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El socialismo-monopolizador de la moral

El socialismo-monopolizador de la moral
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Yago Méndez Prieto

Yago Méndez Prieto

Nací en La Coruña en 1994, ciudad en la que he vivido hasta 2012, cuando comencé mis estudios de doble grado de periodismo e historia en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Apasionado de la crítica periodística sobre temas políticos e históricos, siempre desde una perspectiva liberal-conservadora.
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El liberal del XXI vive condicionado por un fuerte halo de tristeza, tristeza sempiterna de una sociedad falaz que, entre otras incongruencias crónicas, relaciona fascismo con neoliberalismo, o progresismo con nacionalismo xenófobo; una sociedad hostil a la verdad, a la libertad, al verdadero progreso y a la justicia.

El socialismo, la moral socialdemócrata, ha conseguido abrirse paso en el corazón de todas las grandes naciones del siglo XXI, y con sus políticas públicas no ha hecho más que crear vagancia, mediocridad y corrupción. Es lógico que el movimiento socialista naciese hace casi doscientos años, como consecuencia de la profunda desigualdad existente entre una burguesía triunfante, una burguesía que era la verdadera representación de la revolución, y un proletariado cuyas condiciones de vida eran realmente infrahumanas. Es lógico que el socialismo surgiera con el objetivo de hacer justicia, de subvertir tal situación. De cualquier modo, el socialismo sólo debía servir como medio, como medio para que tal desigualdad se rectificase, y se pudiese alcanzar así una situación de cierto equilibrio entre clases, entre burguesía y obreros. Pero el problema del socialismo es que no ha surgido únicamente con esa función de medio, sino que ha tomado las

riendas de su propio destino al erigirse como un fin, como un sistema nuevo, como un nuevo modelo de vida, un nuevo modelo de relacionarse entre seres humanos. Craso error. Porque el socialismo es la antítesis del hombre europeo, del gran triunfador, la antítesis del individualismo sano, del humanismo, del ansia de conocimiento, del racionalismo, de la idea de progreso, de la espiritualidad. Todo hombre nace bajo una idea de individualidad y egoísmo racional que, por mucho que les pese a los progres, a los sentimentalistas, a los Robin Hoods posmodernos, supera con creces a la idea de colectividad. Y no por ello se debe despreciar a la colectividad, pues el hombre es un ser sociable indudablemente, nace en comunidad y debe participar de ésta, debe relacionarse socialmente en virtud de su propia naturaleza humana. Pero, por mucho que le pese a la izquierda, tan políticamente correcta desde sus inicios, la individualidad pesa más que la colectividad en el alma humana, y eso ningún gulag podrá destruirlo. Y es que ha sido el hombre europeo, el occidental, el heredero de Grecia y Roma, de las grandes civilizaciones de la Antigüedad, el verdadero impulsor de ese maravilloso y genuino espíritu individualista, potenciado fuertemente por la concepción moral del protestantismo –hibridación exitosa de las ideas de trabajo y esfuerzo individual con la de espiritualidad profunda–, dando lugar a un nuevo sistema de valores en el que el liberalismo y el capitalismo se establecieron como los mejores sistemas ideológicos y económicos para garantizar el progreso de los pueblos. Por ello, frente al monopolio de la verdad que ha construido el socialismo a lo largo de los últimos decenios, por no decir siglos, me atrevo a elogiar sin miedo aspectos como el individualismo y el egoísmo racional, como principal parte de nuestra naturaleza humana. Negarnos a nosotros mismos es negar la propia existencia, y el potenciamiento de los Estados del Bienestar a través de sus políticas públicas no son más que la consecuencia, por un lado, de una historia en la que el intervencionismo de los poderes políticos y económicos ha sido protagonista esencial, situación que el ciudadano del siglo XXI tristemente carga como lastre, y por otro lado del sentimentalismo de los políticos, intelectuales y demás que demuestran una adoración desmesurada por unas medidas cargadas de idealismo y buenas intenciones. Pero cuidado, que de

sueños no se vive, y ya lo podemos ver en medio mundo, en universos de corrupción, dictaduras y fuerte descontento social. Citando al gran Winston Churchill, “el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria”. Porque el socialismo no es más que eso, fracaso, pobreza, retroceso, ignorancia, y envidia, pura y deplorable envidia al que tiene éxito, al que se esfuerza, al que intenta alcanzar la mejor de las metas. Y es que es el comunismo una utopía que, aunque noble, atenta fuertemente contra la naturaleza humana, y por desgracia esa forma errada de asumir la realidad ha influido demasiado, aunque parezca que no, en las mentes de los hombres de éste y el pasado siglo, por desgracia… ¿Y es que cómo diantres quieren combatir el abuso de poder o la corrupción si los izquierdosos desean aumentar todavía más el estado? Paradójica reflexión, piénsenlo y mediten por unos segundos, y verán con claridad la falacia del socialismo.

