La democracia americana y la izquierda

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La democracia americana
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Carlos Barrio

Carlos Barrio

Periodista, licenciado en Derecho y crítico de cine.
Carlos Barrio

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Una de las características más notables de la flora y la  fauna del  periodismo patrio es la proliferación de los tertulianos todo terreno.

Periodistas instruidos en todos los campos del saber, conocedores de todos los entresijos de la política mundial y que actúan como si fueran una especie de doctores de la la santa progresía, cuya opinión parece gozar de probada infalibilidad.

Uno de los temas estrellas en las tertulias, columnas de opinión y demás espacios de opinión copados por el mester de progresía parece ser el de la profecía. Según sus progresistas pareceres los norteamericanos, ese pueblo bárbaro y  atávicamente conservador, estarían a punto de atraer sobre la humanidad una nueva version de las siete plagas bíblicas de Egipto, caso de que eligieran presidente de su desnortada república al impopular Donald Trump.

No es que el magnate neoyorquino sea especial santo de mi devoción (la mayoría de sus propuestas destilan un proteccionismo colectivista que me espanta), pero mucho menos lo es la manía persecutoria que tiene la progrez hispana de pontificar sobre la política de los Estados Unidos, especie de encarnación de todos los males del mundo actual.

A mí, a diferencia del buen progresista, no me preocupa en absoluto lo que la gente vote, me preocupa mucho más que haya creadores de opinión a los que les cause tanta desazón que ciudadanos, de países en los que no viven y cuyas problemáticas desconocen completamente, ejerzan su derecho democrático a equivocarse si lo estiman oportuno.

Los Estados Unidos son la democracia moderna más longeva del mundo y su constitución todavía en vigor, la de 1787, muy breve (7 artículos) han sido solamente reformada en ventisiete ocasiones en los mas de 226 años que lleva en vigor.

Una constitución, que como puede apreciarse de la lectura de los artículos de El Federalista, fue diseñada con el firme propósito de garantizar la libertad de sus ciudadanos frente a las arbitrariedades y los abusos del poder político.

Su sistema político ha soportado presidencias autoritarias como la de Andrew Jackson, la terrible herida de una guerra civil que partió a la unión en dos y cuyas cicatrices se prolongaron durante la llamada era de la reconstrucción, una división brutal en el seno del partido demócrata en los años 60s durante la llamada lucha por los derechos civiles, la infiltración del marxismo cultural durante los años de la guerra de Vietnam, el famoso caso Watergate o más recientemente la crisis derivada de la intervención armada en Irak , sólo por citar algunos de los episodios más traumáticos de la historia de dicho país.

Nadie, ni los paternalistas progres de la envenjecida socialdemocracia europea pueden dar lecciones de cultura democrática a los norteamericanos. Los Estados Unidos, con sus fallos y sus aciertos, nos han permitido a los europeos, entre otras muchas cosas librarnos de dos sanguinarios totalitarismos en el siglo XX o poner fin a dos cruentas guerras mundiales.

Si la democracia moderna más antigua del mundo ha logrado sobrevir a presidencias cuestionables, abusos de poder, brutales ataques terroristas y al más primario anti-americanismo de la aburguesada izquierda europea, sin duda podrá sobrevivir a los potenciales desmanes de un populista poco viajado  o la inanidad de una demagoga de baja estopa.

Lo que la izquierda europea parece no poder asumir de la experiencia norteamericana es aquello que apuntara Alexis de Tocqueville sobre dicho país “El pueblo reina sobre el mundo político americano, como Dios sobre el universo”.

Por el contrario la izquierda siempre se ha inclinado por el despotismo democrático que exhibiera Rousseau ,“Para descubrir las mejores reglas de sociedad que convienen a las naciones, sería preciso una inteligencia superior”.

En la utopía rousseauniana, la comunidad política es concebida como una comunidad de hombres virtuosos, que han “renunciado” a los egoísmos particulares , de forma que están dispuestos a confluir en una sola “voluntad general”, en virtud de la cual anteponen el bien del otro, el bien general, al suyo propio.

Dicha voluntad general no es una voluntad cuantitativa , obtenida a partir de la suma mayoritaria de las voluntades particulares. Se trata de una noción “ética”, no “aritmética”.

Quien determina en la visión rousseauniana, de la que es heredera la izquierda actual, qué sea el interés general no es la voluntad libre expresada en el voto.

Es el legislador pegagogo que decía Rousseau o la vanguardia del proletariado, en la versión marxista-leninista.

Una vez más la democracia se convierte para la desnortada izquierda en instrumento válido si sirve para sus propósitos paternalistas y colectivizadores. La democracia deja de ser gobierno del demos para convertirse en pastoreo del demos.

