Legalización, simplemente libertad

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Cannabis
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Luis Carlos Parra

Luis Carlos Parra

Estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones Vallisoletano.
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Si alguien rechaza el “laissez faire” en base a la debilidad y a la flaqueza moral del hombre, por la misma razón debe rechazar toda acción de gobierno

– Ludwig Von Mises. Planning for Freedom (1952)

Hemos de tener en cuenta que el gobierno no es más que un conjunto de hombres con las mismas carencias que los demás y, el hecho de haber sido elegidos democráticamente no les hace más virtuosos que los demás, ni siquiera en lo moral.

Abriendo un paréntesis, no es necesario que aquellos que sean férreos defensores de la moral conservadora se “agarren los machos” a la hora de leer estas líneas, dado que no tengo intención ninguna de postularme en contra de los preceptos de la misma. Tampoco pretendo hacer una oda al cannabis ni promover su consumo, tan solo hablar de libertad.

Aunque aceptáramos que esos hombres que elegimos democráticamente serán, por el hecho de ser elegidos, más virtuosos en lo moral que cada individuo –premisa mayor que rechazo categóricamente-, seguiríamos ante el dilema de si por ser “más morales” deben obligarme a seguir sus preceptos. Pues bien, esto hemos de rechazarlo porque ello, simplemente, significa el abandono de nuestra libertad moral (aunque sea en pos de un supuesto bien mayor).

Sin embargo, hemos de ir más allá, ni siquiera deberíamos permitirles “aconsejarnos” utilizando medios de propaganda estatales (TV pública), pues ello supone permitirles, utilizando la posición superior de esos medios de propaganda gubernamentales con respecto a los privados –debido a la procedencia pública de los recursos estatales-, hacer de algún tipo de guía espiritual no aceptado voluntariamente y se deriva en un adoctrinamiento contra esa minoría de distinta moral.

En ciertas ocasiones, parten de la premisa de que el Estado debe proteger al individuo, incluso contra su voluntad. Aunque lo aceptáramos -que no es el caso-, el Estado debería limitarse a protegerlo de los factores que no pueden ser influidos por su capacidad de decisión, es decir, debería hacerlo aceptando que “toda persona es responsable de sí misma”, lo cual reconoce el artículo 6 de la Constitución Federal de la Confederación Suiza (que habríamos de limitarlo a las personas adultas en pleno uso de sus facultades mentales). De esa forma, debería permitirse al individuo actuar siendo consciente de los riesgos a asumir, siempre y cuando, estos no afecten a la propiedad, a la libertad o a la integridad física o psicológica de los demás. El consumo de cannabis solo tiene consecuencias hacia el consumidor y, deberíamos permitir que cada persona adulta decida si desea o no asumir ese riesgo, en función de cómo valorará los beneficios que el consumo de cannabis le reporta.

Por otra parte, quisiera reseñar que el tráfico de estas sustancias (cannabis y sus derivados no sintéticos) debería estar exento de restricciones, pues así no se vulnera lo que se puede interpretar como una de las libertades mayores. Los mayores enemigos de la ideología liberal, Karl Marx y Friedrich Engels señalaban lo siguiente: “Aspiramos a ver abolida (…) la libertad burguesa. Por libertad se entiende, dentro del régimen burgués (…) la libertad de comprar y vender” (Manifiesto del Partido Comunista – 1848).

Y es que, en verdad, la libertad de mercado y, en general, la libertad económica son la base del resto de libertades, por ello el libre tráfico de estas sustancias no es algo propio de la ideología de algunos partidos de ideología comunista que si lo defienden –aunque sea con propósitos electoralistas-. La defensa de la libertad de consumo y de la libertad de mercado ha de ser lo propio del movimiento liberal-libertario.

En último lugar, quisiera entrada de muchos nuevos competidores, situación que es consecuencia de la apertura del mercado, forzaría el abandono de este por parte de las mafias -no acostumbradas a mercadear en un mercado en competencia-. Y, como siempre que existe competencia el precio se reduciría hacia un precio de equilibrio y la calidad aumentaría, debido a la necesidad de un oferente de vender más que el oferente adyacente –lucha por un mayor beneficio económico- y al aumento de influencia de los demandantes por saber que no están actuando de forma contraria a la legalidad vigente. Otra de las consecuencias sería, seguramente, el aumento de inversión –privada- en el sector, lo que permitiría la evolución del producto hacía uno de mayor calidad y menos dañino (pongamos como ejemplo la bebida que produce ebriedad sin los efectos hepáticos del etanol, o la pastilla que anula la “resaca”).

Prohibir el cannabis no es proteger al ciudadano, es restringir sus libertades fundamentales e impedir que asuma sus responsabilidades ejerciendo un proteccionismo paternalista que limita el desarrollo de su propia moral, pretendiendo sustituirla por la moral del estado.

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