 

1 Comentario

  1. Roque
    Roque 2 meses hace

    Creo que el problema es que los gobiernos occidentales de las últimas cuatro décadas no percibieron que entre las nuevas estrategias de las nuevas formas de comunismo estaban precisamente la de: 1.- reformular el comunismo desde una perspectiva socializante sin jamás referirse a esas políticas públicas como tales (suelo poner el ejemplo de las políticas de la ideología de género como un ataque indirecto a la primera institución privada de la sociedad que es la Familia, donde se forja en gran parte nuestro carácter y perfil psicológico como individuos, y donde aprendemos los valores que aprendemos; esas políticas, las de la ideología de género, son una herramienta para introducir un fuerte elemento de conflicto en las relaciones humanas, en aras de implosionarlas y cambiar su naturaleza real por otra dictada por las políticas públicas. En este caso, es lógico que el individuo acabe desamparado y convertido en servidumbre de esa ”nueva sociedad” que persigue sustituir la liberal por otros medios distintos a los de la lucha de clases, basándose en lo que yo llamo ”lucha de género”). 2-. cambiar el lenguaje y el significado de las palabras, introduciendo complejidades en función de los más diversos colectivos sociales profesionales de la protesta y la exigencia de privilegios estatistas, para ”satisfacer el principio de igualdad”; a lo que me refiero con lo anterior es al lenguaje políticamente correcto, que al sugestionar al individuo a no decir lo que piensa, a no utilizar la crítica de toda información que le llega -sea esta la que sea- reprime la naturaleza expresiva del lenguaje como método más que de liberación, de realización efectiva de los caracteres de la personalidad individual como el pilar del autoestima, la rectitud y la actitud humana frente a situaciones adversas. ¡Curiosamente son todas las nuevas de comunismo, que son todas las izquierdas, las que se llenan la boca siempre contra la represión ”social”, pero no en el sentido de permitir la autorrealización del individuo, sino de imponerles una nueva moral ajena a sus prioridades y al estado de desarrollo de sus capacidades cognitivas, vitales, entre otros! Y, aunque podría citar muchas más de las nuevas estrategias de las que se valen las viejas ideas del comunismo para ”venderse como ideas frescas y nuevas”, acabaré citando un tercer ejemplo, que es, en mi punto de vista, el más potencialmente peligroso para la libertad. 3-. consagrar el ”estado del bienestar” a través de eso que llaman ”derechos sociales”, utilizando el adjetivo ”social” como añadido de un catálogo de planificación infinita que siempre va a más y nunca a menos, ya que las izquierdas totalitarias enmascaradas de progresistas, son plenamente conscientes de que el intervencionismo estatista naturalmente tiende a ser creciente hacia el socialismo y nunca al liberalismo, pues las ”incursiones despóticas” quedan invaginadas detrás de ”lo social” como fin en sí mismo, y en cuyo estadío final cabría pensar que no existirá competición de ideas y modelos ideológicos, puesto que se habrá llegado a una etapa de la Historia en la colectividad se verá realizada vía el Estado y el Gobierno. Esta es la reformulación implícita del Manifiesto Comunista, al menos en su fase final, y es, en mi punto de vista, una ardua tarea de enmascaramiento de uno de los escritos más criminógenos del socialismo y su adaptación al siglo XXI. Como conclusión, creo que si todo esto ha venido ocurriendo en las últimas décadas, por ejemplo en España hoy contamos con unas formas de comunismo -todas las izquierdas, desde la ultra a la socialista- que vienen marcando la agenda política sin encontrarse en su camino hacia el totalitarismo soft una oposición ideológica FRONTAL incluso desde posiciones de gobierno, que cuentan con gran capacidad para invertir el ”fenómeno” empezando por desmantelar las políticas de la ideología de género -yo, como gay, no quiero que el Estado me proteja con discriminación positiva,, entre otras cosas, porque no soy un disminuido mental y fisiológico por mi libre modo de vida, y porque lo único que debe hacer el Estado es perseguir el delito, asegurar que nadie impide el ejercicio de nuestro derecho individual a constituir la Familia que nos dé la gana y a quien queremos legar nuestros esfuerzos-, la sustitución del Estado del ”bienestar” como un fin por la libre adhesión o no a la ”protección estatal” y la creación de un sistema de libre contrato (contracting out) de pensiones ”públicas”. Todo lo anterior es lo que no ha hecho la ”derecha” ¿liberal? en España, que más bien ha asumido TODAS las políticas de esa rancia izquierda que un sí y el otro también nos dá lecciones de moral socializadora, de modelo de i+D+I, de ecologismo obligatorio, de ideologismo de género y homosexualismo como distinción social, de redistribución justiciera de la riqueza creada por el contribuyente individual, de tolerancia de la mugre social y de sustitución de la verdad por el relato. El PP actual ha activado una bomba de relojería de todas las formas de comunismo existentes -PSOE, Podemos, Sindicatos, Televisiones públicas y pseudoprivadas- que confluyen en su narrativa socializante en un ring de combate en el que no hay un adversario ideológico fuerte con convicciones inquebrantables y dispuesto a derrotar al enemigo con las ideas, con la exposición de sus contradicciones y el ”empoderamiento individual” contra los desfacedores de entuertos de la mugre socialcomunista.

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