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La gran trampa
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Daniel Rodríguez Asensio
Nacido en Valladolid, en 1988 Licenciado en Economía por la Universidad de Valladolid y Máster en Mercados Financieros Internacionales por la UNED. Actualmente consultor estratégico. Autor del blog www.economistadecabecera.es. Colaborador del Club de los Viernes
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La gran trampa

Que Daniel Lacalle, economista liberal y socio de honor del Club de los Viernes, saque libro siempre es una buena noticia para nuestro país. Y si, como es el caso, decide dar el salto al análisis internacional, el mundo entero debería estar celebrándolo. La gran trampa: Por qué los bancos centrales están abonando el terreno para la próxima crisis es, sencillamente, un manual geopolítico que ayudará a entender las causas raíz de los shocks que se producirán en la economía mundial durante los próximos cinco años.

De una forma clara, argumentada y didáctica, Daniel Lacalle aborda la situación actual –postcrisis –desde la atalaya de quien conoce a la perfección lo que ocurre ahí fuera, y aprovecha dicha información para generar valor diferencial. Su tesis se resume en una de las páginas iniciales del libro: “Las crisis no se generan por la falta de estímulos, sino por un exceso de estos.” A partir de ahí, tres son los conceptos a dominar para comprender lo que ha sucedido y lo que viene por delante: El gas de la risa monetario, la represión financiera  y la zombificación de la economía.

El primero se refiere a las intervenciones no convencionales de los Bancos Centrales a nivel internacional en la economía. Inundar de liquidez los mercados, bajar los tipos de interés e incentivar las políticas de demanda penalizando el ahorro, ejercen un efecto sedante en la economía que dispara el optimismo y genera burbujas que, antes o después, explotarán. Los más afectados, como siempre, los ciudadanos, especialmente los más desfavorecidos. Precisamente los mismos que justifican, desde un punto de vista social la aplicación de estas medidas monetarias. El crecimiento y la inflación moderada deberían contrarrestar una mayor asunción de riesgos en el mercado derivados de anomalías monetarias y, sin embargo, las distintas experiencias históricas han demostrado incentivos a un mayor endeudamiento, vía inversión improductiva, y generación de burbujas que siempre acaban explotando, generando crisis. Cuanto mayor sea el stock de deuda acumulado y menor la velocidad del dinero en circulación en la economía, más rápido y con mayor virulencia se producen dichas crisis.

En cuanto a la represión financiera, lo resume con claridad en un solo párrafo. Las políticas monetarias expansionistas buscan que, “haciendo que los bonos y los activos financieros de bajo riesgo sean cada vez menos atractivos y con menos rentabilidad, y que el dinero sea menos seductor debido al constante proceso de devaluación y a los tipos de interés bajos, los inversores canalicen el exceso de liquidez y los ahorro a la economía real, consumiendo más e impulsando las inversiones de capital. (…) Es decir, hacer que los activos de menor riesgo, los más sólidos, sean poco atractivos y que el dinero que tenemos en depósitos valga cada vez menos.” Como consecuencia, se inflan los precios de los activos financieros –especialmente a corto –pero al mismo tiempo se destruye el poder adquisitivo de la moneda, devaluando la riqueza acumulada en depósitos. De esta forma, se favorecen los activos de riesgo en detrimento de trabajadores, ahorradores, empresas y mercado laboral.

Los dos conceptos anteriores han llevado, inexorablemente, a la zombificación de la economía. Esto es: penalizar el ahorro y a los sectores de elevada productividad para favorecer “elefantes blancos”, financiar con más déficit inversiones sin un retorno económico claro y, en definitiva, confiar en un efecto multiplicador inexistente en economías abiertas y endeudadas. Esto conlleva mayor asunción de deuda, con la correspondiente penalización de crecimiento futuro, caracterizado por una estructura económica sin inversión a largo plazo y con una colección de burbujas, surgidas en los activos de menor riesgo, que antes o después explotarán.

La próxima crisis financiera está próxima y debemos tomar medidas para evitarla o minimizar sus riesgos. Más concretamente, propone: Activar las señales de alarma por parte de los bancos centrales cuando el crecimiento de la masa monetaria supere el crecimiento histórico del PIB en los últimos cinco años; avanzar en su política de comunicación, especialmente en relación con la identificación y traslado al mercado de burbujas financieras; un cambio de objetivo, donde la estabilidad de precios sea importante, pero no se persiga la inflación por la inflación; y una regulación del sistema financiero que sea “más sencilla”, se centre más en “la calidad y menos en los incentivos perversos”, y nos proteja de la próxima crisis, no de la anterior; y una política monetaria que esté condicionada a la puesta en práctica de reformas fiscales encaminadas a “promover la estabilidad, el crecimiento y la productividad.”

En La Gran Trampa, Daniel Lacalle demuestra que en economías fuertemente endeudadas, con sobrecapacidad productiva y con un nivel de gasto público elevado, como las actuales, la “estimulación de la demanda” conduce a la destrucción económica. Hay que virar hacia políticas de oferta. Que queramos aplicarlo, o no, está en nuestra mano. Gracias, maestro.

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