La Orfandad de los Liberales Españoles

La Orfandad de los Liberales Españoles
La orfandad de los liberales españoles
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Ignacio Blanco

Ignacio Blanco

Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho, Postgrado en Finanzas por la Universidad de Wisconsin. Trabajó en Morgan Stanley, como director de empresas participadas de importante family office. Autor de publicaciones relacionadas con el mundo financiero. Actualmente es socio fundador y mayoritario de despacho de abogados con sedes en Asturias y Valladolid cuya especialidad son las reestructuraciones empresariales.
Ignacio Blanco

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Los comicios electorales españoles del pasado 20 de diciembre han dejado, a los liberales españoles, nuevamente huérfanos de representación política.

Los barómetros del CIS arrojan una importante cantidad de votantes liberales, y si en Enero 2015, se declaraban liberales un 11,9% de la población, en el Barómetro del CIS de Octubre de 2015, se habría incrementado esa proporción y se declaraban liberales el 12,7%, frente a un 14,5% que decían ser socialistas, un 13,9% conservadores, un 9% progresista, un 6,4% socialdemócrata, un 3,4% nacionalista o un 2,3% Comunista, pero sin embargo, no tienen representación parlamentaria, como si parece que tienen el resto, con la duda sobrevolando también a los conservadores tras la escora a la izquierda sufrida por el PP en estos cuatro últimos años.

El número de liberales es elevado, pues si consideramos un censo electoral de 34.631.581 personas, según el CIS, habría una base social liberal en España de 4.398.210 de personas, que suponen un número de votos suficiente para tener un grupo parlamentario casi tan numeroso como el del PSOE y por encima de PODEMOS. Sin embargo, en España parece existir un consenso que va de la socialdemocracia más cercana a los países nórdicos, sin llegar a su grado de libertad económica, del PP o C’s, al total intervencionismo que defiende PODEMOS y todo ello en contra de lo que se deduce del Barometro de Octubre que sólo incluye en esta categoría al 32,2% de los votantes.

Así pues, sólo puede haber dos motivos para que los liberales no estén en el congreso, un primer motivo puede consistir en que quienes se declaran liberales no conocen la ideología liberal basada en la libertad, el respeto de la ley, la propiedad privada, el cumplimiento de las obligaciones voluntariamente aceptadas y la limitación del estado; o un segundo motivo que respondería a la inexistencia de opciones políticas convincentes para los liberales.

En el universo político liberal nacional, sólo VOX y el P-Lib, presentaban un programa económico que podría atraer a este electorado, pero han fracasado en ambos casos. El P-Lib, tan acostumbrado a despachar certificados de pureza liberal, ha conseguido 2.833 votos, mientras que VOX, liado en su interna lucha entre conservadurismo moral y liberalismo económico ha conseguido 57.753 votos, lo que los reduce en ambos casos a la irrelevancia política más absoluta.

En ambos partidos se quejan de la poca exposición mediática, pero ese no puede ser el problema, cuando PACMA ha logrado 219.191 votos o recortes cero 48.222 votos, sin que se les haya visto, por muchos más platós que a los adalides del liberalismo político español.

En ambos casos tenemos partidos poco inclusivos, en el caso del P-LIB, un partido sectario que reparte diplomas de buen liberal y nadie está a la altura de su pureza ideológica, que por sus resultados electorales más parece el propio partido el que ha demostrado no estar a la altura de sus potenciales votantes.

En el caso de VOX, fue una interesante apuesta política que trataba de atraer a un colectivo muy superior, pues si al 12,7% de los que se declaraban liberales en octubre de 2015, sumáramos el 13,9% que se declaran conservadores, estaría buscando votos en un colectivo de 9.212.000 de personas, por lo que su fracaso parece más grave aún. La carga moral del programa se ha vuelto excesivamente pesada para la parte liberal del mismo, pues para el liberalismo no hay mayor inmoralidad que imponer la moral y ésta, salvo en los casos en los que se produce una grave confrontación de derechos, no puede dirigirse desde las instituciones.

En ambos casos, se quieren conducir como partidos, cuando lo que tienen son asociaciones de voluntarios y estos últimos no pueden recibir el mismo trato ni motivación que los trabajadores de un partido; ambos partidos trasladan una imagen de intransigencia que genera rechazo; ambos son poco inclusivos, con posiciones poco flexibles y cerrándose a muchos colectivos; ambos han empezado la casa por el tejado, creando partidos donde no había aún un claro apoyo de la sociedad civil; ambos se precipitan elección tras elección, de derrota en derrota, sin valorar la conveniencia de elegir con más tino las citas electorales; y ambos deben reconducir su mensaje si quieren tener alguna repercusión social en los próximos 4 años.

Algún día los liberales tendremos una oferta política que nos satisfaga y seremos capaces de determinar el gobierno de nuestro país, que será para el bien de todos y no sólo para los nuestros. Mientras tantos debemos apoyar cualquier iniciativa o medida que tienda a la reducción del peso del estado, cualquiera que sea esta y proceda de donde proceda, sin inútiles sectarismos y purezas, que lo único que logran es que cada vez el peso del estado sea mayor.

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