Pobreza, riqueza y desigualdad. Una visión liberal

Pobreza, riqueza y desigualdad. Una visión liberal
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Víctor Manuel Álvarez Albuerne

Víctor Manuel Álvarez Albuerne

Proaza, Asturias, 1964. Aprendiz de la Fábrica de Armas de Trubia. Formado en la Universidad de Oviedo. Postgrado Mentor en la Universitas Telefónica, Universidad Corporativa de Telefónica S.A. Experto en Gestión de la Calidad por el CEF-Madrid. Un cuarto de siglo ( 1989-2014 ) de trayectoria profesional en Telefónica de España y desde 2005 Responsable de Operaciones de la Compañía en Asturias. Actualmente, de mediados del 2014 hasta acá, Director de Operaciones en Global Oil Petrolium.
Víctor Manuel Álvarez Albuerne

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La desigualdad y la visión liberal

Cada día, profetas de toda condición, se dedican a proclamar soflamas sobre la pobreza y su grado de presencia en la sociedad.

Predican a favor de la igualdad o de la eliminación de la desigualdad.

Hablan a todas horas de repartir la riqueza.

Bien, conviene tener claras algunas cosas que más que cuestiones opinables, son certezas. Lo primero es necesario dejar sentado que la condición natural del hombre es la de pobre.

Las causas de la pobreza

Así pues lo que debemos explicar es la riqueza en vez de dedicar tanto esfuerzo a convenir las causas de la pobreza.

Somos pobres por naturaleza.

Si somos capaces de entender esto, será mucho más sencillo darse cuenta de que lo importante es tener claro qué se debe hacer para salir de la pobreza, o dicho de otro modo, qué fórmulas hay, qué debemos hacer, para ser cada día menos pobres que es tanto como ser más ricos.

Y en este punto es capital establecer que la distribución o redistribución de la riqueza es siempre un camino equivocado, porque significa quitarle a alguien lo que es suyo para darle a otro alguien lo que no es suyo.

Así pues, es fundamental sostener que, son la instrucción y el aprendizaje para un buen desempeño quienes deben hacernos menos pobres si las sociedades en las que nos desenvolvemos son abiertas y los acuerdos entre partes son libres y voluntarios.

Ergo, a más instrucción y más habilidades, a más dedicación y más esfuerzo, mejores frutos se obtendrán del trabajo de cada cual.

La desigualdad

Hablemos ahora de desigualdad.

¿ Por qué tanta preocupación por la desigualdad? Uno piensa que la desigualdad tiene una componente muy positiva y es la de mostrar que, en la medida que una persona se esfuerza, obtiene mejores resultados.

Desempeños diferentes no pueden conducir a resultados iguales.

Pero el sentido en que los socialistas, todos los socialistas, manejan el concepto de desigualdad, -lo hacen como métrica de lo poco o mal desarrollada que está una sociedad- supone un engaño manifiesto.

Y es así porque no importa el grado de desigualdad, es irrelevante, lo que importa es el grado de riqueza que es tanto como decir de ausencia de pobreza.

Es evidente que la desigualdad entre mi padre y el padre de Travis Kalanick, fundador de Uber, era mucho menor que la que existe entre Travis y yo.

Pero eso no es lo importante, es más, carece de importancia, lo importante es que yo soy más rico que mi padre y por lo tanto he mejorado respecto a mi origen.

Así pues la clave está en crear riqueza y no en repartir la existente.

Es mentira, al menos a mi juicio, que el grado de desigualdad sea indicador correcto de desarrollo o de subdesarrollo.

El ahorro y la formación de capitales

Y para terminar una mirada al concepto de ahorro.

Cuando hablamos de ahorrar estamos ante un ejercicio muy sano para cualquier economía, sea esta particular, empresarial o de un estado.

Ahorrar, dicho en términos prácticos, supone en esencia diferir disfrutes presentes a futuro.

Cuando dedicamos parte de nuestra renta disponible al ahorro, estamos ofreciéndonos la posibilidad de obtener en el futuro la posibilidad de disfrutar de un bien o servicio.

Pero por el camino, además, nuestro ahorro sirve como herramienta para financiar de forma sana proyectos de terceros.

Nunca será suficiente el esfuerzo que hagamos en fomentar el ahorro como conducta.

Las personas que ahorran son más disciplinadas, gestionan mejor sus recursos, se enriquecen y sobre todo contribuyen a la formación de capitales, lo cual es básico y mortal de necesidad para que el capitalismo sea lo que debe ser, es decir esa herramienta que ha hecho más por el bien de la Humanidad que ninguna otra.

Hay que crear riqueza

Si comprendemos que somos pobres por naturaleza, que la riqueza es y será el fruto del esfuerzo, de las ideas y del desempeño y que el ahorro es la conducta más sana que en la administración de los recursos se puede ejercer, habremos entendido la piedra angular del capitalismo.

Y no, no hay riqueza que redistribuir, lo que hay que hacer es crearla.

Se recomienda vivamente leer “Mañana, el Capitalismo” de Henri Lepage, disponible en Iberlibro.

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