¿A qué juega Cáritas? Existe otra Cáritas

¿A qué juega Cáritas? Existe otra Cáritas
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Javier Jové

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JAVIER JOVÉ SANDOVAL (Valladolid, 1971) Licenciado en Derecho, Máster en Asesoría Jurídica de Empresas por el Instituto de Empresa y PDG por la Universidad Oberta de Cataluña, desde el año 2.000 desarrolla su carrera profesional en el sector socio sanitario. Es Socio Fundador del Club de los Viernes y miembro de la Junta Directiva del Círculo de Empresarios, Directivos y Profesionales de Asturias. Actualmente escribe en El Comercio y colabora habitualmente en Onda Cero Asturias y Gestiona Radio Asturias.
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[PUBLICADO EN EL COMERCIO]

Cáritas deber ser una de las instituciones más respetadas y mejor valoradas por los españoles. Su labor y la de sus miles de voluntarios es digna de admiración y ha sido la organización que más ha hecho para atender las necesidades más acuciantes en los momentos más duros de esta última crisis. Millones de españoles así lo entendimos y por ello les confiamos nuestros donativos, con la confianza de que harían el mejor uso de los mismos.

Sin embargo, existe otra Cáritas, liderada por Fundación FOESSA, que no contenta con su misión originaria de atender a los más necesitados, está dotándola de un armazón ideológico y político que excede los fines caritativos con los que la organización católica nació.

Es una Cáritas que, lejos de limitarse a ayudar a los pobres a través del fomento de la caridad cristiana, es decir, voluntaria, busca la transformación de la sociedad a la sombra de la acción coercitiva del Estado y de los mecanismos de dominación del poder político.

Este abandono de su naturaleza meramente asistencial por una vocación “transformadora” de la sociedad ha llevado a Cáritas a escorarse, hasta interiorizar y hacer propio el relato de la crisis, pero sobre todo, de las “soluciones” elaboradas por Podemos.

Así, una organización caritativa católica se ha vuelto en uno de los más firmes apoyos y publicistas del proyecto político de una formación comunista, ignorando que, de llegar al poder, los primeros damnificados y perseguidos serán las manifestaciones religiosas públicas, el culto y la integridad física de sus propios fieles; por no hablar del resto de la sociedad, que vería no ya sólo amenazas sus libertades civiles sino también el bienestar material que la propia Cáritas trata de paliar.

Cáritas apuesta claramente por las políticas redistribucionistas, en repartir la riqueza existente, en vez de en las políticas que la generan.  Una redistribución forzosa, sirviéndose de la coerción del Estado, en vez de en un reparto voluntario fruto de la caridad cristiana.

Los mensajes y la dialéctica de Cáritas están totalmente trufados de expresiones y conceptos propios de Podemos: renta básica, causas injustas, empleo digno, salario justo, economía social y solidaria, etcétera. Todos conceptos sumamente embriagadores y de efectos sedantes, pero de resultados letales para la libertad de las personas y la prosperidad de las sociedades.

Todo este cúmulo de propuestas populistas están recogidas en el documento  “Propuestas ante las elecciones generales” y cuyo decálogo podría ser suscrito íntegramente por las formaciones comunistas de la coalición Unidos Podemos. Unas propuestas que pretenden orientar el voto hacia alternativas políticas concretas, que no ya sólo pondrían en peligro la práctica pública de la fe católica, sino que además y de manera reiterada han demostrado conducir a la pobreza, el desabastecimiento, la restricción de libertades civiles y, en definitiva, todo aquello por lo que supuestamente trabajan Cáritas y sus miles de voluntarios

En Cáritas están más preocupados por las desigualdades que por la pobreza. No alcanzan a comprender que el salto exponencial en calidad de vida experimentado por la humanidad en los últimos 200 años no se logró a través del reparto de la riqueza, sino gracias a la multiplicación de la misma por obra y gracia del malvado capitalismo.

Apelar a la envidia como motor de cambio, en vez de al esfuerzo, el sacrificio y la generosidad, no ayudarán a construir una sociedad mejor, ni más justa, sino vengativa, revanchista y destructiva.

No vamos a pretender que Cáritas adopte las ideas del liberalismo, ni que se haga el paladín del capitalismo, ni del libre mercado, pero sí que nuevamente retorne a sus principios fundacionales y centre su actividad en la atención a los más necesitados, apelando a los buenos sentimientos y a la conciencia de los más favorecidos y no a agitar la cizaña entre los menos afortunados.

La labor de Cáritas es extraordinaria, no la estropeemos por una politización equivocada. Estaría bueno que con nuestras aportaciones, donaciones y la “X” a favor de la Iglesia en la declaración de la renta, estuviéramos contribuyendo a la llegada al poder de quienes abiertamente se declaran nuestros enemigos.

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