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Nuestro sistema de pensiones

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Alberto Domínguez Carrasco

Alberto Domínguez Carrasco

Diplomado en Ciencias Empresariales y Grado en Finanzas y Contabilidad.
Alberto Domínguez Carrasco

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El sistema de pensiones

Cuando oímos hablar sobre la falta de liquidez en la llamada “hucha del sistema de pensiones” los más jóvenes pensamos, que pasará con las nuestras en 30 o 40 años. Si será posible que tengamos una digna pensión o si al menos podremos jubilarnos.

El sistema de pensiones actual “se alimenta” de la contribución de los trabajadores en activo, es decir, el pago de nuestras cotizaciones se destinan para pagar a los pensionistas de hoy en día, entonces, ¿cuándo nos jubilemos nosotros los trabajadores de ese momento en activo pagarán las nuestras?

La respuesta sería sí, pero claro, el futuro de la sociedad española, según los estudios, será de un trabajador por pensionista, ¿qué ocurriría por tanto?

Pues muy fácil, que nuestro sistema está colapsado.

La estafa del sistema de pensiones

Hasta aquí llega nuestra preocupación, pero antes me gustaría analizar dos puntos esenciales para entender porque estamos ante un sistema del que podríamos llamarlo como “estafa”.

Herencia de la pensión

El primero es sobre la herencia de la pensión, por ejemplo, una persona que cotiza alrededor de 700 euros mensuales, está pagando por sanidad, educación y su futura pensión.

En teoría cuando llegase su jubilación podría optar a una pensión mensual de alrededor de 1.200-1.500 euros (dependiendo de varios factores), pero este señor o señora a la edad de jubilación fallece, y su pensión pasa a manos de su pareja (en el caso de que estén casados, sino se suprimiría la pensión), pero la pensión se vería reducida en un alto porcentaje debido al fallecimiento del miembro principal que ha contribuido, pero si por desgracia ésta fallece, ¿qué ocurre con la pensión?

Pues simple y llanamente desaparecería, ¿y todo lo que ha contribuido durante tantos años?

Pues lo pierde, porque sus herederos no la pueden heredar.

Mínimo de años a cotizar

El último punto sería conforme al mínimo de años que se han de cotizar para tener derecho a una renta.

Actualmente es de 15 años, pero que ocurre por ejemplo, cuando debido a la crisis actual amas de casa que no han trabajado, pero que a una edad cercana a la jubilación han tenido que comenzar a trabajar para traer dinero a casa, pues ellas, deben de pagar sus cotizaciones aunque no llegue a esos años que estamos comentando, por lo tanto, ¿por qué deben de pagar si saben que no recibirán nada a cambio? Pues porque el sistema lo obliga.

Las pensiones privadas

En el caso de las pensiones privadas no ocurre la primera situación, es decir, si la persona que ha estado contribuyendo fallece pasa a su pareja o herederos en su totalidad (la cuantía depende de su contribución, pero en línea generales tiende a ser más elevada que la pública).

Ahora estaremos pensando porque no dejar de contribuir a las pensiones públicas para empezar mi propio plan de pensiones privado, pero ¿y qué ocurre? Que el Estado no nos permite dejar de contribuir, e incluso rechazando sanidad y educación pública por un sistema privado de ambos.

En el segundo caso, en el plan de pensiones privado no estamos obligados a contribuir por ningún mínimo de año, sino por la cantidad y tiempo que creamos oportuno.

El estado de bienestar y el sistema de pensiones

Ahora mismo nos llega a la cabeza la forma de ahorro de nuestros abuelos, ellos solían decir “el dinero bajo el colchón”, pero en este caso la inflación se comerá nuestro dinero, es decir, con el paso del tiempo ese dinero irá perdiendo valor.

El estado del “bienestar” es incompatible con el verdadero bienestar de la población, y cada vez estamos más cerca de que uno u otro colapsen definitivamente, por lo que ha llegado el momento de posicionarse con claridad y dejar de engañar a la gente.

En resumen, estamos ante un sistema impuesto, no elegible, en dónde, con nuestras cotizaciones, no pagamos nuestras futuras pensiones, sino la de los pensionistas actuales.

En conclusión, podemos afirmar que financiamos de este modo al estado, no a nosotros.

Nos venden un sistema que no es, y que con ello, le llaman el estado del “bienestar”.

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