La verdadera memoria histórica (5)

La verdadera memoria histórica (5)
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Luis Molina Aguirre
Luis Molina nació en Madrid en el mes de junio de 1974. Cursó estudios de delineación, posteriormente de informática y en la actualidad de Derecho. Fue militar profesional, escolta privado y desempeñó distintas funciones en el terreno de la seguridad que le llevó a viajar por toda España. Finalmente se decidió por la profesión para la que había estudiado. En la actualidad compatibiliza su labor de escritor con la de informático y colabora en el períodico Más Brunete como conlumnista y con una serie de relatos cortos de terror.
Luis Molina Aguirre

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La verdadera memoria histórica

Continuando con esta serie de artículos : parte 1, parte 2, parte 3 y parte 4.

Podría, sin duda, alargarme sobre este tema durante artículos y artículos, pues material para ello, hay de más y de sobra.

Sin embargo, parece justo que deje de aburrir al amable lector con el mismo asunto.

Así, pues, este será el último de los artículos, por ahora, sobre esta temática.

Siguiendo con Fernando García Cortázar

Continuando con el mismo historiador con el que finalicé el artículo anterior (Fernando García de Cortázar) y con su misma obra (Los perdedores de la historia de España), el autor nos cuenta cómo se las gastaba la izquierda en el mismo Congreso, sin ningún tipo de rubor, amenazando y señalando con el dedo, para que luego las masas azuzadas o incluso, los miembros más radicales de los partidos de izquierdas, cometiesen los más abyectos crímenes impunemente:

El lenguaje izquierdista

El lenguaje izquierdista en la prensa y en las mismas Cortes subía de tono.

El 1 de julio, el diputado socialista Ángel Galarza dijo:

La violencia puede ser legítima en algún momento. Pensando en Su Señoría [por Calvo], encuentro justificado todo, incluso el atentado que le prive de la vida.

El presidente de las Cortes dio orden de borrar sus frases, pero Galarza advirtió:

Esas palabras, que en el Diario de Sesiones no figurarán, el país las conocerá, y nos dirá a todos si es legítima o no la violencia.

Gil-Robles las recoge en sus memorias.

Este Galarza era el mismo que, siendo ministro de la Gobernación proclamará unos meses después, en plena guerra, su sentimiento por no haber participado en el asesinato de Calvo Sotelo.

Poco después, el 13 de julio de 1936, efectivamente, Calvo Sotelo fue asesinado por Guardias de Asalto pertenecientes al PSOE, junto con algunos militantes de este mismo partido.

Pero, resulta justo decir que, quién apretó el gatillo fue el militante del PSOE, Luis Cuenca, a la sazón guardaespaldas de Indalecio Prieto, líder socialista de aquel entonces.

El Estudiante

Por último, ya que ni puedo ni debo extenderme más, pasó a transcribir lo que escribió un antiguo miliciano al que llamaban el Estudiante.

El historiador César Vidal, lo recoge en su obra Un ensayo sobre el genocidio de la izquierda. Paracuellos – Katyn:

En la época de la Transición, un antiguo miliciano denominado el Estudiante, que pretendía haber acompañado a Carrillo en tareas represivas, llegó a escribir una carta al antiguo responsable de seguridad de la junta de Madrid, a la sazón secretario general del Partido Comunista de España.

En ella, recordaba aquellos terribles días y, entre otras cosas, afirmaba:

Hoy soy vecino de Aranjuez, tengo 65 años y en el año 1936 fui enterrador del cementerio de Paracuellos del Jarama. También estuve en la checa de la Escuadrilla del Amanecer, de la calle Marqués de Cubas 17 de Madrid, donde presencié los más horrendos martirios y crímenes. También estuve en el cuartel de asalto de la calle Pontones donde tú, Santiago Carrillo, mandabas realizar toda clase de martirios y ejecuciones de la checa a tu mando. Yo soy el pionero al que llamabas, el Estudiante, que llevaba la correspondencia a las distintas checas a cambio de la comida que me dabais. ¿Me recuerdas ahora, Santiago Carrillo? (…) recuerdas, Santiago Carrillo, la noche que fuisteis a la checa de Fomento con tu coche Ford M-984 conducido por el comunista Juan Llascu y los chequistas Manuel Domicris, el Valiente, y el guardia de asalto José Bartolomé, y que entonces en el sótano mandaste quemar los pechos de la monja, sor Felisa, del Convento de las Maravillas de la calle de Bravo Murillo, y que así lo hizo el Valiente, con un cigarro puro. Esto sucedió el día 29 de agosto a las tres de la madrugada.”

Lo pretendido por la izquierda

En definitiva, termino ya.

Mucho de lo que sucedió, la izquierda no solo ha pretendido, sino que ha logrado, esconderlo bajo la alfombra.

En nuestra sociedad inculta actual, ha llegado a calar la idea de que, en la Guerra Civil, existieron buenos y malos.

Los primeros, los perdedores, los segundos, los ganadores.

Recordemos una de mis frases favoritas, dejadas para la posteridad por el gran Cicerón:

“El hombre que no conoce su historia, siempre será un niño.”

Conocer la historia

Es imprescindible conocer la historia, pues si se desconoce, también desconoceremos los errores cometidos en el pasado, lo cual nos puede conducir a volver a tropezar con la misma piedra de nuevo.

No en vano, la izquierda actual ya ha tomado los mismos derroteros y se dirige por el mismo camino que antaño, derechos a tropezar con la misma piedra de la Segunda República.

Solo espero que tropiecen ellos solos y que no nos arrastren a todos los demás, como ya hicieron en tan trágico y lamentable pasado, pues, el error no sería convertir a España en una República, el error sería tratar de hacerlo por la fuerza.

 

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