Sexo y democracia, tiempos confusos

Sexo y democracia, tiempos confusos
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Javier Jové

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JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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En tiempos confusos

Vivimos tiempos confusos.

Hoy muchos creen que la democracia consiste en votar, es más, muchos creen que la democracia se reduce a votar.

De este modo, el grado de democratización de un Estado lo miden por las veces en que se vota o, mejor dicho, por el número de cuestiones de cualquier naturaleza que se deciden por votación popular y no por decisión individual.

Así, un Estado que decide colectivamente sobre la educación de los hijos de los demás es más democrático que aquel que permite que la educación sea decidida por los padres del alumno.

El reduccionismo

Pero ese reduccionismo que lleva a equiparar democracia con votar se asemeja mucho a la comparación entre sexo y matrimonio.

Coincidirán conmigo que el matrimonio es mucho más que el sexo marital, es: respeto, fidelidad, amor, entrega, sacrificio, convivencia, compartir.

Es una institución compleja que se regula por una serie de normas y costumbres sociales.

Que el sexo tiene su importancia en un matrimonio está fuera de toda duda, pero reducir el matrimonio al sexo sería absurdo.

Además, también existe el sexo fuera del matrimonio, pero no por ello podemos decir que allí donde hay sexo, hay un matrimonio.

Como ya hemos visto respecto del matrimonio y el sexo, tampoco podemos decir que allí donde se vota hay democracia o que la democracia se reduce a votar.

La democracia

La democracia, al igual que el matrimonio, es una institución compleja que se rige por unas normas y mecanismos entre los cuales se incluyen las votaciones como mecanismo de alternancia y de toma de decisiones sobre aspectos que afectan a la colectividad, pero también es separación de poderes, respeto a la ley y protección de las libertades civiles individuales.

Las votaciones no son un atributo exclusivo de la democracia, ni define por sí sola la naturaleza democrática de un sistema político.

De hecho, existen votaciones, referéndums y plebiscitos en sistemas no democráticos.

Es decir, las votaciones son a la democracia lo mismo que el sexo al matrimonio, operan ambos como lubricante pero no los definen.

La democracia según algunos

Para algunos la democracia -en su vertiente populista y directa- consiste en llevar a la población a un estado de excitación permanente hasta alcanzar el paroxismo, una especie de promiscuidad democrática, votaciones constantes sobre las más variadas materias, incluso sobre aquellas de ámbito privado que sólo deberían corresponder tomar a cada persona.

Una hiperactividad sexo democrática, un éxtasis democrático onanista que lleva a confundir el tocino con la velocidad.

Y –disculpen lo procaz de la comparación pero- es que algunos confunden el votar con el follar.

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