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Ya no vale hacerse el sueco

Ya no vale hacerse el sueco
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Javier Jové

Javier Jové

JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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 Todavía se oye a algún despistado hablar con envidia del modelo social nórdico, del Estado de Bienestar sueco, de cómo por aquellas latitudes han sido capaces de de maridar el modelo socialdemócrata con tasas elevadas de crecimiento. Aun hay quien habla con embeleso del modelo sueco, modelo que conjuga elevados niveles de subsidios públicos, altos impuestos, intervencionismo estatista y crecimiento económico. Lo que pasa es que quienes así hablan se han quedado trasnochados, anclados en los años 80 del siglo pasado, pues ese modelo idílico ya no existe, ese modelo sucumbió por completo víctima de sus contradicciones, del peso insoportable de su gasto público y su desincentivo al trabajo. Ahora en esos países existe un modelo avanzado y liberal que dejaría pasmado a la izquierda española por sus prácticas liberales basadas en la participación del ciudadano a través de la libre elección. Porque todas esas frases grandilocuentes que se emplean para referirse a la necesaria participación de los padres, de los alumnos y de los usuarios en el diseño de los servicios públicos, sólo se lo logra con la libre elección por parte los usuarios del proveedor que los presta. Esa es la verdadera fórmula de participación ciudadana. Como de verdad los ciudadanos manifiestan su satisfacción con los servicios públicos es a través de la libre elección del prestador del servicio público, pues aquellos que sean del agrado de los ciudadanos tendrán más demanda que los que no lo sean y por ende, triunfarán.

   De ser conocidas en España algunas de las medidas puestas en marcha en Suecia en las dos últimas décadas, serían calificadas como intolerables, inaceptables y tachadas de ultraliberales, de utopía del capitalismo. Plantear en España las alternativas existentes a día de hoy en suecia llevaría a la repulsa y a la condena más furibunda de la izquierda y -no nos engañemos- de gran parte de la derecha. Sin embargo, la experiencia sueca nos demuestra que dichas alternativas son factibles y que aun es posible ganar la batalla contra el intervencionismo, que hay algo más allá del socialismo, que son posibles nuevas cotas de libertad.

   Una de las cuestiones más destacables es que los inicios, los primeros pasos de la transformación del sistema sueco, fueron abordados por un Gobierno Socialdemócrata, por lo que hay que pensar -como ya avanzó Von Mises- en la naturaleza transversal de las políticas para la libertad, que desde postulados de izquierda, también se puede defender la libertad del contribuyente, que la izquierda española ha de rebasar sus líneas rojas y romper con sus dogmas para avanzar y modernizarse.

   Pues bien, todas estas materias son las que aborda Mauricio Rojas en su libro “Reinventar el Estado del Bienestar. La Experiencia Sueca”. En este libro, de fácil y rápida lectura (147 páginas) nos relata la transformación del modelo social sueco, de cómo ha transitado de la planificación estatista, del Estado Benefactor, al Capitalismo del Bienestar, presidido por el principio de soberanía del consumidor. En el libro nos cuenta cómo el llamado modelo sueco se desmoronó tras ahogar al sector privado y asfixiar a impuestos a los suecos.  Tras esa experiencia traumática, los suecos han ido abriendo su economía y su Estado de Bienestar, rompiendo los monopolios y permitiendo el establecimiento de operadores privados, creando el que ha sido llamado Capitalismo del Bienestar. Es un modelo basado en el sistema de vales, por el que el contribuyente dispone de la posibilidad de escoger entre el prestador del servicio público -ya se trate de sanidad, educación, cuidado de hijos o ancianos- entre operadores públicos y privados. Pero que además, permite la libre entrada de cualquier operador, pues basta el cumplimiento de una serie de requisitos objetivos para que cualquiera pueda establecerse, sin limitaciones en cuanto al número o naturaleza de los operadores, conviviendo entidades privadas -con y sin ánimo de lucro- con otras de carácter público. Unas veces se trata de operadores locales pequeños, otras, grandes corporaciones de servicios. Todas operando en sana y libre competencia.

   El primer sector en ser liberalizado fue el educativo, la educación básica. Fue a través del vale educativo, por el que los padres pueden elegir libremente el centro escolar para sus hijos. Pero no sólo eso, fijó la libertad de establecimiento de centros privados financiados por el vale educativo, aplicando los mismos criterios que se usan para la asignación de recursos a las escuelas públicas. Es decir, la asignación económica por alumno es el mismo para las escuelas de titularidad pública que para las privadas, pero eso sí, sin posibilidad de cobrar ningún plus adicional. Ello ha posibilitado pingües beneficios para los operadores privados, quienes a través de la creatividad y procedimientos propios del dinámico mundo empresarial, han obtenido niveles de eficiencia muy superiores al de las instituciones públicas, todo ello compatibilizado con grados de satisfacción de los usuarios muy elevados, lo que les ha llevado a ser la opción preferida por los suecos. En este sentido, baste recordar que en España el coste unitario por alumno es el doble en la escuela pública que en la concertada, por lo que imagínense el margen de ganancia y mejora de los servicios que la implantación de este sistema tendría para los colegios privados o concertados y para las familias.

   El siguiente sector transformado ha sido el de la sanidad, logrado mediante la implantación del vale sanitario. Gracias a él, los suecos pueden elegir libremente centro ambulatorio, sin restricciones, pudiendo cambiarlo a lo largo del año. Los centros cobran una cantidad igual, sean públicos o privados, por cada cartilla y en función del perfil del usuario, pero con la condición de no poder rechazar a ningún solicitante. De igual manera, pueden escoger el centro de urgencias, quienes cobran de un fondo común por acto médico.

  Pero la apertura del modelo de cheque sueco no queda aquí, se extiende de igual manera al sistema de guarderías y a la atención a los ancianos, la educación para adultos, la enseñanza de idiomas para inmigrantes, terapia familiar, consejería familiar o la atención a discapacitados ¡Qué pasada!   Para otro día dejaremos el estudio del modelo sueco de pensiones. Les garantizo que no les dejará indiferentes.

  Así que ya saben, cuando alguien les hable del modelo del Estado del Bienestar sueco, no se hagan el sueco. Ahora pueden rebatirles.

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