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Autobiografía educativa (3)

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Joaquín Brotons

Joaquín Brotons

Profesor de Filosofía y Ciencias Sociales
Joaquín Brotons

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Denuncia

Me denunció hasta mi compañera de departamento por no seguir sus instrucciones.

Yo solía aprobar con un 5 pelado a mucha gente al final de curso, porque habían cumplido los mínimos, porque se habían esforzado y porque no se iban a dedicar a la filosofía durante el resto de sus vidas.

Pero a mi jefa eso le parecía intolerable.

Le parecía más conveniente suspender al 80% de la clase y crear una élite de pelotas sabihondos.

Me di de baja, y así estuve durante dos largos años.

Nunca entré en depresión, pero era evidente mi frustración personal y profesional, mi aislamiento social.

Seguía padeciendo de ansiedad y un día perdí el juicio y al final tuve que ingresar en un hospital psiquiátrico de Barcelona, donde estuve unos quince días.

Tengo diagnosticado un trastorno mental, en concreto esquizoide-afectivo, y me medicaré hasta el resto de mis días.

La pastillita y a dormir, es mi rutina.

Saber demasiado

Leyendo entonces Gulag de la periodista Anne Applebaum conocí la situación de los últimos disidentes de la Urss, cuando hacía tiempo que ya no les mandaban a los campos de trabajo esclavo y optaban por enviarlos a los manicomios.

Al parecer, había una especie de acusación común contra ellos, y era el intolerable deseo de estos “locos” de saber demasiado.

Nada de investigar a fondo sobre la verdad y la justicia.

Me sentí muy identificado con ellos, la verdad.

Me iba a reincorporar al centro donde me habían expulsado durante seis meses cuando en España se aplicaron algunos recortes en el sistema educativo.

Plaza suspendida en el sistema educativo

Mi plaza fue suspendida temporalmente y me declararon en situación de desplazado.

Tuve que elegir un nuevo destino y no lo pensé dos veces cuando vi que podía elegir una escuela de adultos en la misma ciudad de Elche.

Ya no enseño filosofía pero, aunque los inicios fueron difíciles, como es normal, no puedo estar más contento.

Lo mejor de la escuela de adultos no es solo que los alumnos son adultos y por tanto hay disciplina y respeto.

Lo mejor de la escuela de adultos no es solo que no tenemos que hacer guardias y que los alumnos van a clase porque quieren.

Lo mejor de la escuela de adultos, al menos de la que conozco, es que parece una escuela privada.

Por supuesto, no hay que adoctrinar a nadie en el voto por obligación sistémica.

Por supuesto, al inspector no lo vemos ni en pintura porque a la administración no le importa la enseñanza de adultos (¡gracias a Dios!) y el Gobierno no viene a ayudarte.

Por supuesto, nuestra autonomía es casi total, somos pocos y vigilamos los gastos (a pesar de ello, tenemos unas instalaciones excelentes).

Siempre hay algún profesor desalmado y vago que se queja y que se cree que la educación por ser pública es de su propiedad, pero esto es totalmente una excepción, al menos en mi centro.

Incluso estoy enseñando algo de Adam Smith y de liberalismo económico en una asignatura que se llama Mundo del Trabajo.

A ver si sirve para algo.

Esta es mi historia en el sistema educativo.

Libertad de educar

Siento lo prolijo del artículo pero mi objetivo no era hablar de mí sino poner de manifiesto cuál es la dura y cruda realidad del sistema educativo español.

Si no paralizan la Lomce, a medio plazo mejorarían algunas cosas.

Pero lo que a todas luces necesita recuperar la sociedad civil española es nuestra libertad y nuestros derechos, nuestra independencia y nuestra iniciativa.

Lo primero de todo es devolver a los padres la responsabilidad y la libertad de educar a sus hijos, hoy delegada en el Estado.

Para ello debemos reinvindicar con todas nuestras fuerzas la libertad educativa, que debe empezar por la libertad de empresa.

Es decir, por la libre creación de escuelas privadas de coste asumible por las rentas medias y bajas de nuestra sociedad.

Conclusiones

Hay que recuperar la franca y abierta relación (incluso comercial) entre padres y profesores.

Hay que recuperar nuestra capacidad de ser dueños de nosotros mismos dentro de lo humanamente posible y razonable.

No puede ser que, en este sentido, hubiera más libertad a finales del franquismo que en la democracia que hemos construido desde entonces.

Quisiera agradecer a Coro Xandri la oportunidad que me ha dado de escribir este artículo.

Este artículo está dedicado a la memoria de Francesca Cabrisses, fundadora de la Escola Llebetx.

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