UNA NACIÓN INDISCUTIBLE

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Samuel Vázquez Álvarez

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Samuel Vázquez Álvarez. Cristiano y liberal. Diplomado en Criminología.
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UNA NACIÓN INDISCUTIBLE

Ocurrió en noviembre del 2004 en el Senado, y era la primera vez que un presidente del Gobierno acudía a la Cámara Alta para someterse a una sesión de control.

Allí, el entonces presidente Zapatero mantuvo un rifirrafe con el portavoz del PP Pío García-Escudero a cuenta de unas declaraciones de días anteriores en las que el primero había defendido que no había diferencia entre nación y nacionalidad (ambos términos se utilizan en la constitución para diferenciar a España de algunas de sus regiones consideradas históricas).

Vaya por delante que permitir el término “nacionalidad” en la Constitución para referirse a algunas regiones de España sólo se entiende en el contexto del “café para todos” que pretendía lograr el mayor consenso posible en la difícil misión de superar la dictadura.

Pío García-Escudero afeó la frase al entonces Presidente, y éste le respondió que el concepto de nación era discutido y discutible.

Con semejante estadista liderando durante ocho años los designios de España ¿qué esperaban nos iba a deparar el futuro?, poco me parece lo de Cataluña.

Una nación no se discute, una nación es un hecho histórico, viene dada por la historia, no se puede crear por capricho, ni siquiera por ley, no se puede discutir con cuatro rufianes. Una nación es fruto de guerras, conquistas, derrotas y siglos de convivencia.

En el siglo XVI, la propaganda protestante y su odio eterno al imperio español y su religión católica, urdieron la leyenda negra de España con una campaña feroz de propaganda no muy diferente a la que hoy lideran los independentistas en Cataluña contra el presunto fascismo de un estado español opresor inventado.

Los protestantes ingleses capitalizarían esta guerra de propaganda deseosos de terminar con nuestra hegemonía y de empezar a dominar el mundo, lanzando miles de falsas historias que pretendían dibujar una España criminal, incivilizada e inculta. ¡España! ¡Que era Siglo de Oro!

Lo hicieron tan bien que a día de hoy todavía hay culturetas progres en nuestro país que asumen esa propaganda y se niegan a celebrar por ejemplo el día de la Hispanidad y nuestra conquista del nuevo mundo.

No hace falta ser un erudito en historia para saber que en América no hubo un genocidio, al menos en la América española. Sólo es necesario darte un paseo en internet por las calles de Quito o La Paz para ver que la mayoría de sus gentes son indígenas o mestizos, es decir que no sólo no los aniquilamos, sino que nos cruzamos con ellos.

Ahora vete a buscar un indio a Boston o Nueva York y a ver cuántos encuentras. Allí sí los masacraron, allí sí hubo un genocidio inglés que luego quisieron ocultar creando una leyenda negra sobre nuestro imperio.

Hoy en día ya se sabe que la mayoría de los indígenas murieron por enfermedades traídas por los españoles, igual que muchos españoles lo hicieron por enfermedades de los nativos. También se sabe que miles de indígenas lucharon junto con nuestros soldados para acabar con imperios como el azteca, que sí eran incivilizados y salvajes.

Para un nativo de la época, pasar de estar bajo yugo azteca a estar bajo dominio español sería como en nuestros días dejar de vivir en Zambia e irse a vivir a Alemania.

Y por supuesto que hubo abusos, los propios de esa época en cualquier otra parte del mundo, juzgarlos con la mentalidad de un hombre del siglo XXI es profundamente estúpido.

Las Leyes de Indias que frenaron esos abusos, abolieron la esclavitud en el año 1500, ¡en el 1500! Y son consideradas antecesoras de las actuales leyes de derechos humanos por muchos historiadores.

Los negros norteamericanos todavía no podían mear en el mismo retrete que los blancos hasta bien entrado el siglo XX.

Con este desconocimiento de nuestra historia y esta falta de ganas de defenderla, es normal que hoy en día des un golpe de estado subvirtiendo a tu antojo todas las instituciones bajo tu mando, te gastes millones de euros que pagaremos entre todos en propaganda para perpetrarlo, y cuando te encarcelen todavía haya gente que se atreva a llamarte preso político.

En un país que ha padecido cuarenta años de dictadura, que tuvo a Ortega Lara en un zulo secuestrado 532 días y a Miguel Ángel Blanco cautivo antes de que le descerrajaran dos tiros por la espalda por el delito de pensar diferente, da ganas de vomitar que alguien se atreva a llamar a Junqueras preso político.

¿En serio nos piden que discutamos la Reconquista, los Tercios de Flandes, la Hispanidad o las Cortes de Cádiz con Puigdemont y Rufián?, vega ya.

Hasta que no surja un estadista que conozca nuestra historia, esté orgulloso de ella y sepa defenderla sin complejos, no habrá solución para casi nada. La propaganda vencerá.

Artículo publicado originalmente en La Nueva España

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