Otro alegato liberal en contra del aborto

Otro alegato liberal en contra del aborto
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Javier Bardavío Ara

Javier Bardavío Ara

JAVIER BARDAVÍO ARALicenciado en Medicina por la Universidad de Barcelona, especialista en Oftalmología en Reino Unido. Máster en Investigación en Ciencias Clínicas (2008). Master en Gestión Sanitaria (2012). Larga experiencia como clínico y cirujano, también como gestor sanitario, menor como investigador. Jefe de servicio en un hospital céntrico en Barcelona hasta 2013. Ahora director clínico de servicios de oftalmología en Tarragona, y estudiante de Economía.
Javier Bardavío Ara

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Agradezco mucho el artículo “Un alegato liberal contra el aborto” que es de gran valentía y además opino que el enfoque es original y válido.

Quisiera, no obstante, responder a algunas de las objeciones que se hacen en los comentarios.

Pero hay una pregunta absurda que me gustaría hacer de antemano: imaginemos a un tipo de 25 años que casualmente sabe que fue considerado un bebe no deseado por sus padres pero salvado por sus abuelos del aborto, ¿qué creen que respondería si le preguntáramos si preferiría o no existir?

La moral liberal acerca del aborto

Los liberales estamos plenamente dotados de una moral, la moral del hombre, la que nos ofrece la ley natural, la de la razón. No es necesario recurrir a la teología para hablar de moral  ni es imprescindible desprenderse de la moral para ser liberal.

Es más, el liberalismo es una corriente que fundamenta fuertemente sus argumentos en la moral. En la naturaleza del hombre subyace la necesidad de establecer unas normas de conducta que emanan de su capacidad de razonar y de su tendencia a cooperar.

El liberalismo no pretende responder a todo. Pero permite hacerlo. Estimula las ideas, las que sean, discutirlas y mediante ellas mejorar la vida, la libertad y la sociedad.

No envidiamos, pero admiramos!

De la misma forma considera todo tipo de argumentación.

Y nos arrogamos el derecho a discrepar y a rechazar los argumentos no convincentes o que nos disgusten u ofendan.

Por lo tanto, el liberalismo, que se basa en el ejercicio de la libertad del individuo, está dispuesto a tratar y dar respuesta a toda pregunta por compleja que esta sea sin imponerse limitación alguna: incluido el crucial asunto del aborto.

En el seno del liberalismo existe una premisa esencial: debe protegerse la libertad de los demás si pretendemos que se proteja la nuestra.

Para proteger la libertad primero debe protegerse la vida.

Y he ahí, en ese embrión, un ser humano que desesperadamente necesita que sus congéneres le demos protección.

Embrión humano

El embrión humano es humano desde su misma concepción.

Ni tiene conciencia de sí mismo, ni la tendrá hasta mucho después del nacimiento del bebe.

Ni podrá protegerse a sí mismo hasta mucho después del nacimiento.

Pero es plenamente humano simplemente por su dotación genética.

Si se implanta un embrión no humano en una madre humana, no prospera.

Si se implanta un embrión humano en una mujer que no es genéticamente su madre, el embrión puede perfectamente prosperar.

No hay duda de su humanidad.

Pero tampoco de su carencia de conciencia de sí mismo ni de su dependencia absoluta tras el nacimiento.

No puede confundirse el embrión humano con el de un tejido cualquiera: el ser humano se reproduce mediante un mecanismo sexual que requiere de dos células distintas, especializadas, que contienen la mitad de la carga genética de una célula normal, para lo cual siguen un proceso de maduración distinto del resto de las células del organismo.

Son completamente diferentes y están en nosotros, en nuestra misma normalidad.

El proceso evolutivo

Nada ocurre según los designios del azar sino que responde a un maravilloso proceso evolutivo.

Para ejercer la imprescindible función de reproducción deben unirse y crear a un individuo que vuelve a tener la carga genética normal.

El sistema reproductor femenino especializado en resguardar al embrión y posteriormente al feto, responde a una función, la de engendrar a ese nuevo humano que posee parte de su código genético.

Es precisamente por todo esto que no puede considerase un agente externo en absoluto puesto que la mujer posee esa estructura vital en sí misma, con sus células especiales, desde su misma evolución embrionaria para fecundar y proteger a su hijo.

No es una enfermedad ni un agente invasor, se genera en el mismo interior sin suponer anormalidad ninguna.

Es parte de la función humana, no tiene nada de alienígena, somos nosotros mismos y todos hemos pasado por ello.

El crecimiento del embrión

Pero yendo más allá en el argumento, el embrión en sí no molesta, tiene un tamaño minúsculo, y el único trastorno que ocasiona a la madre en el estado inicial de gravidez  es la interrupción de la menstruación. Lo que teme la madre es el estado neonatal posterior del ser que lleva dentro, el embrión evolucionado, el bebe, el hijo y la incapacidad de eliminarlo en el estado posterior al nacimiento. Teme al bebe y elimina al embrión.

¿Qué pasaría si un embrión no creciera?