2 Comentarios

  1. luciano tanto 5 meses hace

    plis, no le llamen américaa los eeuu; el resto de quienes estamos en el continente -americano- no necesitamos de esa confusión, sobre todo porque querríamos ser esa “américa”, y no terminamos de ser otra…

  2. Marluc 2 meses hace

    Estoy de acuerdo con usted cuando habla de la actitud de los tertulianos, ya no sólo en este país si no en cualquiera donde haya Estados de Partidos, que confunden sus partitocracias con la democracia estadounidense, la única de verdad, con una auténtica separación de poderes y representatividad de la sociedad civil; con el único fallo de mantener el anacronismo de seguir utilizando el modelo de compromisarios. Al ser representativa de verdad ocurren fenómenos como el de Trump o como el Brexit (parlamentarismo inglés representativo y sin constitución pero sin separación de poderes, por lo que no llega a ser democracia). Los partidos en EE.UU son máquinas electorales para elegir presidente (democracia presidencialista), los partidos en España y en casi toda Europa son un “modus vivendi” de miles de personas que viven del Estado (Estado de Partidos). Pero a lo que usted llama reformas de la constitución, en realidad son enmiendas, que no es lo mismo, una reforma destruye y una enmienda construye porque suma. Evidentemente no se pueden comparar la lucha por las libertades de la única democracia del planeta con una sociedad tutelada y sin cultura política como la española. Está claro que hay que acabar con los Estados megaliticos y repletos de duplicidades y de nepotistas corruptos, pero la fórmula nunca puede ser con más liberalismo. Precisamente el Estado mínimo que emergería como resultado de un proceso constituyente que representará a la sociedad civil y a su libertad colectiva (no individual como abogan ustedes) y no al Estado de Partidos estaría constituido por unas reglas del juego lo suficientemente justas como para regular mínimamente y siempre para proteger de abusos a la sociedad civil del poder de la economia financiera y así no dejar avanzar a los utópicos liberales económicos como ustedes que se han tragado todo la basura utópica del gen de Mont Pelerin y que junto con el vacío socialdemócrata se han convertido en los manas ideológicos que utiliza el gran Capital para desactivar la guerra de clases, crear una masa de consumidores despolitizados y adormecer a la sociedad en ideologías que se basan en el debate de la igualdad y desactivan el debate por la libertad (que si no es política y colectiva no existe) y que ustedes piensan que tienen en posesión, por su acepción de liberal, pero que sólo enfocan desde una perspectiva de igualitarismo, individualismo y derechos, por lo que nunca puede ser libertad, ya que si alguien te tiene que otorgar un derecho o otros se lo tienen que ganar la libertad no existe… En toda ideología hay una falsedad descriptiva de la realidad social y una utópica concepción prescriptiva del mundo y el liberalismo económico no iba a ser menos. Ustedes temen la dictadura ya provenga del Estado o del proletariado y abogan realmente por la dictadura de los mercados y todo porque han interpretado tendenciosamente el concepto de libertad… Ustedes piensan que dejando de lado las regulaciones y liberalizando y flexibilizando aún más las relaciones laborales se creará más riqueza y olvidan que su sistema ya ha fallado, porque si todo ese sistema de libre mercado desemboca inexorablemente en la acumulación de capital y al reparto desigual de la riqueza y no por meritocracia sino por corrupción (paraísos fiscales) y falta de ética y moral, están defendiendo una postura ideológica que ya ha demostrado que no sirve para que la humanidad evolucione sino que otra vez más sirve para que unos cuantos (que en realidad son muchos más de los que pensamos) conserven sus privilegios y se enriquezcan a costa de la explotación y el control de la mayoría. Y señores, esto no es marxismo de segunda, es un hecho, como el de que el Estado nos roba a base de impuestos o que la liberalización de los mercados siempre terminará en oligopolios, porque el que va acumulando más capital siempre tendrá el poder de comprar al más pequeño. Rousseau era un utópico de libro, el único cuerdo de aquella locura de revolución fue sin duda Montesquieu, pero igual de utópicos son ustedes y todos los que piensan en que se pueden cambiar las cosas sin cambiar las reglas del juego… si usted fuera tertuliano, el hecho de afinar un poco más en los análisis empíricos no le salvaría de formar parte de lo establecido, de los que no quieren que nada cambie excepto la libertad de los que ya tienen libertad económica de seguir explotando a los que dependen de ellos y es por eso que Trump a usted le aterra, simplemente porque dice que va a proteger a los que nadie protege y para ello de proteger a los que siempre lo han estado. Eso que a usted le aterra le ha llevado al poder y espero que lo cumpla y que sea el principio de la desglobalizacion y de un nuevo orden mundial donde se recupere la soberanía de las naciones y se destruyan los Estados de Partidos…

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