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Que no decidan por ti

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Ignacio Blanco

Ignacio Blanco

Licenciado en Ciencias Económicas, Licenciado en Derecho, Postgrado en Finanzas por la Universidad de Wisconsin. Trabajó en Morgan Stanley, como director de empresas participadas de importante family office. Autor de publicaciones relacionadas con el mundo financiero. Actualmente es socio fundador y mayoritario de despacho de abogados con sedes en Asturias y Valladolid cuya especialidad son las reestructuraciones empresariales.
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Que no decidan por ti

Somos 47 millones que compartimos una forma la vida basada en el respeto a los demás y en la colaboración voluntaria, sustentada en el respeto a la libertad individual, pero unos pocos nos quieren dividir el 1 de octubre.

Unos pocos nos quieren dividir, los unos por interés, pues lo contrario segaría su carrera política y su modus vivendi; otros por convicción pues así lo sienten; otros por desidia al no exteriorizar su disgusto interno, pese a su malestar con el proceso; y otros por negligencia, pues su gestión del separatismo debería haber ido más allá de abrazos, puros, escaños, dinero público y hablar catalán en la intimidad.

Unos pocos organizados y violentos, entendiendo también por violencia el quebrantamiento de la ley, arrastran a una irrelevante mayoría pacífica y silente, que espera la solución de un gobierno nacional del que reniegan en público, pero anhelan en privado. Un gobierno nacional que se ha servido del nacionalismo, abandonando a la mayoría, al dictado de una minoría excluyente y totalitaria. Un totalitarismo que se muestra impúdico, en el “bodrio” de proyecto de Ley de Transitoriedad.

Somos 47 millones de ciudadanos españoles. 47 millones de ciudadanos en quienes reside la soberanía nacional y que habitamos a lo largo y ancho de España. El lugar de residencia no otorga derechos específicos, ni derechos diferenciales. Pretender que el lugar de residencia otorgue a las personas derechos diferenciales sobre la base de una supuesta identidad como “pueblo”, es caminar hacía una ideología identitaria, supremacista y excluyente.

La fe que falta en las iglesias, rezuma en el procés. Una fe basada en la utopía de una independencia soñada más que real. Una independencia de la que se desconocen sus consecuencias, pero de la que los chamanes hablan en catalán. Es gratificante fantasear con el paraíso inexistente.

En Cataluña se fragua el gran experimento de los enemigos de occidente para abolir nuestra forma de vida, en pos de una nueva sociedad utópica y totalitaria, de funestas consecuencias, como la historia nos ha demostrado. Secesionistas, Nacionalistas, Comunistas, Animalistas, Islamistas, Ocupas o Aantisistema, dirigen el alocado discurrir de lo que fue la envidia de todos los españoles.

No existe un derecho de secesión autonómico. Es sólo un intento de imponer a los habitantes de una comunidad autónoma los intereses políticos de una minoría. Un gobierno que abandona la legalidad rompe los límites que impiden su deriva hacia el totalitarismo.

En Cataluña hay un ambiente de opresión hacia todo aquel que cuestione cualquier aspecto de la ideología Nacional-Catalanista. La deriva de una parte de la población catalana hacia postulados segregacionistas y excluyentes, basados en una visión identitaria, no se debe a una deriva social, sino a un largo proceso de ingeniería social impulsado por una élite política corrupta. Los Arranes de hoy son los hijos de la cesión de competencias en educación hace más de 20 años.

Tras el hundimiento del nacionalismo catalanista en un mar de corrupción, el proceso secesionista está ahora liderado por corrientes populistas de orientación neocomunista, que ven en la secesión una oportunidad única de hacerse con el control del aparato estatal. Una vez abandonado el cauce legal y conseguido el poder, es ingenuo pensar que la legalidad democrática vaya a ser reimplantada por aquellos que hacen del desprecio a la ley su modus operandi.

Desde una óptica liberal es discutible el derecho de autodeterminación de cualquier grupo humano. Pero siempre se ha de anteponer el derecho a la libertad. Derecho, este sí, indiscutible. Todos aquellos que no comulgan con el nacional-catalanismo ven hoy sus libertades civiles gravemente restringidas, pese a tratarse de un gobierno autonómico con competencias limitadas. Pero lo estarán mucho más si un gobierno plenipotenciario alcanza el poder mediante un procedimiento ilegal. La secesión no es una liberación del estado, sino la creación de otra megaestructura estatal. Nunca se vio que la solución a un problema fuese su multiplicación.

Somos 47 millones y decidimos 47 millones. No podemos seguir silentes mientras se nos coartan nuestras libertades civiles y se nos impone la entelequia Nacional-Catalanista. Por eso di no a la ilegalidad, di no a la secesión, di no a que decidan por ti, di no a que la decisión de otros condicione el resto de tu vida. En El Club de los Viernes, rechazamos la convocatoria del pseudo-referéndum secesionista en Cataluña, por considerarlo no solo ilegal, sino atentatorio contra las libertades civiles del conjunto de ciudadanos españoles y muy especialmente contra las de aquellos que actualmente residen en la Comunidad Autónoma de Cataluña. Por ello iniciamos hoy una campaña de firmas para demostrar que esa mayoría hasta ahora silente quiere hablar, con el hastag #Deciden47Millones.

Artículo publicado originalmente en La Gaceta

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