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¿Qué es la democracia? Sus orígenes y su finalidad

¿Qué es la democracia? Sus orígenes y su finalidad
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Javier Jové

Javier Jové

JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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¿Qué es la democracia?

La democracia es el sistema que hasta la fecha mejor articula y garantiza la convivencia pacífica de una sociedad o –en palabras de Winston Churchill

el menos malo de los sistemas políticos“.

Es decir, la democracia es un modelo imperfecto, un medio para mantener el orden social, no un fin en sí mismo.

Sin embargo, en las últimas décadas hemos visto como la democracia ha dejado de ser un medio para convertirse en un fin, una especie de comodín o licencia para perpetrar todo tipo de barbaridades.

El objetivo actual

El objetivo ya no consiste en articular un sistema que posibilite a cada ser humano desarrollar su proyecto de vida libre de arbitrariedades y nepotismo, sino que la democracia se ha convertido en un tótem y en su nombre se justifica todo.

Para muchos, la democracia consiste en votar, y por el mero hecho de haber sido votada, cualquier decisión queda ya legitimada, santificada.

Sus orígenes

La finalidad para la que nació la democracia -como conjunto de instituciones orientadas a garantizar y proteger las libertades personales frente a los abusos del poder político o de terceros- es ya irrelevante, lo importante es que todas las decisiones se acomoden a un sistema procedimental, mecánico, de toma de decisiones colectiva y participativa.

Es decir, se olvida la esencia y la justificación de la democracia para quedarnos con la parte meramente procedimental, mecanicista.

Se desechan el conjunto de instituciones que componen la arquitectura del sistema democrático y nos quedamos sólo con las urnas, como si las urnas fueran la democracia y la democracia fueran las urnas.

Una visión tan reduccionista como peligrosa.

Avanzamos decididamente y con paso firme a la versión corrompida de democracia que Aristóteles definió como demagogia.

Limitar el poder político

La verdadera esencia de la democracia no son las urnas, ni el sometimiento de toda decisión a la regla de la mayoría.

La verdadera esencia de la democracia es la limitación del poder político.

La democracia, tal y como fue configurada en tiempos modernos, nació para proteger a los ciudadanos de los excesos y abusos del poder político.

Que ese poder político estuviera en aquella época en manos de monarcas despóticos y absolutistas o lo esté ahora en omnímodos parlamentos, no cambia el fondo de la cuestión, que sigue siendo la limitación del poder político.

Así es como lo entendieron los Padres Fundadores de la Revolución Americana y por ello construyeron una compleja estructura de contrapesos que evitaban que ninguno acumulara demasiado poder.

El poder del gobierno

Hoy en día toda esa serie de frenos y contrapesos están siendo arramblados y el poder del gobierno se convierte en omnipotente.

La acción del Estado carece de límites y su legitimidad se basa simplemente en la acumulación de papeletas en una urna.

El medio pasa a ser un fin y acaba por convertirse en un régimen despótico, en una nueva forma de absolutismo, de absolutismo democrático.

La democracia entonces deja de servir al hombre y se convierte una nueva forma de opresión.

Lo que importa no es ya sólo si las decisiones y la legislación son verdaderamente democráticas, es decir, si se ciñen a sus fines, sino si han sido adoptadas por procedimientos “democráticos”.

Ya no importa el fondo, sino la forma.

Limitar la acción del Estado

Es por ello necesario embridar a la democracia, fijar límites a la acción del Estado y del legislador, blindar a las personas frente a los excesos reguladores y las intromisiones en terrenos en los que la toma de decisiones compete exclusiva e inalienablemente a cada individuo, a cada persona.

Es preciso vedar campos a la toma de decisiones colectivas, las cuales, bajo el embriagador adjetivo de “democrático”, no son más que intolerables limitaciones a las libertades personales.

No se puede obligar a nadie a hacer algo que solo a él compete decidir porque haya una mayoría que así lo decida.

Mucho más que elecciones

La democracia es mucho más que elecciones periódicas o votaciones parlamentarias, es una compleja estructura institucional de poderes y contrapesos tendente a garantizar la vida y la propiedad, que protege las libertades individuales, otorga seguridad jurídica y permite la participación política a sus ciudadanos.

Tomar la parte (votación) por el todo (democracia), es un gran error de gravísimas consecuencias: la pérdida de las libertades civiles y la instauración del totalitarismo democrático.

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