Yo también quiero ser sueco

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Ser sueco
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Javier Jové

Javier Jové

JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector de las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias; ha sido Presidente y Secretario de AMAT en Asturias y Coordinador del Observatorio de DENAES en Oviedo. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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En el primero de mis artículos traté del modelo de bienestar sueco, de cómo a partir de los años 90 Suecia se vio impelida a abordar una profunda reforma de su sistema de bienestar. Y es que, después de varias décadas de políticas intervencionistas y estatistas, la economía sueca colapsó.

  El artículo en cuestión se titulaba “ya no vale hacerse el sueco” y en él recogimos las ideas plasmadas por Mauricio Rojas en su libro “Reinventar el Estado del Bienestar. La experiencia sueca”. Vimos en aquella ocasión cómo poco a poco se ha ido abriendo camino en Suecia la idea de soberanía del ciudadano, mediante la apertura de sectores del bienestar a operadores privados en igualdad de condiciones a los estatales y dejando libertad de elección al usuario. Fruto de esa libertad de establecimiento y de elección ciudadana, los suecos han ido relegando a los operadores públicos para decantarse, decidida y mayoritariamente, por los operadores privados.

 Gracias a esta apertura, Suecia ha avanzado realmente hacia una democratización del Estado de Bienestar, pues no se puede denominar de otra manera a un sistema en el que es el ciudadano el que elige por y para sí, en vez de que elijan los políticos por nosotros. La entrada de operadores privados en la prestación de servicios sociales ha dado pie al conocido como capitalismo del bienestar, mecanismo que permite el disfrute de prestaciones sociales con criterios de eficiencia y calidad propios del mundo de la empresa.

  En ese primer artículo me comprometí a elaborar un segundo sobre la transformación del modelo sueco respecto de su sistema de pensiones. Cuestión que está de candente actualidad en España por la inminente aprobación del recorte ,que no reforma, del modelo español de pensiones estatales.

El anterior modelo sueco, el que fracasó, era un sistema muy similar al actual sistema español, un modelo de reparto basado en los últimos 15 años cotizados. Sin embargo, cuando los suecos constataron el fracaso del modelo, en vez de recortarlo como en España, aumentando los años de cómputo, optaron por una alternativa mucho más ambiciosa y valiente: transformar totalmente el sistema, yendo a un modelo de capitalización mixto. De este modo, los suecos se aseguraron que su sistema estatal de pensiones fuera realmente sostenible en el tiempo, que durara para siempre. No como en España, que lo que se va a hacer es pegarle un tijeretazo para dentro de 15 años tenerle que pegar otro, por que lo que falla no son los detalles o letra pequeña del modelo, sino el modelo entero. Ningún sistema de reparto es sostenible sin la entrada constante, y en mayor número, de nuevos cotizantes sobre los que se van jubilando. Porque es un sistema piramidal que colapsa en cuanto se ralentiza el flujo de entrada de nuevos paganinis.

 La primera decisión de los suecos fue dar independencia económica a su sistema estatal de pensiones, de manera que tuviese una financiación autónoma y diferenciada del resto, no pudiendo destinarse las cotizaciones a ninguna otra finalidad que no sea el pago de pensiones contributivas, ni nutrirse de fondos distintos que las cotizaciones que para tal fin hacen los contribuyentes.

   El siguiente paso fue estructurar el modelo de pensiones en dos bloques complementarios: uno, individual y de capitalización y el segundo, colectivo, pero también muy ligado a la capitalización.

 Los suecos han fijado un tipo de cotización para la pensión de jubilación del 18,5 por ciento del salario bruto. El cual se desglosa en dos partes: 2,5 puntos van al fondo individual de pensiones y los otros 16 al colectivo. Ese fondo individual de pensiones es de propiedad y titularidad del trabajador, quien libremente decide dónde invertirlo entre más de 700 alternativas financieras autorizadas y supervisadas por la Administración, pudiendo moverlos de uno a otro con total libertad. Es decir, sobre un 13,5 por ciento de las aportaciones, el contribuyente tiene plena libertad para elegir el fondo de pensiones en el que los quiere invertir, cuya rentabilidad depende al cien por cien del comportamiento y evolución del fondo o fondos elegidos. Se trata de un sistema de previsión individual obligatorio, pero basado en la libertad de elección, en la soberanía del ciudadano.

