Gobierno de perdedores, un fenómeno insólito

Por primera vez, tras la declinación de Mariano Rajoy como candidato a Presidente del Gobierno, podría darse un fenómeno insólito en la democracia española sentando un precedente cuanto menos alarmante: que termine gobernando una coalición de partidos cuyo máximo exponente no ha alcanzado ni un tercio de los diputados existentes. ¿Alguien se imagina que la Liga de futbol la ganara el segundo anunciando que el tercero le ha cedido sus puntos?
Hay que decir, que culpa de este desaguisado histórico, en parte la tiene el mismo Partido Popular, previendo estas negociaciones rocambolescas que únicamente buscan apartar totalitariamente de las instituciones al centroderecha, tenían que haber reformado la Ley Electoral al principio de la Legislatura. Al Partido Popular le faltó previsión estratégica, una reforma electoral que primara los gobiernos de la lista más votada tendría que haber sido prioridad gubernamental. Y no hablamos de una modificación electoral bananera al más puro estilo del chavismo, sino de blindar la voluntad de los ciudadanos y permitir que gobierne la lista con el mayor número de apoyos. El Partido Popular debe realizar una reflexión profunda fruto de un Congreso abierto a todos los militantes que les devuelva a sus raíces y principios.
Ante este nuevo panorama, se abre un nuevo escenario, que gobierne España una coalición liderada por los socialistas, y apoyada por una serie de partidos de ultraizquierda encabezada por Podemos, partido del que recientemente hemos conocido que está financiado por regímenes como el Chavista y el Iraní, adalides de la democracia y la libertad. Pero con la ultraizquierda no sería suficiente, necesitarían del apoyo de los nacionalistas vascos o catalanes, es decir, de los partidos que apuestan por resquebrajar España.
Pedro Sanchez, ha reiterado por activa y por pasiva su negación a sentarse a dialogar con Mariano Rajoy, a pesar de conocer que el líder del Partido Popular estaba dispuesto a renunciar a varias de las Leyes más polémicas de su Legislatura. Quiere ser Presidente si o si, cueste lo que cueste, y para ello es capaz de rebelarse a las bases de su partido, los barones territoriales y el sentido común, primando su interés personal al Bien Común de los españoles.
Se equivoca al pensar que pasará a la historia con una visión tan cortoplacista, pasará a la historia sí, pero como el presidente más efímero de la democracia, porque un gobierno tan inestable tiene todas las papeletas de durar menos que el reinado de Luis I, primogénito de Felipe V, que sería apodado «El Breve» por un reinado de apenas siete meses.
Miguel Ángel López es analista político
Twitter: @malopezlozano
Artículo publicado en la Revista La Nación, Órgano oficial del Partido Acción Nacional