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La enseñanza liberal, igualdad y eficacia

La enseñanza liberal, igualdad y eficacia
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Paco García Redondo

Paco García Redondo

Profesor de Geografía e Historia.
Paco García Redondo

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La enseñanza liberal

Se habla de un 25% de abandono escolar en España y cerca de un 50% de jóvenes en paro, pero las cifras –siendo preocupantes- tienen trampa.

Esta estadística no se refiere a los jóvenes de menos de 18 años que no han completado sus estudios de Secundaria, sino a los que tienen entre 18 y 24 años.

Hay a quien se le cae la baba por los mejores resultados escolares de Finlandia en los informes PISA. ¿En tales colegios de Finlandia no tienen  libros, no tienen deberes, no tienen exámenes?

¡Pues hagamos como ellos! Las comparaciones son odiosas sin tener en cuenta contextos distintos.

¿Ha tenido Finlandia 5 millones de inmigrantes entre  1998 y 2008 como España?

Naturalmente que los peores resultados académicos no son debidos a la raza ni a la nacionalidad, sino al contexto socio-cultural y sus carencias y lastres asociados. Aún en 1900 más del 50% de los españoles eran analfabetos.

El estado liberal

El Estado liberal durante los siglos XIX y XX ha asumido en Europa occidental el papel social que en siglos anteriores paliaban  instituciones religiosas para garantizar e impulsar la enseñanza.

Si lo liberal reformista debe ser el justo término entre el autoritarismo conservador y la anarquía revolucionaria, la enseñanza liberal y laica, por tanto ni confesional ni adoctrinadora, ni antirreligiosa ni anti-nada, debe tener por objetivos la igualdad de oportunidades para los alumnos, y la enseñanza eficaz para los docentes; así el mérito constructivo en el aprendizaje útil, y la formación de ciudadanos democráticos, críticos y positivos.

Las ramas de asignaturas

   Dos de las cuestiones más polémicas en la actual enseñanza española son los itinerarios formativos (popularmente llamados “ramas” de asignaturas) y las reválidas estatales.

El argumento del izquierdismo para estar contra los itinerarios formativos, es decir contra que los alumnos tengan una creciente libertad de elegir materias a cursar, es que “se les segrega”.

Parece que a la separación en grupos y espacios según sus objetivos y características le dan el significado de discriminación.

¿Se imaginan a los alumnos estudiando inglés en un laboratorio de química?

¿O que para aprender electrónica les pongan vídeos de lingüística alemana?

En el fondo de sus prejuicios ideológicos quieren imponer que la función de la enseñanza es la igualdad de resultados.

¿Pero por qué personas distintas, cada una con sus intereses y aptitudes, tendrían que estudiar lo mismo y obtener los mismos resultados?

En cuanto a las reválidas defendidas por los academicistas, el propio concepto es redundante: el Estado, además de coordinar e inspeccionar,  debe volver a validar lo que ya está validado por el profesorado.

¿Y cómo lo “re-valida”?

Suponemos que con otro profesorado distinto (¿Si es el mismo, para qué?) que en cuatro días re-valore lo que han valorado los docentes que han estado 8 meses con su alumnado.

Pero hay otro peligro cierto y grave: que el objetivo de la enseñanza no sea tanto aprender, cuanto practicar técnicas para aprobar determinados tipos de exámenes, condicionando el temario y la didáctica en el aula.

La gestión descentralizada y el bilingüismo

   Hay otras dos cuestiones actuales candentes: el Estatuto Docente Nacional y el bilingüismo cordial en las regiones periféricas.

El asunto no es volver a un centralismo franquista en la enseñanza o la sanidad, sino garantizar la igualdad de derechos y deberes a los habitantes en sus respectivos territorios.

La gestión descentralizada puede ser más eficaz acercando con autonomía la administración al administrado.

Pero en lo que no se pueden convertir es en 17 reinos de Taifas educativos o sanitarios mientras el gobierno mira para otro lado, cediendo a los nacionalistas (independentistas) lo que sea con tal de mandar en Madrid unos años como sea cuando no tienen mayoría absoluta: pan para hoy y hambre para mañana.

Primero porque gobernar no es mandar, sino organizar.

Segundo porque sembrando vientos, más pronto que tarde recogerán tempestades.

Una Historia de España común y plural, con 4 horas de clase obligatorias en 1º de Bachillerato, con una historia explicativa y objetiva no adoctrinadora ni izquierdista,  y una tarjeta sanitaria efectiva con un historial clínico y calendario de vacunas lógicos y compartibles son necesarias.

Conclusiones

Menos hablar de pacto y consenso educativo a cada campaña electoral, para imponer otra reforma de la reforma educativa cada 4 años.

Y hay que hacer cumplir la ley democrática frente a inmersiones sectarias.

¿Se imaginan que en regiones de Francia no se pudiera estudiar en francés?

La enseñanza liberal europea puede hablar muchas lenguas, pero precisa una misma racionalidad.

Por una enseñanza liberal mas racional.

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