Sobre los programas electorales

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Ricardo García Post

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RICARDO GARCÍA POSTIngeniero Forestal Funcionario de la Generalitat Valenciana.
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Uno de los problemas a los que nos enfrentamos los ciudadanos y nos encontramos indefensos no es otro que los programas electorales de los partidos políticos. Mejor dicho, lo que no ponen en los programas electorales y luego hacen sin que los ciudadanos opinemos sobre ello.

Personalmente creo que el programa de un partido político debería ser un contrato con obligación de cumplirse y si no llega a materializarse, salvo razones justificadas, que se pudieran exigir responsabilidades. Pero no solo con el “castigo en las urnas” sino ante tribunales. Con todo, más peligroso, dañino y engañoso es lo que no ponen en los programas y luego ponen en marcha. No me refiero a medidas urgentes por alguna necesidad o acuerdos internacionales, entre otros. Me refiero a esas otras cosas a las que se les da menos importancia y que van modificando la sociedad poco a poco, que no se repara mucho en ellos pero que inciden en la sociedad y que si hubieran dicho que lo iban a hacer posiblemente algún voto no hubiese caído de su lado.

Pongo por ejemplo lo que ha ocurrido recientemente en el municipio valenciano de Puzol, donde el alcalde nacionalista de Compromís con motivo de la celebración de las fiestas, este verano hizo que se cambiase la letra del himno de la Comunidad Valenciana a su gusto, eliminado la parte que dice “ofrecer nuevas glorias a España” así como sustituir la palabra “patria” por la de “pueblo”.

Esta práctica, muy habitual por otra parte, nos lleva a temas de mayor enjundia. Todos sabemos, sobre todo con los partidos de la izquierda y nacionalistas, lo tendentes que son a modificar la historia, a arrimarla hacia una nueva versión que les pueda convenir más. La aprobación de leyes como la de la Memoria histórica, la creación de la asignatura de Educación para la ciudadanía, el nuevo estatuto de autonomía de Cataluña, las propuestas para el impago de la deuda de los municipios y los “documentos del archivo de Salamanca”, son a mi juicio ejemplos de este tipo de actuaciones.

¿En que clase de mundo viven no solo algunos políticos sino algunos ciudadanos? En el fondo se trata de una falta total de educación. La izquierda y los partidos políticos populistas, pese a jactarse de que sea el “papa estado” el que ha de regularlo todo y sea omnipresente, son los primeros que en cuanto pueden intentan saltarse la normativa vigente, aludiendo a no se qué historias de que el pueblo ha decidido tal o cual cosa. El pueblo no ha decidido nada porque no se lo han explicado, no le han contado lo que se iba a hacer de verdad, ni le han dicho que querían cambiar el nombre de las calles, ni que se deje de tocar el himno nacional en las procesiones, ni que no se va a acudir como representantes del ayuntamiento a actos religiosos.

No he oído a nadie comentar una imagen que me supuso una sorpresa. En todo el lío en el que está metida Grecia, en un momento del verano se produce una crisis de gobierno. Se puede ver en “YouTube” cómo los nuevos ministros juran el nuevo cargo, es decir lo hacen ante Dios, con la presencia de varios Popes y santiguándose al modo ortodoxo, unas personas que se suponen son de izquierdas en un país republicano. Cuando aquí algunos se permiten no solo no jurar, que puede tener sentido si no eres creyente, sino añadir el “por imperativo legal”. Cualquier cosa vale porque “yo soy así y no estoy sometido a la norma”.

Una prueba palpable de la falta de respeto a la normativa vigente lo tenemos en la Comunidad Valenciana, desde que se crea el estado de las autonomías. En el origen de la Valenciana existe una disputa con el nombre de la comunidad, si es País Valenciano o Comunidad Valenciana. La denominación oficial es esta última. Pues bien, todos los partidos y sindicatos de izquierdas adoptan en sus nombres la denominación País Valenciano, PSPV (Partido Socialista del País Valenciano), IUPV (Izquierda Unida del País Valenciano), CCOO PV y UGT del PV y así todos.

Por estas y muchas otras razones, me asusta más lo que los partidos no dicen. Admito que se puede cambiar de opinión, solo faltaba, pero no decir cuáles son las verdaderas intenciones, los “pequeños” movimientos que van realizando, las insumisiones al ordenamiento establecido, el continuo cambio de costumbres de forma permanente pero soterrada, que parece que son cosas aisladas sin conexión, pero que no lo son tanto, que responden a un patrón diseñado para cambiar la sociedad sin la sociedad.

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