Una propuesta anti populismos

Una propuesta anti populismos
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José Manuel Cabello González

José Manuel Cabello González

Profesor Titular de Economía Aplicada Universidad de Málaga
José Manuel Cabello González

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¿Conocen algún presidente de comunidad de vecinos que sea populista? Parece que no, ¿verdad? Se imaginan a un presidente diciéndole a los vecinos que durante su mandato va a pintar toda la fachada, renovar los ascensores y contratar a los vecinos parados para que hagan de porteros, electricistas y vigilantes de la vecindad. ¿Cuál creen que sería la reacción de los vecinos? Evidentemente, conscientes de que el dinero para pagar todos los gastos tiene que salir de sus bolsillos, correrían a gorrazos al candidato. ¡Qué bueno es ser conscientes de quién paga y cuánto se paga!

Decía Friedman que había cuatro formas de gastar el dinero, y de ellas, la peor es gastar el dinero de los demás para satisfacer las necesidades de los demás. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando un gobierno gasta el dinero del contribuyente o cuando un presidente de comunidad de vecinos hace lo propio con el presupuesto vecinal. Pero, ¿qué hace entonces diferente a ambos para que en el primer caso quepa el populismo y en el segundo no?

Veámoslo. ¿Por qué pedimos un AVE a la puerta de casa? ¿Por qué votamos por una renta universal? Estas preguntas y muchas más que podríamos hacer de la misma índole tienen una respuesta relativamente sencilla: Nos falta información. Ya sé que no es la única razón y a eso se está dedicando la Economía Conductual, que demuestra una y otra vez, que nuestros comportamientos distan mucho de ser racionales. Como muestra, os aconsejo conocer un experimento de Lauri en el que reproduce otro de Kanheman, primer psicólogo premio nobel de economía, donde demostraba nuestra asimetría irracional en la toma de decisiones con riesgo. Lauri llegó a la conclusión de que los monos cometían los mismo errores, o ¿somos nosotros los que cometemos los mismos errores que los monos?

Pero no perdamos el hilo, ¿por qué nos falta información en el mercado político? En los mercados la información la facilitan los precios. Los precios son los que nos guían cuando entramos en un supermercado y nos hacen decantarnos por una botella de vino u otra. De igual manera, los precios son los que informan a los productores de las botellas de vino que deben producir. Pero, ¿se imaginan un supermercado sin precios? Deducir el resultado es bien sencillo: Puestos a obviar los precios o a ignorarlos, optaríamos por la mejor reserva de vino o el mejor pata negra.

Pues bien, esto es exactamente los que ocurre en el mercado político, los precios están debidamente ocultados o convenientemente disimulados, de tal manera que nuestras decisiones dejan de tener un ancla con la realidad. El precio de los bienes y servicios públicos son los impuestos. Los impuestos es lo que los ciudadanos pagan por el AVE que se está construyendo cerca de casa o por la hipotética renta básica universal. Y los ciudadanos no somos conscientes de todos los impuestos que pagamos. Y no porque no nos preocupemos de conocerlos, que también, sino porque el poder político se afana en escondérnoslos o disimularlos para que no nos demos cuenta del nivel de los mismos.

Veamos cómo es la situación en el momento actual para después proponer unas reformas muy sencillas y baratas de aplicar. Analicemos el sueldo medio de un español en el año 2013. He aproximado los datos a números redondos para que sea más fácil su comprensión:

 

AÑO

MES

Coste Empleador

34.632,00

2.886,00

SS Empresario

-8.632,00

-719,33

Sueldo Bruto

26.000,00

2.166,67

SS Trabajador

-1.651,00

-137,58

IRPF

-4.550,00

-379,17

Sueldo Neto

19.799,00

1.649,92

IVA

-1.979,70

-164,99

Otros impuestos

-1.000,00

-83,33

Trabajo Neto

16.819,10

1.401,59

O sea, que el español medio paga más del 50% de lo que genera a Hacienda. ¡Ojo! Que no estamos hablando de los ricos, estamos hablando del español medio. Pero, ¿somos conscientes de que pagamos tanto porcentaje de nuestros ingresos? Es evidente que no lo somos y es lógico que así sea, pues los impuestos están convenientemente disimulados para que no lo seamos. Veamos algunos trucos con los que se oculta nuestro pago a Hacienda.

1. La seguridad social a cargo del empresario. Como vemos en el ejemplo, es una cantidad muy importante que indudablemente generamos con nuestro trabajo, pero que ingresa la empresa sin que nosotros seamos conscientes de ello.
2. La seguridad social a nuestro cargo y las retenciones del IRPF que mensualmente nos detraen del sueldo y que la empresa ingresa por nosotros. En este caso, sí forman parte de la nomina, pero con la obligación de la empresa de ingresarlas por nosotros. Esto, unido a nuestra costumbre de hablar del sueldo neto, hace que volvamos a ignorar cuánto pagamos al fisco.
3. Los impuestos especiales son impuestos sobre determinados productos como la gasolina, el alcohol, el tabaco que ni siquiera aparecen en el precio que pagamos por ello, aunque a veces supongan más del 50% del precio total.
4. Por último, el IVA, que aún siendo el más claro en su aplicación, tampoco terminamos de ser conscientes de las cantidades que abonamos por ese concepto, ya que, hasta la ley, obliga a publicar los precios con IVA, evitando así su sufrimiento explícito, que no su pago.

El resultado es que sin darnos cuenta pagamos más de la mitad del resultado de nuestro trabajo para sostener al Estado. Y esto nos lleva a preguntar:
¿Exigiríamos al Estado los mismos servicios si tuviéramos claro cuanto nos cuestan? Probablemente no, pues en vez de gastarnos el dinero de los demás, empezaríamos a ser conscientes de que nos gastamos el dinero de todos, ¡incluido el nuestro!

¿Qué propongo? La propuesta es barata y sencilla de implementar y su objetivo es concienciar a los ciudadanos de los impuestos que pagamos. Ahí va:

1. Que el empleador nos pague el total del salario que generamos. En nuestro ejemplo los 2.886€ completos.
2. Nosotros seríamos los encargados de ingresar en Hacienda la Seguridad Social, el IRPF y cualquier otro impuesto que actualmente nos detraen de la nómina.
3. El IVA y los impuestos especiales deben estar claramente especificados en las facturas y en cualquier caso, los precios siempre se ofertarán sin impuestos.
¿Se imaginan la sensación de ingresar todos los meses más de 1.400€ para pagar los servicios públicos? Y ya puestos, ¿una aplicación del móvil que me calcule el IVA e impuestos especiales abonados a lo largo del mes?

Sé que la propuesta puede tener problemas de aplicación, pues es mucho más fácil controlar a las empresas que a la totalidad de los trabajadores, pero con las nuevas tecnologías este inconveniente podría soslayarse fácilmente. Otra cosa es que los ciudadanos fueran tan sumisos a la hora de pagar impuestos, pero de eso es de lo que se trata.

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José Manuel Cabello González
Profesor Titular de Economía Aplicada
Universidad de Málaga
@checabello

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