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Regreso al pasado de la URSS y el comunismo

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Jesús Sánchez

Jesús Sánchez

Pequeño empresario. Estudiante de economía. Apasionado de la Historia y la difusión del liberalismo. Miembro de la junta directiva del Club de los Viernes.
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Izquierda Unida y la URSS

Hace unas semanas, desde Izquierda Unida se reivindicó en un comunicado la repetición de la extinta URSS.

Sobrecoge, por no decir que acojona, la manera tan natural en que la estupidez es exhibida sin ningún tipo de recato.

Por un lado, uno ya no sabe si esto es producto de la ignorancia, la envidia desigualitaria o simplemente es fruto del deseo de adaptar la realidad a su concepción utópica del mundo.

Pero llegados a cierto punto, por otra parte, no se puede descartar nada, y como ante la envidia o el deseo nada se puede hacer, al menos vamos a tratar de curar la ignorancia, por si fuese ese el problema.

Rechazo al comunismo

Además, el rechazo al comunismo se ha convertido en una respuesta automática para la mayoría de la población.

Y ya sabemos que los automatismos tienen la manía de facilitarnos la vida al hacernos reaccionar sin el esfuerzo de tener que implicar a la razón.

Lo que es un desahogo enorme viendo cómo está el patio, pero comporta el posible riesgo de hacernos olvidar.

Por ello, con este artículo también pretendo desempolvar los motivos que hacen del comunismo un sistema catastrófico para la sociedad y así evitar que los charlatanes lo puedan aprovechar para seducirnos con cantos de sirenas.

Empecemos pues.

Diferencias entre el capitalismo y el comunismo

La principal diferencia entre capitalismo y comunismo, y razón fundamental de que el primero funcione y el segundo no, es la existencia de los precios.

Los precios, siempre que estos surjan de intercambios voluntarios entre individuos y no de imposiciones desde el despacho de algún burócrata, se convierten en la mejor forma de comunicación y coordinación entre los agentes económicos.

Es decir, la existencia de precios libremente fijados permite que familias y empresarios se comuniquen para mejorar el bienestar de la sociedad o al menos evitar que empeore.

Algo que no sucede –me refiero a lo de evitar que empeore-  con el sistema comunista de precios fijados por burócratas, que suele irse al garete –sí o sí- con el transcurso del tiempo.

El objetivo de una buena economía

Recordemos que el objetivo de toda economía es organizar los recursos hacia los bienes que consideremos más beneficiosos en un momento dado.

Por lo tanto, un buen sistema debe evitar que los bienes que se fabriquen impidan fabricar otros bienes que sean más valiosos.

Cuando se produce una deficiencia en el sistema capitalista, esta hace disparar los precios, atrayendo rápidamente la inversión, y con ella el traslado de los factores productivos, en pos del beneficio.

No es necesario que nadie ordene nada, simplemente sucede.

El comunismo

El comunismo carece de este instrumento porque no hay intercambios voluntarios al tener el estado la propiedad de los medios de producción y por lo tanto, es el estado – o sea, los burócratas que temporalmente mandan sobre la sociedad- el que fija los precios de las cosas.

Lo que viene siendo pasar del “porque yo lo valgo” al “porque ellos lo dicen” que dirían en L’Oréal.

Por consiguiente, en el sistema comunista, cuando se produce una deficiencia, esta no hace disparar ninguna alarma a través de los precios,  y sólo cuando los efectos son tan evidentes que ya se ha producido el desastre, el planificador detecta la anomalía y procede a la subsanación de la misma.

A buenas horas, oiga, mangas verdes.

Ausencia de precios de mercado en el comunismo

La ausencia de precios de mercados no es la única imperfección grave del comunismo.

La imposibilidad de probar modelos de negocios alternativos de manera  individual y no estatal arrebata a la economía los millones de experimentos que podrían hacer la competencia a los modelos existentes.

Olvídese del “busque, compare y si encuentra algo mejor, cómprelo”.

El comunismo, de esta manera, impide el progreso natural de una economía, condenándola a mantener los modelos existentes o a depender de una renovación a través de un comité de planificación, que en el mejor de los casos, dispondría de una extremadamente reducida cantidad de información sobre la que modelar el cambio.

El capitalismo

En cambio, el capitalismo permite la coexistencia de miles de planes empresariales.

Algunos de ellos fracasarán y otros acertarán, pero aquellos modelos que han acertado serán copiados y mejorados por los próximos emprendedores, lo que origina un círculo virtuoso que hace progresar a la economía de manera exponencial.

Sólo por estos dos motivos, aunque existen otros muchos, el comunismo jamás podrá superar la eficiencia del capitalismo.

Por cierto, ya que estamos hablando de reivindicaciones estúpidas, hay una que no quiero pasar por alto, porque se refiere a la inmensa mayoría que acepta de buena gana la aplicación del comunismo a sectores concretos de la economía.

Ese comunismo restringido es el que se propugna desde la socialdemocracia, palabra de moda a la que todos los partidos se apuntan para nuestra desgracia, y que conllevan las mismas nefastas consecuencias, aunque sólo restringido a esos sectores, pero eso tendrá que esperar a otro artículo.

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