Editorial por Patricia Malagón, socia de El Club de los Viernes
De Pedro a Pedro
Los juglares medievales compusieron romances y crónicas sobre la victoria de Enrique de Trastámara sobre Pedro I de Castilla. Y es que, el buen Pedro, apodado posteriormente “el cruel”, fue abandonado por casi todos los grandes nobles castellanos, privándole así de la legitimidad, condición indispensable para tener poder.
Salvando las distancias, Pedro perdió el trono en batalla y tras ser asesinado, la historia vuelve a repetirse. En el reino socialista de Ferraz, Pedro I del PSOE, sin apodo todavía, ha sido abandonado por casi todos los barones quitándole así la legitimidad. Una conspiración en toda regla que tiene como finalidad dejar a Pedro Sánchez como el líder socialista que llevó al partido no solo a sus peores resultados electorales, sino también a la ruptura.
Pedro I perdió enfrentándose a sus enemigos cara a cara; Pedro Sánchez perdió siendo despojado y deslegitimado, sin apoyo y por la puerta de atrás. Pedro I pudo elegir entre luchar y morir o huir y vivir. Pedro del PSOE no tuvo elección tras el esperpento del sábado, que bien podría haber sido una escena escrita por Valle-Inclán, un sainete más propio de una película de humor, un retrato de lo que es hoy la política española, es decir, una vergüenza.
En el otro bando, en el del buen Enrique, el primero de los Trastámara, se encuentran los grandes pesos del socialismo, véase: Susana Díaz, quien bien podría encarnar a Enrique, Felipe González, García-Page, Fernández Vara, y otros tantos que se unieron a la conspiración para destronar a Pedro.
El buen Enrique era hermanastro de Pedro, pero se enfrentó a él tras ver como su hermano traicionó a los nobles; como Pedro hizo con Felipe al prometerle una abstención en segunda votación. Y entonces Enrique y Felipe se sublevaron, el primero reuniendo a un ejército encabezado por las Compañías Blancas y el segundo con una entrevista en la Cadena Ser que hizo tambalear los cimientos de Ferraz.
Pero como toda conspiración, ni de lejos ha sido algo improvisado, ni lo fue en la Edad Media ni lo es ahora. Los barones esperaron al 25S, aguardando un nuevo descalabro, como hizo Enrique, él esperó a tener el sí de Francia y Aragón. Una vez cumplido esto, llegó el siguiente paso: acorralar a Pedro, que igual se queda con el apodo de ‘el destructor’. Una tormenta perfecta con la que los barones, y la baronesa Susana Díaz, consiguieron su objetivo. Ahora el PSOE queda a manos de una gestora, algo así como un regente de antaño, pero el bando de Enrique ha ganado y con él, y con Susana, empieza una nueva dinastía.