  La segunda parte, equivalente al 86,5 por ciento de las aportaciones efectuadas por el futuro pensionista, van destinados a un fondo colectivo pero –como veremos- basado en principios de capitalización.

 Como ya avanzamos antes, la característica de partida del modelo es que el sistema de pensiones es independiente del resto de ingresos y gastos de la Seguridad Social. Los ingresos efectuados por los trabajadores al sistema de pensiones van destinados exclusivamente a dicho fin y sólo se nutren de las aportaciones de los futuros beneficiarios. Es decir, el resto de subsidios y prestaciones de la Seguridad Social tienen sus propias fuentes de ingresos separadas e independientes del de las pensiones, bien a través de otras cotizaciones o mediante financiación vía impuestos. De igual manera, en caso de déficit del sistema, éste no puede recibir o compensarse mediante medios presupuestarios extras, aportaciones fiscales, ni mediante el aumento de las cotizaciones. El sistema parte de la prohibición del expolio intergeneracional, de que no se puede cargar a generaciones futuras con las cargas de las generaciones pasadas o presentes. Se trata de que cada generación mantenga su vela. Por ello, el sistema no puede permitirse desviaciones y para ello cuenta con mecanismos correctores automáticos, de frenos basados en un coeficiente de equilibrio que lo que hacen es reajustar las pensiones a percibir a los ingresos disponibles. Es decir, si se detecta que el sistema entra en déficit, cuentan con mecanismos de reajuste automático que evitan que entre en juego la demagogia y la lucha partidista en un tema de tanta sensibilidad para el electorado, especialmente voluble y manipulable ante los planteamientos populistas e irresponsables a los que tan acostumbrados nos tienen los políticos ,especialmente en España.

   La cuantía de la pensión de esta porción de las  cotizaciones -que recordemos, es el fondo colectivo- se basa en las aportaciones realizadas durante toda la vida laboral. Esas cotizaciones realizadas a lo largo de toda la vida, llegado el momento de la jubilación, son actualizadas mediante las correspondientes fórmulas y se dividen entre el número de años restantes de expectativa promedio de vida, resultando –tras la aplicación de los tipos de interés sobre la capitalización teórica- la cuantía de la pensión a recibir, a la que obviamente se suman los rendimientos obtenidos de la parte de las cotizaciones que iban destinadas al fondo individual que explicamos en primer lugar.

  Es decir, si me jubilo a los 65 años, se coge, se calcula el monto total de las cotizaciones realizadas a los largo de toda mi vida y, como en España la longevidad media del varón está en los 78 años, se divide entre 13, los años que me quedarían de vida. Si por el contrario, decido seguir trabajando hasta los 67 años, se suman todas mis aportaciones –incluidos la de esos 2 años extra- y se divide entre 11. Lo cual hace que, al ser mayores las aportaciones realizadas y dividirse entre un menor número de años, por cada año de más trabajado la pensión a percibir aumenta en alrededor de un 7,7 por ciento.

  Con este modelo, la edad mínima –que no máxima- de jubilación en Suecia es de 61 años. A partir de ahí, cada uno puede hacer sus cálculos y decidir hasta cuándo quiere seguir trabajando, teniendo en cuenta cada año que trabaja de más tiene un impacto directo e importante en el importe de la pensión.

En resumen, ésta sí que es una auténtica reforma de las pensiones, no un simple recorte, que es la opción que se está barajando para España. Un modelo mixto que combina productos financieros modernos de corte individual con un sistema de aportación colectivo pero de capitalización individual, que garantiza su independencia respecto del resto de fondos y gastos estatales, con unos automatismos de corrección que la blindan del marrulleo político y que incentiva decididamente la prolongación de la vida laboral.

Yo también quiero ser sueco y ¿ustedes?

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