Recordando a Ortega, leyendo a los clásicos

Recordando a Ortega, leyendo a los clásicos
Recordando a Ortega
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Luis Molina Aguirre
Luis Molina nació en Madrid en el mes de junio de 1974. Cursó estudios de delineación, posteriormente de informática y en la actualidad de Derecho. Fue militar profesional, escolta privado y desempeñó distintas funciones en el terreno de la seguridad que le llevó a viajar por toda España. Finalmente se decidió por la profesión para la que había estudiado. En la actualidad compatibiliza su labor de escritor con la de informático y colabora en el períodico Más Brunete como conlumnista y con una serie de relatos cortos de terror.
Luis Molina Aguirre

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Hace años, durante la primera legislatura de Zapatero, ya escribí en otro medio sobre la importancia que tiene leer a los clásicos y a todos aquellos que ya han vivido, de algún modo, lo que a nosotros nos toca vivir, mejor dicho soportar, hoy. En aquel entonces reflexioné sobre algunos comentarios y/o escritos dejados, fundamentalmente, por doctos de principios del siglo XX y, en concreto, hacía referencia al gran Ortega y Gasset, hombre sabio que debería ser de obligada lectura. Por tanto, ya que en aquel entonces no llegué a entrar en el fondo de la cuestión, hoy sí que lo voy a hacer, centrándome tan solo en una de sus obras escritas allá por el año 1921: España invertebrada, debido, fundamentalmente a la imposibilidad de extenderme mucho más allá.

España, nuestra España de hoy al igual que sucede desde la muerte del último de los Austrias, Carlos II, o quizá desde antes, permanece hechizada como aquel, empeñada en destruir piedra a piedra la nación que tanto costó construir a base de esfuerzo, determinación y mucha sangre.

Como digo, la locura de la izquierda y de los nacionalistas, no es nueva, es algo recurrente que cada equis años vuelve a aparecer, tal y como nos cuenta Ortega. Existe en el libro mencionado unos párrafos más que esclarecedores, el primero al que voy a hacer referencia comienza así:

Entonces veríamos que de 1580 hasta el día cuanto en España acontece es decadencia y desintegración…

Continúa el párrafo narrando como España va perdiendo, hasta 1900, todas sus posesiones en ultramar y finaliza añadiendo:

…En 1900, el cuerpo español ha vuelto a su nativa desnudez peninsular. ¿Termina con esto la desintegración? Será casualidad, pero el desprendimiento de las últimas posesiones ultramarinas parece ser la señal para el comienzo de la dispersión, intrapeninsular. En 1900 se empieza a oír el rumor de regionalismos, nacionalismos, separatismos… Es el triste espectáculo de un larguísimo, multisecular otoño, laborado periódicamente por ráfagas adversas que arrancan del inválido ramaje enjambres de hojas caducas.

Tras releer a Ortega, da la triste impresión de que no estamos en 2016 sino en 1916. Pero permítame, mi incansable lector, que avance en este mismo libro y me ocupe de otro párrafo que marqué hace años, no sé muy bien con qué objetivo, pero que ahora me parece que viene muy a propósito:

Si Cataluña o Vasconia hubiesen sido las razas formidables que ahora se imaginan ser, habrían dado un terrible tirón de Castilla cuando ésta comenzó a hacerse particularista, es decir, a no contar debidamente con ellas. La sacudida en la periferia hubiese acaso despertado las antiguas virtudes del centro y no habrían, por ventura, caído en la perdurable modorra de idiotez y egoísmo que ha sido durante tres siglos nuestra historia.

¿Y los nacionalistas que hacen? Pues al igual que antaño, remar en dirección al fracaso, no sólo el de ellos, sino también el del resto de España. Pero continuemos con Ortega, más letrado que yo. Más adelante, en otro párrafo, nos cuenta el sabio:

Si ahora tornamos los ojos a la realidad española, fácilmente descubriremos en ella un atroz paisaje saturado de indocilidad y sobremanera exento de ejemplaridad. Por una extraña y trágica perversión del instinto encargado de las valoraciones, el pueblo español, desde hace siglos, detesta todo hombre ejemplar, o, cuando menos, está ciego para sus cualidades excelentes. Cuando se deja conmover por alguien, se trata, casi invariablemente, de algún personaje ruin e inferior que se pone al servicio de los instintos multitudinarios.

Pero, ¿cómo puede ser que esté hablando Ortega de Pablo Iglesias? ¿O será de Pedro Sánchez de quien habla? No dejemos que mis divagaciones plagadas de estulticia nos desvíen de las valiosas palabras del bueno de Ortega. Un poco más adelante afirma:

En efecto: la ausencia de los “mejores” ha creado en la masa, en el ”pueblo”, una secular ceguera para distinguir el hombre mejor del hombre peor, de suerte que cuando en nuestra tierra aparecen individuos privilegiados, la “masa” no sabe aprovecharlos y a menudo los aniquila.

En fin, podría seguir casi hasta el infinito, pero por razones de espacio, aquí me quedo. Como podemos ver con un solo libro de Ortega de hace casi un siglo, hemos logrado desgranar la actualidad social y política de nuestra España. Salvo por un pequeño detalle, el libre mercado, que hoy en día se ve amenazado por el brutal intervencionismo del Estado, de la propia UE y en el que partidos como Podemos y PSOE, quieren ahondar más aún, si cabe. Tratando de socavar la libertad del individuo, retrotrayéndola no solo a principios del siglo pasado, sino incluso más allá.

La conclusión a la que uno llega, es que el presente es triste y preocupante, pero que el futuro puede llegar a ser peor si continuamos inertes los españoles.

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