Todos somos culpables y podemos hacer más

Todos somos culpables y podemos hacer más
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Miguel Corbacho

Miguel Corbacho

Economista y postgraduado en gestión financiera de empresas, máster en fiscalidad internacional y especialista en Dirección de equipos contables en empresas internacionales fundamentalmente británicas.
Miguel Corbacho

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Es corriente encontrar continuamente referencias al incremento de la desigualdad social, al enriquecimiento inmoral de ciertas élites en detrimento de las clases más desfavorecidas.

 

Sin embargo,  obviamos el dato de que afortunadamente, las principales fortunas de la lista Forbes (Carlos Slim, Amancio Ortega) no son como el Tío Gilito, al que le encantaba zambullirse en su piscina repleta de monedas y billetes.

El tio gilito y su dinero

¿Quién no soñó en su infancia con tener una pisci así?

Todo ese patrimonio, se reinvierte ya bien sea de manera directa en sus imperios empresariales, o bien indirectamente a través de la tenencia de valores de renta fija o variable.

En el primero de los casos, tomemos como ejemplo INDITEXT, con más de 140.000 empleados repartidos por todo el mundo. Me pregunto que puede tener de malo generar semejante actividad económica de una actividad lícita como la venta de ropa.

En el segundo, de la misma manera, instituciones financieras captan estos capitales para a su vez invertirlos en negocios que precisan de los mismos, con una subyacente creación de puestos de trabajo, en otras palabras inyectando liquidez al sistema.

En realidad los mercados son básicamente los ahorros de nuestros padres, depositados en fondos gestionados por profesionales, que cuando no lo ven claro, mueven el dinero de un sitio a otro con el objetivo de no perder rentabilidad en las carteras de sus clientes.

Cierto es, que mucha de esta riqueza se pierde por el camino bajo la forma de comisiones de intermediación, en  muchos casos onerosas e injustificadas. Aun así, dicho dinero vuelve a reinvertirse en el sistema.

A mi parecer, no son en realidad las imperfecciones del sistema capitalista las que originan este tipo de desigualdades.

Como me explicaron en la facultad, el capitalismo es el segundo mejor sistema económico que conocemos, ya que el primero está por descubrir.

Debemos por el contrario, incidir en dos aspectos fundamentales que se adentran en la esfera de la ética personal y los valores.

Origen de las fortunas: No es lo mismo amasarlas desde el tráfico de drogas, venta de armas o corrupción que a través de la comercialización de ropa, siempre y cuando su producción no se lleve a cabo en condiciones laborales extremas.

Destino de las mismas: No es lo mismo donar 258 millones de dólares a la investigación de la Malaria como Bill Gates (aunque sea un porcentaje minúsculo de su patrimonio), que gastarte un millón en joyas como Cristina Kirchner.

A veces resulta indignante encontrar a gente que combina lo peor de los dos mundos, es decir origen ilícito y destino obsceno.

Los coches de Jordi Pujol

Dèu meu senyor, com has pogut pintar una senyera al porsche…

 

Leía recientemente que la sociedad española se gasta 400 millones de euros cada trimestre en pagos a plataformas de fútbol por televisión.

Eso son 1.600 millones de euros al año, que traducido a “las antiguas pesetas” son nada menos que 266.000 millones.
Todos nos indignamos ante manifestaciones de opulencia de particulares, pero nadie repara en el hecho de despilfarros colectivos como el expuesto, y tan solo es un ejemplo, podríamos encontrar bastantes más.
Imaginad por ejemplo que dejáramos de fumar y el ahorro anual resultante 12.000 millones de euros lo destináramos a fines más loables como la investigación de enfermedades raras… Probablemente dejaríamos de recolectar tapones de plástico ¿no?
Soy un defensor del libre mercado y soy de los que piensa que no existe mayor expresión democrática que permitir a las personas elegir libremente aquellos productos que desea comprar, sin embargo algo falla cuando libremente decidimos gastarnos el dinero en ver a unos tíos detrás de una pelota.
Todos somos culpables. No tenemos derecho a protestar por lo injusto del reparto de la riqueza cuando nosotros mismos, con nuestras decisiones incorrectas alimentamos dicha desigualdad.
Somos culpables porque criticamos lo mucho que cobran los futbolistas de élite pero contratamos GOL TV y nos pasamos el fin de semana viendo partidos, aunque sean apasionantes Levante – Las Palmas.

Protesta contra el aumento del precio de las entradas

Una imagen impensable en nuestro país, aficionados del Liverpool abandonando Anfield como medida de protesta por el aumento de precio de las entradas.

Criticamos la elusión de impuestos de las Grandes Corporaciones pero somos los primeros  en pedir una factura sin IVA al fontanero. Por supuesto que el 21% es un atraco a mano armada, como también lo es un 25% en el tipo de Sociedades que pagan las empresas.
Nos rasgamos las vestiduras al descubrir en qué condiciones trabajan los operarios de las fábricas textiles en Bangla Desh, pero no dudamos en acudir al PRIMARK a llenar nuestros cestos de todo tipo de prendas.
Todos podemos hacer algo más. Seamos conscientes del enorme poder que tenemos como consumidores, y por tanto, que nuestras decisiones colectivas pueden determinar muchas decisiones de inversión de las empresas, más justas e igualitarias, parte de la solución por lo tanto, busquémosla en  el propio “problema”.

Compartir la riqueza

Podría ser Jordi Évole, lo digo por el IPAD.

 

 

 

 

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