Los liberales no resistiremos

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Luis Molina Aguirre
Luis Molina nació en Madrid en el mes de junio de 1974. Cursó estudios de delineación, posteriormente de informática y en la actualidad de Derecho. Fue militar profesional, escolta privado y desempeñó distintas funciones en el terreno de la seguridad que le llevó a viajar por toda España. Finalmente se decidió por la profesión para la que había estudiado. En la actualidad compatibiliza su labor de escritor con la de informático y colabora en el períodico Más Brunete como conlumnista y con una serie de relatos cortos de terror.
Luis Molina Aguirre

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Papá estado

Pasan los años y el problema, lejos de arreglarse o mitigarse, parece que se enquista cada vez más, resultando muy complejo tratar de transformar una sociedad dependiente de “papá Estado” en una sociedad libre.

Si bien el problema es generalizado, parece como que, en nuestra nación, la garrapata del poder intervencionista se ha introducido más dentro de nosotros dando la impresión de ser incapaces de valernos por nosotros mismo, necesitamos que una administración decida por nosotros qué hacer, cuándo, cómo y dónde.

Una falsa seguridad

La gente en general busca con ahínco, y cada vez más, un líder, tal y como afirmaba José Manuel Otero Novas en su novela El retorno de los césares.

Pero no uno que les lleve o acerque a la libertad, sino uno que los someta a cambio de una falsa seguridad, que se ha demostrado más bien frágil ante los reiterados atentados yihadistas, además, de un falso y engañoso estado de bienestar, pues no puede existir mayor bienestar que el que uno mismo elija y no el que “papá Estado” decida en cada momento el que debemos tener en función del Gobierno de turno o de las circunstancias cambiantes de una economía bamboleante ante el desmesurado e injusto intervencionismo estatal mundial.

La cultura del esfuerzo

En realidad, Alexis Tsipras, Donald Trump, Le Pen, incluso Pablo Iglesias, no son más que el reflejo de una sociedad acomodada, débil y, en cierto modo, embrutecida, que busca desesperadamente que alguien les saque las castañas del fuego, en lugar de hacerlo por ellos mismos, pues tantos años alejados del liberalismo y tanto tiempo bebiendo de las mentiras de la socialdemocracia, sobre todo en Europa, provoca que la gente no sepa que con esfuerzo, en lugar de con subvenciones; con constancia, en vez de desidia; con alegría, en lugar de desesperanza; con iniciativa, en vez de sumisión… se pueden lograr los objetivos que uno se haya marcado en la vida.

Todos los líderes mencionados anteriormente, al margen de su ideología política, están cortados por un mismo patrón económico, un patrón muy peligroso que solo puede conducir a la ruina de la mayor parte de las economías mundiales, este no es otro que los detestables intervencionismo y proteccionismo, donde un poder establecido y no los mercados, decide lo que debe valer el dinero; decide si una empresa privada va a pasar a ser pública o no; aumentan los impuestos de las personas físicas y jurídicas de forma aleatoria y arbitraria… y todo ello, con el único propósito de financiar el gigantesco sistema administrativo y redistribuir la riqueza en función de una serie de criterios, cuando menos discutibles.

Hablar de la libertad

La gente quiere ser libre, habla de libertad

“Yo soy libre. Vivimos en un país libre.”

Dicen muchos, cuando lo cierto es que cada vez más, nos hallamos postrados a los pies de unos Estados todopoderosos que utilizan nuestros impuestos para someternos.

La voz de “papá Estado” se alza fuerte para convencernos:

“No os preocupéis, yo os proporcionaré sanidad, educación, jubilaciones, subvenciones y todo aquello que necesitéis a lo largo de vuestras engañadas existencias”

Todos al mismo tiempo asentimos con nuestras cabezas grises, porque el ser humano continúa siendo el vivo ejemplo de los hombres grises de Momo, de Michael Ende.

Lo que más me asombra es pensar que la gran parte de la población acepta sumisa el pensamiento absurdo de que es normal este atroz intervencionismo, que es normal que se amordace al libre mercado, para ayudar a “los más necesitados”, algo ridículo.

El problema real es que la mayor parte de la gente cree de verdad que el dinero público no es de nadie, como dijo cierta Ministra de ZP, o que el dinero se saca apretando un botón de la Fábrica de la Moneda. Pues, lo cierto es que esto no es así, el dinero del Estado sale de los impuestos de los trabajadores.

Para que una persona tenga ayudas y subvenciones hace falta que muchos trabajemos a diario.

Los liberales debemos seguir adelante

Aun, con todo, los liberales no podemos sumirnos en el desánimo, es cierto que todo se torna oscuro ante un futuro incierto rodeado de personas y líderes que pretenden decirnos qué hacer en cada momento, es verdad que existen partidos y dirigentes políticos que se disfrazan de liberales cuando son tan socialdemócratas como el PSOE y estoy hablando tanto de C’s como del PP.

Pero oídme amigos, hoy más que nunca debemos seguir adelante, luchando, dando la batalla de las ideas, haciendo de muro de contención ante el avance del proteccionismo, ante el arrasador empuje de la socialdemocracia del siglo pasado.

Hoy debemos apretar los dientes y demostrar al mundo entero que otra sociedad es posible, aquella que destaque por el mérito, el esfuerzo, el sacrificio… aquella que sobresalga por encima de la mediocridad.

Pero, sobre todo, hagamos lo que dijo Churchill:

“Never, never, never give up!”

2 Comentarios

  1. cristobal
    cristobal 3 meses hace

    El problema es que la sociedad occidental es una sociedad acomodada. y como acomodada que es, es reaccionaria. da igual que vayan de mercantilistas (pp) o socialistas. son todos unos estatistas que como ya he dicho en algún articulo, solo pretenden mantener su status quo aunque sea por la fuerza.

  2. Luis Autor
    Luis 3 meses hace

    Muy buenas Cristobal, creo que tienes en parte razón, pero limitar la desidia y el conformismo a la clase política, me parece limitar demasiado el problema, los políticos no son más que un reflejo de la sociedad. No queremos que roben, faltaría más, pero tampoco queremos pagarles un salario adecuado a su responsabilidad. En España, Europa en general, existe un problema de exceso de Estado, el poder de la administración es muy grande y esto es así por la población, así lo quiere. Desde la Ley de Accidentes de Trabajo de 1900, el Estado no ha hecho otra soca que, al hilo de las demandas sociales, intercambiar más Estado Social por libertad y todo aquel que no lo reclamaba, simplemente lo ha aceptado sin rechistar. Yo creo que el Estado Social es bueno, pero no uno de máximos imposible de mantener, yo creo en un Estado Social de mínimos, en el que el individuo sea capaz de decidir por sí mismo qué es lo que más le conviene hacer. Cuanto más poder acumula el Estado, cuando más nos “protege”, más lejos estamos de la mayoría de edad, nos alejamos de la edad adulta para avanzar hacia un Estado infantil, donde “papá Estado” nos tiene que decir continuamente qué hacer y cómo hacerlo. Yo, personalmente, no quiero eso.

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