¿Si simplemente siguiese siendo embrión durante años?

¿Alguna madre se sometería a una intervención y el riesgo que ello comporta para eliminar un embrión que no se está convirtiendo en bebe? Probablemente no.

La proyección que hace la madre portadora de un embrión es la de sus bebe al cabo de unos meses y es ese bebe el que desea no tener. Pero es perfectamente capaz de relacionar el embrión con el bebe, porque son el mismo ser.

No parece muy justo negar el derecho a prosperar de un embrión, que es humano, en función de su futura existencia, cuando lo que efectivamente hace uno al abortar es precisamente negar la vida de aquel que será y que es al que uno teme.

Y lo hace en contra de su futura voluntad pues aquel hombre de 25 años del primer párrafo, hubiese con toda seguridad respondido a la pregunta que le formulábamos un rotundamente, no.

La capacidad de decisión

En cuanto a la capacidad de decisión de un embrión, ¿acaso tiene sentido alguno preguntarle a un bebe de doce meses algo así?

“¿Quieres dejar de existir?”

O ¿sería razonable eliminar a un bebe de doce meses que respondiera, “Sí, quiero!”? Yo diría que no, rotundamente.

¿Podemos asumir que un neonato o un bebe tienen semejante capacidad de decisión, que es precisamente la que se le exige a un embrión para existir o dejar de existir?

De nuevo, rotundamente no.

Y sin embargo nadie duda del derecho a vivir y a la protección de la vida de un bebe de la edad que sea.

¿Y qué capacidad de negociación puede tener un embrión?

¿Acaso puede exigírsele?

¿O un niño de 6 años?

¿O un adulto con una invalidez intelectual?

¿Es eso motivo para retirarle el derecho más elemental?

Los humanos no somos negociadores autómatas: somos imperfectos y subjetivos, muchas de las cosas que hacemos son por intuición.

La carencia de esa perfección del autómata la compensamos con fenómenos generadores de enorme energía como el amor (sí, amor, ese fenómeno tan emocionalmente subjetivo del que los ateos también gozamos).

Ese fenómeno natural es suficiente para cubrir todas las carencias de un ser desprotegido como un embrión o un bebe.

La realidad de la humanidad

El amor de la madre y del padre es todo lo que necesita ese embrión para medrar en su vida.

Y esa es la realidad de la humanidad, llevamos milenios comportándonos así.

Cuando Darwin observó a las madres primates cuidar a sus crías, no pudo más que relacionarlas con lo que veía en las madres humanas: es natural prestar esos cuidados, es natural no esperar nada a cambio de ese ser que es tuyo, su mera existencia provoca la mayor de las satisfacciones.

Está dentro de nuestros intereses más íntimos y personales el querer amar y anhelar ser amados.

Y no necesitamos exigirle un comportamiento racional, aceptamos que un embrión es el principio de un hecho extraordinario que simplemente vale la pena proteger.

El ser humano es un fenómeno continuo.

Nace y evoluciona durante su vida.

El tiempo es un factor inherente a nuestra vida: vivimos nuestra vida en el tiempo.

Y nuestras vivencias, todas ellas, tienen un tiempo.

Ese embrión, ni tiene conciencia, ni tiene brazos, ni racionalidad alguna: pero contiene todos los elementos para desarrollarlos, todos!

Incluida a su madre que le dota del soporte biológico y físico para que él se desarrolle.

No le falta ninguno.

Disfrutar de nuestro paseo evolutivo

¿Acaso alguno de los liberales que escriben o leen en este blog nacieron con estos ideales o conocimientos, o habían leído a los autores que admiran antes de nacer? Los hemos leído porque se nos ha dado la oportunidad de hacerlo.

Porque hemos podido disfrutar de nuestro paseo evolutivo por el tiempo.

Porque alguien que nos engendró decidió no practiar el aborto.

La vida del hombre transcurre en el tiempo y evoluciona con él desde su concepción hasta la muerte.

Cada día de nuestra vida es nuestro y el previo condiciona al posterior: nadie puede haber sido sin haber sido antes un embrión.

Si nos niegan la vida hoy, mañana deja de ser.

La evolución de cada individuo es mucho más que importante, es crucial.

Un adulto en acto, no siempre lo ha sido, fue un adulto en potencia previamente.

Al igual que el canal de Suez fue un proyecto y después una realidad.

O al igual que el joven Albert fue un estudiante desastroso y posteriormente Einstein el físico más conocido del siglo XX.

Todo ser humano vivo ha pasado por su estado embrionario.

No son historias distintas, es la misma historia!

Conclusiones

Todo ser humano requiere que su evolución sea respetada, tiene derecho a que su vida tenga un inicio, una evolución y un fin no violentos.

No al aborto.

Incluidos los humanos que por su condición inicial de indefensión total son agredidos sin que los demás hagamos nada por ellos.

Como ven, no necesito a dios ni religión alguna para argumentar en favor de la vida y en contra del aborto: solamente la razón y la moral del hombre.

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