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Pretextos progresistas para el expolio fiscal

Pretextos progresistas para el expolio fiscal
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Carlos López Díaz

Carlos López Díaz

Nacido en 1967 en Barcelona y residente en Tarragona. Autor de Contra la izquierda (Unión Editorial, 2012) y del blog de opinión liberal-conservadora Cero en progresismo. Utiliza el alias Exprogre en redes sociales.
Carlos López Díaz

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El expolio fiscal es por nuestro bien

Cuando el Estado nos mete la mano en el bolsillo, siempre es por nuestro bien.

O eso nos dicen.

Que nos lo creamos más o menos, acaba marcando la diferencia crucial entre una sociedad de súbditos y otra donde funcionan las limitaciones al poder político.

A continuación comentaremos algunas justificaciones “progresistas”, esgrimidas por los gobiernos y los medios de comunicación, para mantener impuestos elevados o introducir otros nuevos.

La redistribución de la riqueza

Una justificación clásica es la matraca de “la redistribución de la riqueza”.

Lo estamos viendo estos días con las reacciones periodísticas ante la reforma fiscal de Donald Trump (TCJA, Tax Cuts and Jobs Act) que pretende reducir los impuestos en 1,5 billones de dólares en dos años, el mayor recorte en tres décadas.

Por lo general, los medios de comunicación la han calificado como un regalo de Navidad para “los más ricos”.

Ciertamente, la reducción del impuesto de sociedades del 35 al 20 % es una excelente noticia para las grandes empresas; pero no menos para las medianas y las pequeñas.

Además, la TCJA baja también el impuesto sobre la renta y eleva considerablemente el nivel de ingresos exentos de tributación.

Incluso aunque fuese verdad que los únicos beneficiarios directos fueran los individuos adinerados, ello seguiría siendo una buena noticia para todos.

Porque la mejor forma de redistribuir la riqueza es que haya gente que disponga de más dinero para gastarlo en crear empleo productivo, en donaciones y en su propio consumo, del cual se benefician infinidad de medianos y pequeños negocios.

Sin embargo, los medios de comunicación, en su mayoría copados por progresistas, se esfuerzan en convencernos de que el dinero lo gestionan mejor políticos y burócratas que los propios ciudadanos.

Y para ello tratan de cortar de raíz cualquier amago de ilusión de la gente por ver aligerada la presión fiscal que padecen, como si eso fuera algo temible o inmoral.

El ecologismo

Otro gran pretexto en alza para acribillarnos a impuestos es el ecologismo, especialmente mediante su tema estrella, el cambio climático.

Recientemente el gobierno español ha presentado un recurso de inconstitucionalidad contra La Ley de Cambio Climático del anterior gobierno catalán.

Una de las medidas impugnadas era un impuesto sobre las emisiones de CO2 de los coches.

Ya se pueden imaginar las reacciones.

La Vanguardia del 22 de diciembre titulaba: “Un recurso al TC impide a la Generalitat combatir el cambio climático.

En el cuerpo de la noticia sólo mostraba opiniones del gobierno autonómico y de vividores del catastrofismo ecologista: la directora de no sé qué Instituto de Desarrollo Sostenible y el presidente del Obrador del Tercer Sector Ambiental de Cataluña.

Salvar el planeta” se ha convertido en la coartada perfecta de las administraciones para endulzarnos la existencia con toda clase de nuevas tasas y normativas.

Con tal objeto resulta imprescindible que cuestionar la teoría antropogénica del cambio climático no sea visto como un sano ejercicio de libertad de pensamiento, sino como poco menos que un crimen de lesa humanidad.

La ideología de género

Por último, no podemos dejar de hacer un rápido comentario acerca de la ideología de género, sobre la cual hay montada una verdadera “industria mundial del género” (Alicia Rubio, Cuando os prohibieron ser mujeres… y os persiguieron por ser hombres) que se financia principalmente con dinero de los contribuyentes.

El gobierno central y los autonómicos han firmado un “Pacto contra la Violencia de Género” que nos costará 1.000 millones de euros en los próximos cinco años, con un adelanto exprés de 200 millones.

Buena parte de este dinero irá a parar a una intrincada maraña de asociaciones feministas dedicadas a señalar con celo chekista supuestas discriminaciones, cuya efectividad en reducir las agresiones a mujeres es comparable a la que tenían las cazas de brujas en erradicar las epidemias.

La media de asesinatos de mujeres por violencia de pareja durante los años de gobierno de ese presunto monstruo de los recortes llamado Rajoy (52) ha sido inferior que en la etapa de Zapatero (64, contando desde la aplicación de la Ley de Violencia de Género), en la que se alcanzaron cifras de hasta 76 víctimas mortales (Año 2008).

Todo indica que el efecto del gasto público en tan negras estadísticas (http://estadisticasviolenciagenero.msssi.gob.es/) es indetectable.

Lo cual es lógico en crímenes que no tienen entre sí ninguna relación ideológica ni mucho menos organizativa.

No obstante, los intereses de políticos y activistas favorecen que cada nueva tragedia sea explotada emocionalmente como si se tratara de un atentado terrorista, de tal modo que el mero hecho de atreverse a cuestionar la doctrina de la opresión estructural de la mujer le haga a uno sospechoso de complicidad intelectual con el crimen.

Así es como la justicia social, la protección del medio ambiente o la “igualdad de género” se convierten en falaces pretextos para el expolio fiscal y la creciente invasión estatal de nuestras vidas.

3 Comentarios

  1. José Luis Samper 1 semana hace

    Añadir que es necesario revisar cómo se lleva a cabo el gasto público, pues sería muy fácil comprobar el poco cuidado que las administraciones tienen para gastar el dinero que entra en la caja de todos, aunque ellos lo usan como si fueran particulares. Y no hablo de la corrupción, el robo del dinero público, sino de plantillas muchas veces sobre dimensionadas, poco rendimiento en el trabajo, uso descuidado de materiales y pequeños hurtos, y un largo etc.

  2. Antonio 1 semana hace

    Buenísimo el articulo. No lo había visto nunca tan claro.
    Gracias por compartirlo.

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  1. […] Artículo publicado en El Club de los Viernes. […]

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