El moralismo económico

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(…) Podríamos relacionar con este afán patriótico el escepticismo sobre el Tratado Internacional de Comercio e Inversiones (TTIP) que, aunque se aparente lo contrario, comparten tanto los fascistas como los comunistas, que en realidad son muy semejantes. Ya podrán decir unos que piensan en las personas y otros pues que piensan en la Nación, cuando lo único que les hace objetar de cualquier tratado de libre comercio es que su afán estatista se ve contrarrestado. Así pues, a pesar de que se haya impuesto desde arriba (desde abajo, es decir, por parte de las unidades territoriales más pequeñas, hubiere sido muy complicado, por lo menos, en la Europa más meridional) y de que haya una considerable apuesta por las patentes, el acuerdo no supone sino un gran paso en la buena dirección ya que, a fin de cuentas, es un avance, una apuesta por el libre comercio. La Historia nos explica que han sido sistemas político-económicos basados en los principios que inspiran a estos extremistas los que han aislado económicamente a los territorios (autarquías, levantamiento de muros, …). (…)