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La Verdadera Memoria Histórica (II)

La Verdadera Memoria Histórica (II)
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Luis Molina Aguirre
Luis Molina nació en Madrid en el mes de junio de 1974. Cursó estudios de delineación, posteriormente de informática y en la actualidad de Derecho. Fue militar profesional, escolta privado y desempeñó distintas funciones en el terreno de la seguridad que le llevó a viajar por toda España. Finalmente se decidió por la profesión para la que había estudiado. En la actualidad compatibiliza su labor de escritor con la de informático y colabora en el períodico Más Brunete como conlumnista y con una serie de relatos cortos de terror.
Luis Molina Aguirre

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En este segundo artículo, continúo donde lo dejé la vez anterior, cuando el general Moscardó, encargado de la defensa del Alcázar de Toledo, con la intención de poner a salvo a su hijo Luis, lo manda a ocuparse de su madre lo que desemboca en el apresamiento de este y posterior fusilamiento.

Respecto de las palabras de Moscardó, transcritas en el artículo anterior, es de referir que Luis Moscardó, era un joven estudiante, que tan solo se estaba preparando para su ingreso en la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas y que ni era militar ni nada parecido. Se trataba de un muchacho más de la época, cuyo delito había sido nacer hijo del General Moscardó. El 23 de julio, a las siete de la mañana, Luis fue apresado, siendo trasladado a la checa de la Diputación Provincial. Con la vida de Luis, trató la izquierda de chantajear al General para que se rindiese. Pero la lucidez de Moscardó quedó fuera de toda duda al negarse a negociar, ya que era consciente de que su hijo iba a morir de igual modo y que si se rendían, morirían también todos los que se hallaban dentro del Alcázar. Exactamente igual que como había sucedido, días antes, concretamente el 20 de julio, en el cuartel de la Montaña, en Madrid, donde una vez rendidos y habiendo izado la bandera blanca, la izquierda asesinó a unas 2.500 personas indefensas.

Continuando con el Alcázar, en la Gaceta ilustrada núm. 594, 25/2/1968, podemos leer las palabras de uno de los soldados que estuvieron allí:

Lo que el rojo le dijo a Moscardó está en la lápida y todo lo que dice en la lápida es cierto, menos que no le dijo a su hijo que gritase «viva España» sino «viva Cristo Rey».

Lo demás fue todo así: llamó el rojo —yo no sé quién era— a Moscardó.

Le dijo: «Bueno, Moscardó, es para decirte que, si a los diez minutos no os rendís, matamos a tu hijo Luis».

Moscardó respondió que se ahorrase los diez minutos y que le matase. El rojo: «¿Es que no te lo crees?» Moscardó: «Sí, me lo creo, pero ahórrate los diez minutos». Después ya sabe usted, se puso el hijo.

Yo empecé a llorar y me entró un miedo terrible; yo sabía que de allí ya no íbamos a salir jamás.

Evidentemente, el joven Luis fue asesinado, como ya he dicho antes.

Tanto ayer como hoy, las izquierdas, unas más que otras, nunca han aceptado la democracia real. Para ellos siempre se ha circunscrito a que, si a ellos les beneficia, el sistema es bueno, pero cuando les perjudica, el sistema ya no vale y hay que buscar alternativas que les permitan perpetuarse en el poder, aunque estas sean por la fuerza de las armas. César Vidal escribe en, Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda. Paracuellos – Katyn, lo siguiente:

Tanto el socialista Negrín como el PCE y los agentes soviéticos creían que la democracia parlamentaria —que era aborrecida por todos ellos —era ya verdaderamente cosa del pasado. Al pensar así manifestaban una clara coherencia con la trayectoria de los movimientos revolucionarios en España desde finales del siglo XIX y, desde luego, con la trayectoria del PSOE y el PCE. De hecho, tanto Pablo Iglesias

como Lenin hubieran estado de acuerdo. Por eso mismo, tras la victoria del Ejército popular de la república, se pasaría a un sistema de partido único controlado por el PCE —y a través de éste por Stalin —en el que se integrarían los elementos sumisos a estas directrices de formaciones como el PSOE o la CNT. Igualmente serian unificados los sindicatos. Por lo que se refería al Ejército o a las fuerzas de represión, su control por parte de los comunistas era casi absoluto.

Determinadas cosas, simplemente, no necesitan aclaración.

CONTINUARÁ…

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