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Violencia de género III: buscando soluciones

Violencia de género III: buscando soluciones
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Samuel Vázquez Álvarez

Samuel Vázquez Álvarez

Samuel Vázquez Álvarez. Cristiano y liberal. Diplomado en Criminología.
Samuel Vázquez Álvarez

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La ayuda a las víctimas

Este articulo es la continuación de este artículo.

Poco ayuda a las verdaderas víctimas la constante victimización que algunos personajes mediáticos que están lejos de sufrir esta lacra muestran cada día en redes sociales, televisión, etc.

Hace unos días una política andaluza se hizo la enésima campaña de imagen de mujer comprometida después de que un hombre ebrio le plantara un beso forzado anteponiendo su mano al rostro de ella.

Esta mujer no es ni de lejos una mujer maltratada, pero ha sacado mucho rédito de las que sí lo son.

Los intereses políticos

Si ponemos cualquier tontería en el centro del tablero mediático por intereses políticos y hacemos campañas vomitivas para hacer parecer víctimas a quién no lo son, estaremos desviando la atención de las mujeres que de verdad sufren la violencia, que de verdad nos necesitan.

Una mujer sometida por su pareja a diario en su casa que ve cómo en la tele toda la atención gira en torno a una payasada de un borracho, no se sentirá reconfortada…a lo sumo asqueada.

Que tus colegas de partido hagan luego una campaña en twitter y logren un hashtag con el #NingunaAgresiónSinRespuesta no salvará ni una sola vida.

Sólo les dará más votos.

Lo primero que hay que hacer para revertir esta situación es decir la verdad, no vender ideología.

Enfrentarse a la verdad

Hay que ir a los institutos a decirles a las mujeres que es mentira que seamos iguales, —que somos diferentes en muchas cosas— porque esta verdad las preparará para enfrentarse y vencer a las desigualdades reales, —las cuales no implican superioridad o inferioridad en un todo— sino que hay cosas en las que unos y otras son superiores a la otra parte.

Si una persona acepta desde joven una desigualdad física se puede preparar para contrarrestarla, si cree ciegamente en que esa desigualdad no existe, no se preparará nunca para vencerla y llegado el momento fatal no tendrá armas para defenderse.

En muchos episodios de violencia actuales entre parejas jóvenes en los que poco tiene que ver el machismo, la mujer podría defenderse de una agresión puntual en un momento dado si tuviera armas para hacerlo.

En los mismos institutos podemos prepararlas con una serie de tácticas explicadas por profesionales —en las FFCCSS hay muchos— para compensar la diferencia física con una serie de golpes rápidos que eviten el cuerpo a cuerpo y que den una distancia de seguridad suficiente para buscar una vía de huída que quizá les salve la vida.

Llegado ese momento, la ideología de género no lo hará.

Fomentando el uso de técnicas de defensa personal estaremos dándoles algo que sí que les puede servir en la vida real a la que nos enfrentamos a diario y que poco tiene que ver con ese constructo ideal pero irreal que venden los políticos.

Repito: una mujer a punto de enfrentarse al minuto más fatídico de su vida necesita armas, no ideología de género.

No todo es violencia de género

Empezábamos este artículo criticando el exceso de victimización.

No podemos convertirlo todo en violencia de género; a los políticos les interesa, —es una pose de “hacer como que luchan” que les otorga aplausos mediáticos— pero a las mujeres las debilita.

No nos estaremos tomando en serio este tema mientras en las tertulias se esté debatiendo por supuestas feministas que los piropos son violencia de género.

Por otra parte las mujeres deberían empezar a levantar la voz cada vez que un Macho Alfa pretenda legislar sus vidas.

No dejarse utilizar por nadie.

El éxito de su lucha es un proceso histórico de generaciones de mujeres que llevaba muy buen camino, no de leyes estrella hechas básicamente por hombres.

Las mujeres debieron de ser las primeras en ponerse en pie de guerra contra cosas como la Ley de Paridad, la ley más machista de toda la democracia, que las incorpora en los puestos con calzador no por méritos, lo cual implica asumir de facto una inferioridad que nunca debieron aceptar.

Detectar las premisas reales del problema

Como dije anteriormente las mujeres no son superiores ni inferiores a los hombres, simplemente distintos.

Es imposible evitar todas las muertes, pero si logramos detectar las premisas reales del problema, despolitizarlo y profesionalizarlo, estaremos más cerca de las soluciones.

Es difícil actuar sobre una verdadera víctima de machismo, la que sufre a diario la violencia de alguien que se creé superior.

Este tipo de víctimas casi nunca se atreven a denunciar por lo que los efectos de esta ley no suponen nada para ellas.

Será la propia sociedad y el cambio de valores el que mitigue ese problema como ya está sucediendo, no una ley estrella.

Pero las otras muertes, las que provienen de la violencia doméstica, de los episodios puntuales donde se impone el más fuerte, pueden tener una mejor prevención si intentamos solucionar el problema en vez de intentar sacar rédito de él.

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