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El no-partido de la gente, un nuevo partido en Uruguay

El no-partido de la gente, un nuevo partido en Uruguay
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Alfonso Vicente

Alfonso Vicente

Ingeniero en Computación por la Universidad de la República, aficionado a la filosofía y liberal por convicción, escribe desde Uruguay.
Alfonso Vicente

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Elecciones departamentales de Uruguay

En las elecciones departamentales de Uruguay de mayo de 2015, sólo para el caso de Montevideo, el Partido Colorado y el Partido Nacional hicieron una alianza electoral llamada Partido de la Concertación.

El candidato más votado de este partido, Edgardo Novick, no ganó la Intendencia de Montevideo, pero fue el segundo candidato más votado, con 210.230 votos.

Posiblemente alentado por los resultados de la elección municipal, Novick se dispuso a crear una estructura política de nivel nacional, llevándose consigo algunos pocos representantes de los partidos Colorado y Nacional, y construyendo un discurso político basado en la crítica al gobierno del Frente Amplio, en las denuncias de corrupción, y centrado en la importancia de la gestión.

La crítica como discurso

El problema es que la crítica se ha convertido en su discurso, y se declara “libre de ataduras ideológicas”.

Es un enemigo de las ideas, en el sentido de que ha hecho foco únicamente en la gestión.

El problema que Novick no advierte, o advierte y se hace el distraído, es que el sentido del voto es elegir representantes, y lo que un candidato puede representar son las ideas de los votantes.

Lo lógico sería que cuando un candidato pide el voto, enuncie cuáles son sus ideas, de forma que el votante pueda elegir al candidato que crea que lo representa mejor.

Y más allá de las ideas sueltas, cuando un candidato enuncia cuál es su ideología, o si se prefiere, el conjunto de valores y principios en los que esas ideas se sustentan, el votante puede estar más seguro de que ese candidato razonablemente lo representará (o no) aún en los temas que escapan a las posibilidades de propuesta específica en la campaña electoral.

Un nuevo partido político : Partido de la Gente

Por si no fueran suficientes las dificultades de identificación ideológico-partidarias en el Uruguay, como apuntaba en mi artículo El liberalismo en el Uruguay, Novick suma otro elemento de confusión al espectro político creando un nuevo partido al que llamó “Partido de la Gente”.

El objetivo de un partido político

Hagamos otro paréntesis para analizar cuál es el objetivo de un partido.

En una democracia, donde los ciudadanos eligen un gobierno representativo, los candidatos se agrupan en partidos en función de su cercanía ideológica… o histórica, o incluso emocional.

El punto es que estos partidos se denominan de alguna forma para diferenciarse de los demás, y entonces si hay un partido socialista y un partido liberal, la persona que se considere socialista votará al primero y la que se considere liberal votará al segundo.

Lo mismo ocurrirá con el que se considere colorado, blanco, o frenteamplista, más allá de los motivos (y de las dificultades racionales) que tenga para identificarse de esa manera.

El nombre de “Partido de la Gente”

El nombre de un partido debería designar de alguna forma la razón por la cual se agruparon las personas en ese partido en primer lugar, y tal vez el lenguaje nos pueda ayudar a advertir el sinsentido del nombre “Partido de la Gente”.

Alguien que simpatiza con el Partido Colorado se dice colorado, alguien que simpatiza con el Partido Nacional se dice blanco y alguien que simpatiza con el Frente Amplio se dice frenteamplista, y cabe la pregunta ¿cómo se denominará el gentilicio de las personas que sientan afinidad por el Partido de la Gente?

¿Gentense? ¿Genteño? ¿Gentino?

Como todos somos gente, todos podrán votar ese partido, y tal vez sea esta la razón de tal bautismo que huele a nulidad de propuesta y a populismo.

Cuando Novick registró el Partido de la Gente en la Corte Electoral, dijo: “Ha nacido un partido nuevo. Este partido se ubica en el centro, bien en el centro, porque si querer mejorar la educación es de izquierda, somos de izquierda, pero si queremos combatir la delincuencia, somos de derecha”. Claro, tenemos lo mejor de todos los mundos y lo peor de ninguno, no tenemos ideología… lo único que importa es la gestión. Novick ha dicho también: “Va a haber propuestas, pero este no es el momento de hacerlas”.

Habrá que esperar a que las haga, pero serán probablemente ideas sueltas y promesas de buena gestión.

Las promesas de buenas gestión

El problema es que las decisiones de gestión, las que realmente son técnicas, se entienden en un marco donde hay una técnicamente mejor que la otra.

Las decisiones políticas, serán mejores o peores en función de cuál sea su ideología.

¿Es mejor que el Estado se preocupe de la salud pública y deje hacer a la salud privada, o es mejor que intervenga en todo el sistema?

Ese tipo de decisiones no son técnicas, sino políticas, y los votantes tenemos derecho de conocer por adelantado la ideología de los partidos.

El “vale más rico y sano que pobre y enfermo” es una demagogia.

La demagogia es un insulto a la inteligencia de los votantes, y el partido de Novick es un no-partido, el no-partido de la gente.

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