Sociedades que olvidan su pasado carecen de futuro

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Luis Carlos Parra

Luis Carlos Parra

Estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones Vallisoletano.
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Así comienza la declaración de Praga (sobre la cual escribió la valiente mano de mi amigo extremeño Ángel Manuel García) que fue violada, sin escrúpulos, por el Parlamento Europeo, el día 2 de abril de 2009. Pero para llegar a ese día hay que fijar el punto de mira un tiempo atrás, concretamente, el 3 de junio de 2008, día en que, como cuenta el coordinador de la delegación extremeña del CdV, se aprobó la Declaración de Praga sobre Conciencia Europea y Comunismo. Esta declaración equiparaba los crímenes comunistas con los cometidos por los nacional-socialistas y condenaba, enérgicamente, ambos.

Es, sin duda, la declaración mencionada anteriormente la precursora de la propuesta de resolución común planteado al parlamento Europeo el 30 de Marzo de 2008, y había, necesariamente, de nacer en esa ciudad (Praga), dado que, como cita textualmente en las consideraciones iniciales -de la declaración-: “Praga es uno de los lugares que sufrió tanto el nazismo como el comunismo”.

Hasta aquí todo transcurre de una forma plausible. El “problema” comienza cuando el texto se modifica, dado que ciertos grupos se negaban a aprobar el primer documento.

A lo largo de los siguientes párrafos del presente artículo, analizaremos alguno de los cambios introducidos.

Se elimina la referencia a la declaración de Praga, lo cual supone que tal declaración no será uno de los puntos de partida del texto aprobado, de esa forma, evitaron las aspiraciones de equiparación con los demás horrores sufridos por nuestra querida Europa.

En la consideración “G” se hace referencia a la Europa que nace como respuesta “a … la tiranía nazi que condujo al Holocausto y a la expansión de los regímenes comunistas totalitarios” y se sustituye la parte que menciona a los regímenes comunistas por el reconocimiento de “la singularidad del holocausto”, cuando, en verdad, ese conjunto de horribles crímenes contra la humanidad denominados, en conjunto, holocausto, fueron similares a otros cometidos por el comunismo soviético bajo el corto mandato de Lenin y el larguísimo padecimiento del mandato estalinista.

En estas variaciones lo que consiguen es variar los puntos de partida y con diferentes puntos de partida es difícil llegar a la misma conclusión y, la conclusión era la condena de los crimines contra la humanidad realizados por el comunismo, equiparándolos con el holocausto y otros crímenes perpetrados por los nacional-socialistas y, de esa forma, lograr preservar la identidad europea y la libertad. De esta forma cabe destacar el miedo a la adjudicación de la autoría de ciertos crímenes, y por ello, se cambió el punto 7 de la declaración donde dice que “Condena firme e inequívocamente estos crímenes contra la humanidad … perpetrados por los regímenes totalitarios comunistas” por “Condena firme e inequívocamente todos los crímenes contra la humanidad … perpetrados por todos los regímenes totalitarios y autoritarios”, evitando así nombrar directamente la autoría de esos crímenes.

Si bien, todo lo nombrado anteriormente y alguna otra modificación constituyen un acomplejamiento y sometimiento lamentable de nuestro parlamento Europeo, hay que reconocer que el texto aprobado mantuvo alguno de los objetivos como la condena enérgica al régimen estalinista y la fijación del día 23 de Agosto como el “Día Europeo conmemorativo de las víctimas de todos los regímenes totalitarios y autoritarios, para que sean recordadas con dignidad e imparcialidad”, a la vista, de que ese día en 1939 se produjo el pacto Nazi-Comunista “Pacto Ribbentrop-Mólotov”.

Cuando pienso en estos textos no puedo evitar reflexionar sobre las nuevas derivas de la situación política Europea, pensando en países que ya sufrieron en el pasado y en donde empiezan a encontrar sitio fascistas y comunistas, me refiero, evidentemente, a Francia, Grecia y mi patria: España.

Por favor, Europa, no caigas otra vez.

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