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Ser libertario, dejen a todo el mundo en paz

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Fernando Sicilia

Fernando Sicilia

FERNANDO SICILIA FELECHOSALicenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Oviedo en 1995. Diploma in Business Studies por la University of Bradford (Reino Unido) en 1994. Máster en Análisis Financiero por la Universidad Carlos III de Madrid en 1998. Diploma in Options, Futures & Other Financial Derivatives por la London School of Economics & Political Science en 1998. Senior Auditor Credit & Operational Risk en Banco Santander, División de Auditoría Interna (1999-2005). Desde abril 2005, Director Gerente de Clínica Sicilia. Máster en Dirección Económico – Financiera por CEF – UDIMA.
Fernando Sicilia

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Ser un libertario

“Siempre he sido un libertario. Dejen a todo el mundo en paz. Dejen a los demás hacer lo que quieran. No se metan en los asuntos de sus vecinos”. Clint Eastwood

Vaya por delante que considero una de las grandes virtudes de El Club de los Viernes, haber planteado un liberalismo de amplio espectro.

No pretendo por lo tanto con este artículo, dar lecciones a nadie ni repartir carnets de liberal.

No obstante, cuando veo la postura ideológica en muchos asuntos, tanto de progresistas como de conservadores, no deja de resultarme curioso por qué ven tan evidente la necesidad de libertad en una esfera e igual de meridiana la pertinencia de controlar en la otra.

Libertad económica

En lo tocante a libertad económica, los conservadores suelen tener claro que el Estado no debería intervenir en absoluto.

Son partidarios del libre mercado.

Me refiero obviamente a aquellos que tienen un tinte liberal.

Hay otros, ultranacionalistas que defienden el proteccionismo y casi la autarquía

Sin embargo, la mayoría de ellos se convierten en colectivistas/estatistas cuando toca hablar de libertades personales y sociales.

La subrogación materna, la eutanasia, las drogas, no digamos el aborto… Las motivaciones que subyacen detrás de este tipo de posicionamiento suelen ser de índole religiosa.

Respetando la confesión de cada uno, es algo que no puedo compartir.

Colectivismo, socialismo y estatismo

En el otro lado tenemos a los buenistas, los adalides de las causas perdidas, los defensores de los desesperados, la “gente”.

Aquellos que, en palabras de Thomas Sowell,

“asumen que si no compartes sus particulares soluciones políticas, es porque no te importan las personas que forman el colectivo que dicen querer ayudar”.

Les preocupa lo conquista de todo tipo de libertades personales y sociales.

Se desviven por la más nimia de ellas, aunque represente al 0,0001 % de la población.

Tienen un curioso concepto de libertad ya que siempre pretenden alcanzarla mediante el Estado.

No parecen darse cuenta de que, por definición, a más Estado menos libertad.

Desconocen que colectivismo, socialismo y estatismo son, en esencia, la misma cosa.

Y eso sí, cuando hablamos de los recursos generados por el humilde contribuyente, aplican conceptos engañosos como la solidaridad forzosa para justificar el expolio. Impuesto, como indica la propia RAE viene de imponer, de forzar.

Obligación a pagar muchos impuestos

El Estado de forma coercitiva nos obliga a pagar impuestos.

Si usted es partidario de una fiscalidad baja, es un insolidario que no quiere ayudar a los demás.

Debe pagar para mantener el Bienestar del Estado, sobre la base del llamado contrato social.

Por desgracia para ellos, un contrato es algo que las partes firman voluntariamente, ¿usted lo ha rubricado?

También le dirán que usted no podría obtener sus ingresos sin el entorno que le rodea.

Cierto, pero sobre la base de la cooperación y el intercambio voluntarios, es decir, el mercado libre.

Partir de la premisa de que sólo el Estado puede ocuparse de todos los asuntos que actualmente acapara es un error de base.

Desde una perspectiva minarquista, bastaría con la Justicia y las Fuerzas de Seguridad.

El resto lo puede hacer de forma más eficiente la iniciativa privada. ¡Y sin dejar a nadie fuera del sistema!

Libertad para todo : económica, personal y social

En oposición a ambas posturas, la ideología liberal libertaria concibe la libertad como un todo, ya sea económica, personal o social.

Consiste en la defensa de la libertad individual, apoyándose en la propiedad privada y el principio de no agresión (defensa del libre albedrío siempre que no se dañe a terceros); y los contratos voluntarios.

Por lo tanto, desde su punto de vista la única función legítima del gobierno es preservar la libertad individual.

Sin olvidar que es muy difícil en la práctica limitar el poder del gobierno. Por ello las sociedades democráticas recogen las reglas de gobierno en una constitución escrita.

Constitución que está concebida para que la sociedad controle al gobierno y no al revés, algo que se olvida con frecuencia.

Los libertarios son muy conscientes de que el precio de la libertad es la eterna vigilancia.

Como bien dijo Edmund Burke,

“para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada.”

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