pública no universitaria está constituida por centros educativos de titularidad pública y por centros educativos de titularidad privada en régimen de concierto. Y ya fuera de lo que se considera educación pública, existen los centros de titularidad privada sin régimen de concierto, que es lo que comúnmente denominamos educación privada. Hoy, en España, con el actual sistema de confiscación del 50% de la renta de las familias mediante impuestos y una ley de la función pública diseñada para blindar los sueldos y los puestos de trabajo de los docentes públicos, es virtualmente imposible lograr que una mayoría de las familias españolas puedan acceder a un sistema de educación privada digno de ese nombre. Porque la gran mayoría de las familias españolas no disponen del dinero que podrían dedicar a costear la educación de sus hijos. Y no disponen de él, por la sencilla razón de que el Estado ya se lo ha quitado previamente para financiar su costosísimo sistema de educación pública. Una educación pública, no se equivoquen, que no es de todos, es del Estado. Una educación pública sobre la que nosotros como padres, tenemos una limitadísima capacidad de elección. Una pequeña capacidad de elección que está representada hoy en día, para la gran mayoría de los padres, por los centros educativos de titularidad privada en régimen de concierto.

El día en que los padres tengamos plena capacidad para disponer de nuestro dinero en relación a la educación de nuestros hijos, sin pasar por la previa incautación estatal, llegará el momento de definir el sistema de conciertos como lo que es: un modelo no libre, un modelo financiado por el Estado y no por los padres y por lo tanto controlado y manipulado por el Estado a través de una extenuante legislación educativa. Pero hasta que ese día llegue, tenemos que mantenernos firmes y defender la única, precaria, e incompleta parcela del actual sistema educativo que permite a los padres acceder a un mínimo de libertad educativa.

Con respecto al actual sistema de conciertos educativos y a la libertad educativa como meta final, hay una frase que define bien la situación: “Para salir del hoyo, lo primero que hay que hacer es dejar de cavar”. Y efectivamente la defensa del sistema de conciertos no es la fórmula para salir del actual agujero en el que haya sumida la educación en España, pero al menos su mantenimiento frente a un sistema que obligue a la práctica totalidad de familias españolas a poner la educación de sus hijos en manos de una red de escuelas de titularidad estatal, evitará que sigamos profundizando el agujero en el cual se encuentra sumida la libertad educativa en España.

En este contexto, los constantes ataques al sistema de conciertos buscan alcanzar en un futuro próximo una situación como la que actualmente se da en el bachillerato: una dualidad estricta entre lo público y “gratuito” por un lado y lo privado y “de pago” por otro. Y hablando del bachillerato, si como señalábamos antes la educación pública está compuesta por los centros educativos de titularidad pública y los de titularidad privada en régimen de concierto, ¿qué sentido tiene que el bachillerato sea ofertado a los padres en régimen de “gratuidad” por los centros públicos, pero sin embargo no se permita a los centros de titularidad privada ofertarlo en régimen de concierto? ¿Por qué razón una etapa de la enseñanza no obligatoria debe de ser “gratuita” solo para una parte de la red de centros de educación pública, los de titularidad estatal, y no en la totalidad de centros que constituyen dicha red, es decir también el aquellos centros de titularidad privada incluidos en el régimen de conciertos? ¿Acaso la universidad pública, por el simple hecho de ser de titularidad pública, es gratuita?

Cierro, una serie de artículos dedicados a la libertad educativa, con la que para mí es la gran pregunta ¿Por qué aceptamos todo esto? Quizás sea porque simplemente nos tratan como lo que sospechan que somos…Un dócil rebaño sin criterio al que el futuro de sus hijos parece importar más bien poco.

Artículo publicado originalmente en La Nueva España

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