Qwertyland, la historia de un país

Qwertyland, la historia de un país
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Cristóbal Mañas

Cristóbal Mañas

Diplomado en empresariales y master en auditoría de cuentas. Pluriempleado. Almeriense en Madrid. (Ex) jugador de rugby, nunca se sabe cuándo se puede volver.
Cristóbal Mañas

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Bienvenidos a Qwertyland, hoy en día es un país pobre y en crisis permanente pero no siempre fue así. A continuación, paso a contaros su historia.

Qwertyland era un país normal hace unos años, pero algo ocurrió que cambio el destino para siempre. Uno de sus habitantes inventó la MAQUINA DE ESCRIBIR, el desarrollo que esto trajo fue inmediato. La demanda mundial de máquinas de escribir crecía año tras año. Tanto el inventor de la maquina como los trabajadores que la fabricaban (el 100% de la fuerza de trabajo de Qwertyland) eran cada vez más ricos. Al querer todo el mundo las máquinas que se fabricaban en Qwertyland su moneda era además una moneda fuerte, incluso durante momentos se convirtió en la moneda de referencia mundial, era esta la moneda que estaba ligada al patrón oro. Sin embargo, no es menos cierto que, la riqueza del Capitalista crecía mucho más que la de los empleados.

Un buen día, los políticos hicieron una promesa que no pasó inadvertida para nadie, nacionalizar la fábrica de máquinas de escribir, de esta manera la riqueza que se llevaba su inventor y dueño se repartiría entre todos los ciudadanos y todos serian aún más ricos.

Sin embargo, con el paso de los años, en otros países, otra gente comenzó a fabricar también máquinas de escribir, en Qwertyland, solo tuvieron que bajar un poco los precios para contrarrestar esta competencia. Al fin y al cabo, nadie sabía hacer las máquinas de escribir mejor que ellos. No obstante, el tiempo siguió pasando y ocurrió algo que nadie se podía siquiera imaginar.

Un chico joven, en su garaje, en un país lejano inventó el ordenador. Al principio en Qwertyland no se le prestó demasiada atención. El ordenador era algo muy caro y, al fin y al cabo no era más que una máquina de escribir con una pantalla. Lo más intrigante de este chico, es que era originario de Qwertyland, siempre había sido una persona con una mente curiosa e inquieta. El problema es que, en su país natal, se arriesgaba a que si alguno de sus inventos llegaba lejos le podría pasar lo mismo que al que inventó la máquina de escribir. Además, toda la gente trabajaba en la empresa pública, no había nada que este chico pudiera ofrecer como incentivo tangible e inmediato para buscar ayuda en su propio país.

Con el paso del tiempo, en cambio, los ordenadores se hicieron cada vez más baratos y ya si estaban medrando las ventas de máquinas de escribir. Los gobernantes de Qwertyland, llegaron a un punto en el que solo podían bajar los precios, pero a la vez querían que la riqueza de los habitantes se mantuviera intacta. Por ello, lo primero que hicieron fue desligar su moneda del oro. Con este sencillo truco, su moneda tendría el valor que ellos quisieran (o al menos eso creían).

Pasaba el tiempo, y aunque si bien es cierto que las ventas monetarias crecían, cada vez se fabricaban menos máquinas de escribir. Como ocurría esto nadie parecía preguntárselo o mejor dicho, nadie quería saberlo. Al principio 1 qwert equivalía a una onza de oro, actualmente para comprar una onza de oro se necesitan 1000 qwert. Es decir, aun vendiendo 1000 veces menos maquinas, el valor monetario era el mismo. Si además, el valor de la máquina se había depreciado con respecto al oro y ahora solo valdría media onza, una máquina de escribir que antes se intercambiaba por 1 qwert que equivalía a una onza de oro, ahora se vende por 500 qwert que equivale a media onza.

precio de venta110002000
qwert/oro1/11000/14000/1
precio de venta en onzas de oro110,5

Además, cada vez había que imprimir más moneda, cada vez “valía” más obtener los materiales que se necesitaban importar (recordemos que en Qwertyland toda la fuerza laboral trabaja en la empresa pública de máquinas de escribir).

La situación fue que la gente era cada vez más rica nominalmente (cada nomina tenía un cero mas), sin embargo, cada vez podían comprar menos cosas con ese dinero.

Como resultado, hoy Qwertyland es un país muy pobre, depende de las donaciones de personas para otros países y sus habitantes han perdido todo por lo que han trabajado.

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