Editorial por Diego Barceló, socio fundador de El Club de los Viernes
Historias verdaderas
En una cena, el Tesorero del Club, Pablo Portilla, dijo, palabra más o menos: “cuando en una reunión social alguien dice alguno de los ‘dogmas’ socialdemócratas, antes me quedaba callado; ahora no me callo más y doy una respuesta liberal cada vez que se presenta la ocasión”.
Me pareció una idea genial y la puse en práctica. ¿Qué paso desde entonces? En resumidas cuentas:
- Defendí que la plena libertad de horarios comerciales era lo más justo; dije que intentar defender al pequeño comercio cerrando los centros comerciales los domingos es ridículo teniendo en cuenta que podemos comprar las 24 hs por Internet;
- En un almuerzo, desmentí la idea de que la tecnología nos iba a dejar sin trabajo y dije que el alto desempleo se debía a las excesivas trabas, regulaciones e impuestos que hay;
- Expliqué que combatir la “desigualdad” es un error y que lo verdaderamente importante es combatir la pobreza;
- Aclaré que la fiscalidad de las SICAVs es similar a la de los planes de pensiones y fondos de inversión, por lo que no era un privilegio de los “ricos”;
- Le dije a un funcionario del Ministerio de Fomento que yo pensaba que lo más adecuado sería que todas las autopistas fuesen de peaje y que se bajaran los impuestos en una cifra equivalente a lo que hoy gasta el Estado en mantenerlas.
Tal vez fue suerte, pero en ningún caso me encontré a alguien que me hiciera frente. Lo que más encontré fueron caras de sorpresa y gestos como diciendo “¡coño, tiene razón!”. Incluso hubo alguno que, sintiéndose respaldado, se soltó y empezó a rajar contra los liberados sindicales.
No se trata, evidentemente, de pasar a ser los pesados de las fiestas. En cada ocasión, tuve la prudencia de escoger un único punto para rebatir porque no se pueden dar todas las batallas a la vez. Una vez elegido el punto, machaqué una y otra vez sobre el mismo, para que quedara claro. También me mordí la lengua en algún caso para que la discusión no se desbordara ni acabar dando la imagen de “fundamentalista liberal”. Nunca salí de la corrección y siempre procuré empezar “suave”, diciendo “te entiendo”, “tienes razón en esto, pero …”, “sé que lo que dices es lo habitual, pero …”, “tal vez haya otra forma de enfocar ese tema”, etc.
Que nadie espere una súbita conversión al liberalismo de nuestros interlocutores. Más bien, se trata de “plantar semillas liberales” en todos los sitios posibles. Necesitamos tiempo para que florezcan. Si tenemos en cuenta que esos mismos interlocutores mañana volverán a leer El País y a ver La Sexta, es muy probable que haya que plantar la misma semilla más de una vez.
Cada día que pasa El Club de los Viernes es más grande. Cada día que pasa somos más los que podemos empezar a “plantar semillas liberales”. Vamos a ello. Hagamos como Pablo y no nos quedemos callados nunca más.